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 La santa Hermandad

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Don Alvar García



Cantidad de envíos : 462
Edad : 37
Localización : Reino de Aragón
Fecha de inscripción : 24/02/2008

MensajeTema: La santa Hermandad   Jue Jun 26, 2008 7:36 pm

En Aragón:

(Hist. Mod.) La Santa Hermandad aragonesa fue creada el año 1487. La iniciativa para su formación partió de la ciudad de Huesca, si bien la monarquía estaba interesada en su establecimiento en el reino a la vista de los éxitos obtenidos en Castilla, donde surgió en 1476.

La comarca oscense era una de las más afectadas por la delincuencia y, ante la imposibilidad de pacificar el territorio con sus fuerzas, el prior de jurados de Huesca solicitó en 1486 de los jurados de Zaragoza que convocasen a las ciudades y villas del reino. El momento también resultaba propicio para Zaragoza, donde se habían producido graves alteraciones a consecuencia de los asesinatos del jurado segundo Martín de Pertusa, a instancias del gobernador, y del inquisidor general Pedro de Arbués en 1485.

En un intento de poner remedio a la inseguridad en que vivía el reino, las principales universidades acordaron las ordinaciones de la Hermandad el 11-X-1486, firmando una unión que debía prolongarse por un período de tres años. La aprobación real en el mismo año llevó consigo la ampliación de la Hermandad por cinco años prorrogables con la aquiescencia de los integrantes cuantas veces fuera necesario. Los capítulos que en lo sucesivo iban a regir la organización judicial y de policía de la Hermandad se firmaron en 1487 por los jurados de Zaragoza, Huesca, Tarazona, Teruel, Borja, Barbastro, Daroca, Albarracín, Alcañiz, Monzón, Alagón, Alquézar, Ejea de los Caballeros, Tauste, Uncastillo, Almudébar, Aínsa Sos, Tamarite de Litera, Bolea Fraga, Sariñena, Magallón, Loarre y Sádaba con las comunidades de Calatayud, Teruel, Daroca y Albarracín.

La Santa Hermandad comenzó a actuar el 1-I-1488 y, prorrogada por cinco años en 1492, fue suprimida en las Cortes de Tarazona en 1495 por espacio de diez años. Transcurrido este período el rey ordenó, a fines de 1506 que se volviera a poner en funcionamiento; así, actuará desde el 17-XII-1506 hasta el 13-VIII-1510, en que será suprimida definitivamente por fuero aprobado en las Cortes de Monzón.

El objetivo de la Hermandad era mantener el orden público, por lo que se impuso la tarea de terminar con los robos, asesinatos y cualquier otro incidente que alterara la tranquilidad del reino. Atendía los delitos contra la moral, las blasfemias, insultos, sodomías, etc. Todos ellos eran casos de Hermandad, así como homicidios y delitos contra las personas y propiedades. Los capítulos que regían esta institución, dotada de jurisdicción y tribunal propio, determinaban los casos de su competencia, la forma de perseguir y detener a los malhechores, los procedimientos judiciales y la organización interna.

Al frente de la institución estaban un presidente elegido por el monarca, con poderes para revocarlo, y un juez mayor nombrado asimismo por el rey entre una terna presentada por el cabildo y consejo de Zaragoza. Jueces, oficiales, consejeros, procuradores y lugartenientes completaban la organización de la Hermandad. Para llevar a cabo sus fines, contó con una milicia armada que fue sostenida por los lugares de la confederación, y estaba formada por una tropa de 150 lanzas divididas en grupos de 50, al frente de cada uno de los cuales había un capitán nombrado por el rey.

La nobleza vio desde un principio mermados sus derechos y atribuciones y la oposición decidida a terminar con la Santa Hermandad estuvo encabezada por el conde de Aranda, D. Felipe de Castro, el gobernador y el Justicia de Aragón. Su presión resultó eficiente en 1495, año en que fue suspendida temporalmente.

• Bibliog.: Muñoz Casayús, P. A.: Las Hermandades en Aragón; Zaragoza, 1927. Redondo, G. y L. Orera: Fernando II y el reino de Aragón; Zaragoza, 1980. Colás, G. y J. A. Salas: «Movimientos sociales en Barbastro y su comarca a principios del siglo XVI», Estudios del Departamento de Historia Moderna, Zaragoza, 1979, pp. 131-208.
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Don Alvar García



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MensajeTema: Re: La santa Hermandad   Jue Jun 26, 2008 7:38 pm

En Castilla:

Hay que remontarse a los comienzos del siglo XII para encontrar los primeros antecedentes de la Santa Hermandad, concretamente en Asturias, en 1115 a iniciativa de sus diputaciones se constituye una Hermandad para la persecución de malhechores y, de paso, poner fin "a las depredaciones, abusos y tropelías de los próceres y magnates".

Los titulares de los distintos reinos, con el paso del tiempo, concedieron y aumentaron los fueros de estas Hermandades de carácter local, como recurso para aumentar su autoridad, al tiempo que restaban de esta forma poder y atribuciones a las Órdenes militares y a la nobleza.

Para mantener la unidad de criterios y doctrina, se celebró en Valladolid, en 1295, una Junta de Procuradores de las Hermandades del reino de León, acordándose en ella lo siguiente: el pago al rey de las contribuciones en la forma usual; si alcaldes, merinos y señores feudales quebrantaban los fueros, los "hermanos" se unirían para defenderse; si las sentencias no eran justas y los fueros de la Hermandad quedaban lesionados, se reservaba el derecho de querella contra aquellos ante el Consejo, que recurriría ante el rey para revocación y nueva sentencia, con pago de gastos del fondo de bienes propios; si algún infanzón, "rico home" o eclesiástico se apoderase violentamente de bienes ajenos, bien la Hermandad o el Concejo, se levantarían contra él "para derribar su casa y talar sus bosques"; cuando algún señor feudal matase sin motivo a un miembro de la Hermandad sujeto a fuero, todos los Concejos se levantarían contra él, destruyendo sus propiedades y quitándole la vida "allí donde lo encontraren"; igual pena recibiría el juez que, sin previo juicio, condenase excesivamente a cualquier persona que con "carta del Rey" aplicase la justicia en beneficio propio, o exigiere impuestos abusivos.

En las Cortes de Toro, el 1 de diciembre de 1369, aparece por primera vez el cargo de juez y después la formación del tribunal propio de la Santa Hermandad, reconocimiento real y oficial de un hecho ya consolidado, y consecuencia directa de la presencia en los juicios de los dos "homes bonos" elegidos por Fernando IV para la administración de la Justicia. Dichos jueces y tribunal sólo juzgarían y condenarían a los delincuentes capturados por los miembros de la Hermandad, relevando a los cuadrilleros o jefes militares, responsables hasta entonces de dicha función, una vez obtenida la confesión de culpabilidad.

Cargos tan tradicionales como los de merino, adelantado y pertiguero, se desempeñarían por personas que, aparte de su competencia y honestidad personal ya probada, tenían que depositar en la tesorería de la Hermandad veinte mil maravedís de fianza, "para responder de sus excesos".

Durante el reinado de Juan II, de dio un impulso a la Hermandad de Toledo con la regulación de la forma de nombramiento de los alguaciles mayores y los cuadrilleros escogidos entre los "homes bonos" de Toledo y la forma en que debían desarrollarse las juntas generales, compuestas por doce hombres de a caballo y veintisiete de a pie, cinco cuadrilleros y tres ballesteros por cuadrilla. Todo hombre de a caballo, especie de fortaleza animada, llevaba para su servicio un lancero y un ballestero. La Hermandad daba de sus propios fondos ciento veinte maravedís a cada hombre de a caballo y veinte sueldos a cada cuadrillero en concepto de plus o sobrepaga, pues el estipendio ordinario era por cuenta de los pueblos a los que se les prestaban los servicios. Las juntas generales tuvieron lugar anualmente en Toledo, el día de la Virgen de Agosto, previa reunión de sus junteros, tres días antes, en la posada de Valdelagua.

Son los Reyes Católicos los que crearon la Santa Hermandad Nueva, cuya existencia de 1476 a 1498, marcó el comienzo del Ejército Real que en los años siguientes asombró en los campos de Europa. Ésta constituyó un eficaz instrumento en manos de los Reyes Católicos contribuyendo al fortalecimiento de la autoridad real y al mantenimiento de la justicia y el orden público, llegando su poder hasta el último rincón del reino. No hay duda de que los Reyes Católicos, personajes con un espíritu mucho más elevado que sus antecesores, tuvieron una visión muy diferente y supieron ensamblar la acción policial con la militar, apoyarse decididamente en el pueblo, darles efectiva protección y reducir al mínimo las ambiciones y poder de la nobleza. Nuevos conceptos y nuevas ideas precursoras, a fin de cuentas, del Renacimiento a punto de hacer su entrada en la historia. Alonso de Quintanilla, contador mayor de cuentas del Reino, en quién los Reyes Católicos confiaron la reorganización de la Santa Hermandad, y como resultado de la junta general de la misma, celebrada el 15 de Enero de 1488, organizó levas cuya fuerza se elevó á diez mil infantes, y entre ellos se eligieron trescientos espingarderos y setecientos piqueros. Se dividió este cuerpo en doce capitanías. Al propio tiempo, y a solicitud de D. Fernando y Doña Isabel, el 15 de octubre, la Hermandad de Vizcaya organizó otra fuerza compuesta de dos mil quinientos peones "encorazados", con armaduras de cabeza, con lanza y espada; y de dos mil quinientos ballesteros con sus aparejos, espada y puñal.

No dependía este ejército enteramente del gobierno, debido a sus fueros, pero nada tenia que ver con los prelados, ni con la gran nobleza, dotando a los Reyes de una superioridad decidida sobre las clases privilegiadas. Cada compañía constaba de setecientos veinte lanceros, ochenta espingarderos, veinte y cuatro cuadrilleros, ocho atambores, y un abanderado, contando cada compañía con 833 plazas. Había además un capitán general, un alcaide , un contador y un tesorero que junto con las plazas de las 12 compañías constituían las 10.000 plazas aprobadas. Los cuadrilleros, cabos de escuadra, tenían á su cargo, como subalternos de los capitanes, la instrucción, policía y disciplina , tanto en los aposentos y campos como en las marchas y orden de combate.

Las capitanías, tan pronto obraban aisladamente, tan pronto en combinación unas con otras. En este último caso, á la reunión de cierto número de ellas colocadas en línea al mando de un caudillo, se le daba el nombre de batalla, la cual se componía á veces de infantería solamente, y otras de caballería, si bien entraban por lo regular en su constitución tropas de ambas armas.

El traje de los soldados de la Hermandad era muy sencillo. Consistía en calzas de paño encarnado, en un sayo de lana blanca con manga ancha, y una cruz roja en el pecho y espalda; cubrían la cabeza con un casco de hierro batido, pero ligero, y su armamento se reducía a la lanza y a la espada pendiente del talabarte.

La figura número 1 de la adjunta lámina representa un Alférez con su enseña. La número 2 es un Tambor o Atabalero , y el número 3 un Lancero.

No se conservan banderas de la Santa Hermandad, aunque Clonard afirma haber visto dibujos de ella.

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Don Alvar García



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MensajeTema: Re: La santa Hermandad   Jue Jun 26, 2008 7:46 pm

La santa hermandad como brazo ejecutor de la inquisición Española:

Uno de los cuentos más famosos de Edgar Alan Poe se sitúa precisamente en esos sótanos que tiene la Inquisición de Toledo. Allí se narran los terribles y refinados tormentos a que eran sometidos los reos bajos las lúgubres bóvedas antes de ser conducidos a la plaza de Zocodover para ser allí quemados públicamente en algún auto de fe (eran quemados en la esquina en la que ahora se encuentra un conocido restaurante de comida rápida), o bien al conocido como "Brasero de la Vega". El relato, espeluznante, se titula “El pozo y el péndulo” y es una maravilla del horror que debería estar en las mesillas de noche de los hoteles de lujo de Toledo a disposición de los turistas sin ganas de dormir. El prisionero en aquellos oscuros sótanos tropieza y cae en tierra por casualidad, descubriendo así por accidente el suplicio que los inquisidores le habían deparado:

«Tenía el mentón apoyado en el piso del calabozo; pero mis labios y la parte superior de mi cara, que aparentemente debían encontrarse a un nivel inferior al de la mandíbula no se apoyaba en nada. Al mismo tiempo me pareció que bañaba mi frente un vapor viscoso y el olor característico de los hongos podridos penetró en mis fosas nasales. Tendí un brazo y estremecí al descubrir que me había desplomado exactamente al borde de un pozo circular cuya profundidad me era imposible descubrir por el momento. Tanteando en la mampostería que bordeaba el pozo, logré desprender un menudo fragmento y lo tiré al abismo. Durante largos segundos escuché cómo repercutía al golpear en su descenso las paredes del pozo; hubo, por fin, un chapoteo en el agua, al cual sucedieron sonoros ecos ... »

Posada de la Hermandad (Toledo)Aunque no se trata precisamente de los sótanos terribles de la Inquisición que describe Alan Poe, el Viajero puede visitar una cosa parecida en la Cárcel de la Hermandad, junto al mercado y la Catedral. "La Hermandad" fue creada en tiempos de Alfonso VIII para perseguir a los malhechores y forajidos y todos los monarcas la apoyaron y favorecieron... La Santa Hermandad tenía sus propias cárceles, sus corchetes y su propio tribunal. El edificio actual es de la época de los Reyes Católicos, con bella fachada cuya policromía se conserva en parte; el interior ha sufrido algunas transformaciones ya que posteriormente fue posada y casa de vecinos.

Las cárceles están en un semisótano, húmedas, oscuras y abiertas a la intemperie de un tétrico y angosto patio. Hay otras celdas rodeando una pequeña capilla, en otro patio menos lúgubre. Y arriba, un gran salón desmantelado y frío, digno de una película surrealista, llamado el salón de la Inquisición, allí es donde se celebraban los juicios contra los reos. El artesonado y los restos de pintura por las paredes no evitan la sensación de agobio y desolación que produce aquel recinto del que casi nadie salía absuelto...

Desde que la Inquisición fuera establecida por los Reyes Católicos, fueron numerosos los "conversos" que se opusieron en un primer momento, pero fue el 15 de junio de 1485 cuando aparece el primer tribunal en Toledo.
El proceso inquisitorial

Según Blázquez Miguel (en su obra "La Inquisición en Castilla-La Mancha"), el procedimiento inquisitorial era el siguiente:

Una vez detenidos, los reos eran conducidos a las cárceles secretas inquisitoriales, una de las principales causas de su leyenda negra, por toda la carga emocional que conlleva esta palabra "secreta". En realidad -según este autor-, no eran ni tan malas como se las ha considerado durante siglos, ni tan buenas como se las considera por algunos apologistas.

En Toledo, se sabe que para este fin se compraron en 1488 las casas de Pedro López de Ayala, pero, al parecer, a principios del XVI se ubicaron, de forma provisional en el monasterio de San Juan de la Penitencia, para finalmente establecerse en la calle Cardenal Lorenzana, en el lugar que actualmente ocupa el Centro Universitario. Es curioso que dado el mal estado en el que se encontraban estas celdas, en ocasiones de "mucho trabajo", algunos presos debían ser colocados en casas de los familiares de la Inquisición, otros en la cárcel Real y en muchas otras ocasiones eran enviados a Cuenca para ser juzgados.

La vida de estos condenados, por tiempo diverso, no se desarrollaba como actualmente conocemos las "prisiones"... Los condenados debían buscarse su subsistencia por sí mismos, bien ejerciendo la mendicidad, ejerciendo sus oficios, o incluso viviendo con su familia. Era normal que la Inquisición, pasado un tiempo, dejara en libertad al condenado "a cárcel perpetua e irremisible", con lo cual se ahorraba gastos y problemas.
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