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 Justas y Torneos

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Don Alvar García



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MensajeTema: Justas y Torneos   Mar Nov 11, 2008 11:22 pm

Las justas

En la Edad Media se denominó justa al combate singular que se hacía entre dos contendientes, a caballo y con lanza, para justificar el derecho de alguno.
De ahí viene el nombre de justa que luego se extendió a los juegos o ejercicios de caballería. En ella los caballeros acreditaban su destreza en el manejo de las armas.
Aunque se confundan como sinónimos las palabras justa y torneo, las armas empleadas en estas contiendas eran diferentes.
En las justas se empleaban armas verdaderas ofensivas y defensivas, resultando a veces los combatientes gravemente heridos e incluso muertos. En los torneos casi siempre se utilizaban armas simuladas.


Antecedentes históricos
Desde los tiempos más antiguos se conocieron en todos los pueblos guerreros esos combates o pruebas de fuerza, valor y destreza. Pero no con las mismas formas ni con igual carácter pero sí con el espíritu de emulación que presidía las justas de mero recreo entre los caballeros de la Edad Media.

En Grecia los juegos olímpicos, pitios y corintios eran una especie de justas. En ella se hacía alarde de las ventajas corporales, y se estimulaba el valor. La recompensa era obtener premios y el aplauso del pueblo.

Los pueblos del Norte de Europa introdujeron la costumbre de encomendar las decisiones de la justicia y la defensa de la inocencia, a la suerte de un combate singular que se ponía en manos de Dios. Los godos justaban para sincerarse de una acusación o para defender a un débil, combatiendo al acusador.

Los árabes introdujeron en España los juegos de combate de sortija, bohordos y cañas que se imitaron posteriormente en los torneos y justas.


Edad Media
Resultado de esta mezcla de costumbres, ocurrió que con el transcurrir del tiempo a las primitivas justas o juicio de Dios evolucionaron hasta convertirse en combates, ejercicios de armas que muchas veces eran alardes de vigor y valentía para festejar a una dama.

Se generalizó de tal manera esta costumbre en la Edad Media que en casi todas las poblaciones de alguna importancia había un paraje por lo común extramuros de la ciudad llamado la tela, destinado para estos combates. En casos extraordinarios se designaban sitios en campo raso, publicitando los combates a cuantos caballeros o campeones quisiesen acudir a medir sus armas con el mantenedor del palenque, es decir, al retador de la justa.


Crónicas Algunas de estas justas fueron descritas con toda seriedad en las Crónicas ( también fueron descritas por los autores de libros de caballerías pero su autenticidad es más dudosa ya que a veces se mitificaban los hechos o se exageraban).

En la crónica que corre impresa de Álvaro de Luna se hace especial mención por vía de apéndice y se incluye la descripción escrita por Fr. Juan de Pinedo de una de las más feroces luchas de este género: el paso honroso del caballero Suero de Quiñones. Este caballero para librarse de la esclavitud que le había impuesto cierta señora, en señal de cuya servidumbre llevaba al cuello un argolla de hierro, se presentó al rey don Juan II y le pidió muy encarecidamente le permitiese romper trescientas lanzas, tres con cada caballero de los que se presentasen camino de Santiago en el término de treinta días, con nueve hijosdalgo para conseguir su rescate.


Motivos de las justas
El motivo fundamental de las justas era el espíritu caballeresco de la época cuyo lema era Dios, mi rey y mi dama. Aunque a veces se daban excesos de este espíritu caballeresco. También con el paso del tiempo las justas como los torneos eran una costumbre regularizada según las necesidades guerreras.

Las ideas de la época convenía promover en unos pueblos cuyo principal ejercicio era el de las armas, estos combates que aunque sangrientos tenían mucha importancia para el buen éxito en los campos de batalla (digamos que se ejercitaban en las armas que después se utilizaban en las batallas, lo que hoy se entiende por entrenar).


Ordenanzas
Con el devenir de los tiempos se hizo necesario regular estos combates y se realizó a través de ordenanzas especiales que determinaban las reglas que debían observarse en el palenque. La presidencia normalmente recaía en los reyes. Presenciaban el combate nobles respetables por sus hazañas y edad, ora en calidad de jueces, ora para impedir que se quebrantasen las leyes generales de hidalguía, que todo buen caballero estaba obligado a observar.

También habían ordenanzas especiales comprendidas en los capítulos de las justas para decidir a quien correspondía el premio del vencimiento y dirimir las controversias que pudieran suscitarse entre los interesados. Una dama presidía estas lides en calidad de reina de la hermosura. Los contendientes disputaban el premio que las damas daban que consistía comúnmente en una banda ricamente bordada en un joyel u otra prenda, cuyo principal mérito estaba en haber sido ganada con valentía, gallardía y esfuerzo (se ha de tener en cuenta la mentalidad de la época).

Por último estos actos que revestían gran solemnidad y eran presenciados por multitud de personas a quienes se prohibía toda demostración de aplauso ni reprobación a fin de evitar el desaliento en los que sufrieron reveses o acaso para impedir desórdenes en el evento (se evitaba así que el público congregado se solviantase).

Tal cuidado se ponía en esto que llegó a conminarse con la pena de sacar la lengua al espectador del estado llano que profiriese un grito y con expulsar del palenque al noble que interrumpiese de algún modo la seriedad del acto . No obstante esto cuando las justas se ordenaban por simples particulares había más libertad entre los espectadores.

Aunque las autoridades locales procuraban reprimir las manifestaciones ruidosas del público en bien del orden público era común que el público congregado en el evento se dividiera en bandos. Eran la mayoría de las veces personas principales, que debían tener cada cual por su parte deudos, amigos y allegados afectos a su causa y fáciles de sugestionar en pro o en contra.


Condiciones del combate
Para ordenar una justa se redactaban las condiciones del combate, a manera de cartel de desafío, dirigidos a cuantos caballeros quisiesen a acudir a disputar la prez del combate. Aprobado este cartel por la autoridad que en ocasiones era el rey mismo (a veces la justa se verificaba donde residía la corte) se publicaba con música y de noche, llevando la multitud hachas encendidas, precediendo los heraldos y acompañados de jinetes que eran seguido del numeroso pueblo y el cartel quedaba fijado en paraje público (lo que hoy sería pegar carteles publicitarios).


Preparativos para la justa
Cumplido el plazo prefijado para el concurso de combatientes, debía celebrarse la justa irremediablemente. Para ello en el paraje acostumbrado que era un recinto cerrado hecho de madera, en parte con barreras bajas y en parte con galerías y estrados para las damas, los jueces y personajes principales, se disponía lo necesario, adornando los balcones y tablados con esplendidas colgaduras de seda recamadas de metales preciosos y tapices bordados.

En un extremo se levantaba un pabellón o tienda para los mantenedores, que se adornaban con banderolas del color o colores por ellos elegidos.

En otra parte y en lugar elevado, se erigía el trono de la señora de la fiesta, lujosamente decorado, el cual solía estar cerca de los reyes o los jueces.

Para estos casos era necesario el auxilio de la fuerza pública, que ocupaba los alrededores del palenque, destacando una guardia al pie del cadalso o tablado de los jueces. Bandas de música marcial colocadas en sendas tribunas armonizaban con tocatas escogidas.

Un cuerpo de ministriles provistos de trompetas y otros instrumentos, daban las señales convenientes cuando llegaban a la tela los diferentes personajes que tenían parte en el evento.


Armas
En las justas no se empleaba más armas que la lanza y la adarga o escudo, amen de la loriga, cota y demás armamento defensivo.

La regla común era que se debía romper tres lanzas con cada campeón o aventurero que llegase a la palestra. Si uno de los combatientes sacaba de la silla a su contrario, se daba por rota la lanza, aunque no se rompiese.


La justa
Una vez que las bandas de música cesaban de tocar entraban los reyes, los jueces, la dama de honor, y se les hacía acatamiento y no se dejaba de tañer las trompetas y clarines hasta que ocupaban sus puestos. La señora del palenque (dama de honor) entraba montada en un palafrén adornado de ricos jaeces y misma deslumbrante de esplendidas galas. Le seguían sus damas y amigos y gran séquito de criados, con cuyo acompañamiento daba vuelta a la arena, en medio de aclamaciones de la multitud y también los parabienes y saludos de sus conocidos pasando luego a ocupar su asiento.

El mantenedor daba también la vuelta al palenque al son de los instrumentos que tocaban los ministriles.

También iban con el los ayudantes que había elegido, los cuales llevaban sus colores en las cimeras y pendoncillos en las lanzas y en las adargas la divisa común con las armas de cada uno. El mantenedor también solía adoptar como también sus contendientes, un mote o leyenda que concretaba en breves palabras el lema de su empresa o el objeto de sus deseos y ambición Aparte de los ayudantes le seguían sus escuderos y los de aquellos, y cierto número de criados en mulas, adornadas con gualdrapas de seda chapeadas de plata y con pendoncillos de los colores predilectos. También llevaban de armas destinadas a reemplazar las que se rompiesen. Retirados a su tienda los mantenedores aguardaban que se presentase algún competidor.

Los jueces mandaban a un heraldo publicar en alta voz las leyes del duelo y los capítulos especiales de la justa. Cuando se presentaban los justadores eran introducidos en el palenque y daban la vuelta. Los farautes repetían el reto y los jueces tomaban juramento a cada lidiador de combatir con lealtad. Conforme a las leyes de caballería, los jueces medían las armas, señalaban su puesto a cada combatiente (partir el sol), de modo que ambos tuviesen iguales ventajas de luz y sombra. Retirándose a su estrado daban la señal de arremeter, que era el comienzo de la justa, que repetían los ministriles tocando sus trompetas.

El primer campeón tocaba de derecho al mantenedor y los siguientes a sus ayudantes, volviendo aquel entrar en el turno de lucha después del último. Nadie podía prestar apoyo al que lidiaba. Si alguno de los mantenedores era vencido, herido o muerto, le sucedía otro hasta terminar el combate con el vencedor. Concluida la lucha, era lícito dar muestras de aplauso, pero no mientras permanecía indeciso el triunfo.

Los reyes de Inglaterra solían prohibirlos excepto en ocasiones especiales.

La iglesia los desaprobaba aun más. En 1130, el Papa declaró que cualquier caballero que perdiera la vida en una lucha tan innecesaria contra otros cristianos no podría ser enterrado en terreno consagrada.”

Las justas se celebraban de sol a sol. Sucedió algunas veces ocurrió estar abierto el palenque muchos días, a petición de los caballeros que llegaban y no podían pelear por falta de tiempo.


Conclusión
La conclusión del artículo es el siguiente: La justa era un combate singular entre dos contendientes para defender el derecho de alguien.

Las armas utilizadas en estos combates podían herir o matar a diferencia de los Torneos que casi siempre se utilizaban armas simuladas para no herir al contrario ya que se trataba de ejercicios militares en tiempos de paz.

En el siglo XVI decayó completamente esta costumbre en favor de los nuevos giros dados a las ideas y a las instituciones políticas y militares en la civilización moderna y fueron continuados de forma privada esta costumbre de contienda entre dos personas a caballo y lanza, por los duelos privados que se realizaban también por dos personas y ante testigos denominados padrinos, en un día y hora señalado y con diferentes tipos de armas: pistolas, sable, florete, etc., (véase la película de cine Los duelistas 1977 del director Ridley Scott y también Barry Lyndon 1975 del director de cine Stanley Kubrick, en la que se ve como esos duelos singulares de la Edad Media denominados justa evolucionaron hacia los duelos privados o duelos judiciales de la Edad Moderna).
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Don Alvar García



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MensajeTema: Re: Justas y Torneos   Mar Nov 11, 2008 11:39 pm

Los Torneos

El torneo medieval es el combate de a caballo entre varias personas puestas en cuadrillas y bandos de una parte y otra. Estas cuadrillas batallaban y se herían entre sí dando vueltas en torno para perseguir cada cual a su contrario. Era la imitación de una batalla. Duraban varios días.

También se conoce como torneo medieval a la fiesta pública que se ejecuta entre caballeros armados unidos en cuadrillas. Entraban en un circo dispuesto a este fin y escaramuceaban dando vueltas alrededor a imitación de una reñida batalla.


Justas y torneos
El torneo es muy parecido a la justa. Pero la justa se trataba en combate singular y las armas no eran simuladas, es decir se podía caer herido grave o muerto y en los torneos se realizaban en cuadrilla entre varias personas como armas que generalmente no producían heridas graves o la muerte.

Los torneos son por tanto un ejercicio de guerra y galantería sujeto a ciertas reglas que hacían entre sí los antiguos caballeros para ostentar su valor o lograr el aplauso y preferencia entre las damas.

Etimología
Torneo deriva de la palabra francesa tourner o de las latinas bárbaras tornare, torneamentum, por la figura que hacían de las vueltas, torneos y escaramuzas unos contra otros los contendientes que se ejercitaban en este clase de juegos militares.
Otros creen que los torneos vienen del nombre de la ciudad de Tours.
Voltaire cree que estos ejercicios vienen por la espada utilizada denominada ensis torneaticus, especie de sable sin punta por no estar permitido en estos pueblos herir con otra que con la lanza.

Origen
Sin duda alguna, fue el espíritu caballeresco de la Edad Media lo que motivó la existencia de los torneos. Uno de los motivos por el que se practicaba este "deporte" era por ajuste de cuentas.

Otro motivo es que cuando cesaban las fatigas de la guerra por su terminación o la firma de una tregua, la nobleza para no perder ardor guerrero se ejercitaba en estos linajes de juegos militares (lo que hoy sería ejercitarse para no perder la forma). Se preparaban a la suerte de futuras guerras, desarrollaban entre otras cosas reflejos y fuerza muscular.

Estos juegos militares eran más notables que la lucha, el disco y la carrera de la cultura griega y menos bárbaros que los sangrientos combates de gladiadores de la época romana aunque algunos eruditos ven una continuación de estos.

También eran muy útiles por el hecho de que podría acontecer que algún joven caballero o escudero por haber salido victorioso de estos juegos militares aumentara el amor de su dama por él (hemos de pensar que en aquellos tiempos el ideal de los caballeros prevalecía sobre otras muchas circunstancias).


Inventor de los torneos
Las crónicas de Tours atribuyen su invención a Godefroi II, señor de Preuilli en la fecha de 1066.

Esto no es del todo exacto porque ya antes de esta fecha se habían realizado combates de esta índole. Lo más que pudo hacer Godefroi fue regularizar los torneos, dictar ciertas reglas y perfeccionar algunas suertes. Por tanto de dar forma y orden a estos juegos y hacerlos de prácticas más frecuente. Esto creemos que es así porque Ennoido habla ya de los torneos en el siglo VI o que el papa Eugenio I en el siglo VIII los anatematizó.

Enrique I el Pajarero tomó parte en una celebración de un torneo con motivo de su coronación.
También Luis el Germánico y Carlos el Calvo combatieron a caballo en la ciudad de Estraburgo después de la batalla de Fontenoy para manifestar la adhesión a dichos reyes.
También en la crónica de Geoffroy de Montmouth se describe de forma minuciosa las circunstancias de un torneo en el siglo XII.
Generalizado el uso de los torneos por toda Europa constituyó por largo tiempo una de las pricipales distracciones de las ciudades europeas y sus respectivas cortes. Se convirtió posteriormente en una costumbre en Francia, Inglaterra, Alemania, Italia, Bizancio y España. En Francia, los torneos se denominaron Constictus Gallici, combates franceses.

¿Cuándo se celebraban?
Con el devenir de los tiempos cuantas solemnidades públicas, profanas o eclesiásticas tenían las naciones otras tantas daban ocasión a la nobleza de la Edad Media a lucir su ánimo resuelto, su valor en esta clase de juegos.

Daba igual que la solemnidad fuera por natalicios, matrimonios, coronaciones de reyes, firma de tratados o confirmación de una liga política entre reyes o alianzas, conquistas, paces, treguas, recibimiento de reyes, príncipes, embajadores y personajes de alta estima. En todos ellos se celebraban con justas y torneos. Se desarrollaba cada vez más la afición por estos guerreros pasatiempos creciendo el número de participantes. Hubo torneos en que se presentaron quince, treinta, cincuenta y cien caballeros de un bando contra igual número del opuesto fundamentalmente por espíritu de galantería y las ideas caballerescas de la Edad Media.
Ninguno había que no consagrase su pensamiento y sus triunfos a una dama y algunos se presentaban a los torneos en pos de la señora de sus pensamientos que en algunos casos los conducía atados con cadenas de oro al lugar de la liza.


Lugares de celebración
El sitio en donde se celebraban los torneos eran por lo general una plaza pública, un espacioso circuito o tela magnífica y a su alrededor se colocaban dos órdenes de barreras desplegando con gran lujo de detalles adornos, tapices, banderas, gallardetes, escudos de armas, etc.

Por otra parte, como la sociedad era estamental se construían varios tablados suntuosos para las personas reales, nobleza, jueces de campo y de paz y caballeros con experiencia en dicho torneos, reyes de armas, farutes, perservantes, músicos y otros. El pueblo llano ocupaba un lugar especial.

Cerca del palenque se instalaban algunas tiendas para los caballeros, los escuderos, los criados y oficiales destinados al servicio de la plaza.


Publicidad de los Torneos
Se anunciaban los torneos con bastante anticipación para que los participantes combatientes se fueran preparando.

Eran los heraldos y reyes de armas los encargados de dar publicidad al evento. Recorrían cortes, castillos y ciudades, mientras en el lugar indicado se hacían todos los preparativos para el día de la fiesta.


Vísperas del Torneo
Las vísperas del torneo estaban a cargo de los escuderos que realizaban una especie de justa con armas ligeras y poco peligrosas que se denominaban prueba, refriega, ensayo, o esgrima.

Según iban llegando los caballeros al lugar de la cita, colgaban sus escudos de armas en un sitio público como el patio del castillo o los claustros de algunas iglesia o monasterio.

Un rey de armas se encargaba de comunicar a todos que iban a verlos los nombres de los caballeros a quienes pertenecían.


El día del Torneo
El día del evento había una gran expectación en el lugar elegido. Se preparaban todos para acudir al sitio señalado deplegando según sus clases y posición gran lujo en vestimentas, trajes, caballos, paramentos, arneses, adornos, armas, etc.

Dada la señal de comienzo al son de instrumentos marciales que alegraban los ánimos de los allí concertados (fanfarrias) se presentaban los caballeros en la liza con numeroso séquito.


Las reglas del torneo

Las leyes del torneo eran las siguientes:
Primera.- En no herir de punta al contrario.
Segunda.- En no pelear fuera de filas.
Tercera.- No pelear varios caballeros contra uno solo.
Cuarta.- En no herir al caballo del rival.
Quinta.- Descargar sólo los golpes al rostro y pecho del rival.
Sexta.- En no herir al caballero que se alzara la visera.
Las damas elegían un juez de paz para recordar la clemencia cuando por alguna falta de cortesía o violación de las leyes de caballería un combatiente se veía rodeado de varios contrarios.

Se seguían con gran expectación los movimientos de los caballeros con gran ánimo y júbilo por parte del público asistente al evento. El público aplaudía las suertes y lances en que más se distinguían la pericia y valor de los combatientes.

El vencido y las armas quedaban a disposición del vencedor. Los vencedores eran saludados con frenéticas aclamaciones y con prolongados aplausos al compás de marchas marciales. Los triunfadores eran conducidos a recibir de mano de los jueces o de las damas el justo premio de su victoria. Los premios ofrecidos se ponían a los pies de las señoras de sus pensamientos.

Para terminar se realizaba un banquete en la que los caballeros participantes en el evento eran colmados de atenciones.


Los distintos juegos del Torneo
En los Torneos tenían lugar varios juegos de distintos nombres como el carrusel, la quintena, la sortija además se arrojaban el dardo, rompían las lanzas, etc.

El carrusel consistía en una fiesta militar con carros y decoraciones en que se representaban hechos de los antiguos héroes y paladines.
Uno de los más famosos fue un celebrado en el año 1750 en Berlín por el rey de Rusia.
El más magnífico y singular fue uno dado por Catalina II, en el cual las damas corrieron con los caballeros y ganaron el premio.
La sortija consistía un ejercicio en que los caballos iban a galope y los jinetes debían atravesar un anillo colgado.
La quintena era un juego en que descargaban sus golpes a un maniquí móvil (estafermo), dispuesto de un eje de tal modo que herido en la frente se volvía y asentaba un fuerte garrotazo sobre el torpe asaltador.

Armas
Las armas utilizadas eran bastones, cañas, lanzas sin hierro y con la punta roma o espadas sin corte conocidas con el nombre de armas corteses o graciosas por que se evitaba herir de gravedad o matar al contrario.

En excepcionales ocasiones, en algunos combates se utilizaban todo tipo de armas (armas de todo trance o de muerte).

Armas a todo trance o de muerte

En estos juegos cuyo principal objetivo era adiestrar al caballero en el lance de la guerra no podían llevar la idea de heridas peligrosas, desgracias y aún muerte de los combatientes.

No obstante sí que acontecía algunas veces a los que tomaban parte en estos ejercicios que, al olvidarse completamente de la índole especial de ellos y ciegos de cólera, se cebaban en los contrarios combatientes para satisfacer alguna antigua enemistad nacional o particular o tomar venganza de cualquier agravio o dar rienda suelta al odio o a la envidia o deshacerse de un molesto rival.

A veces era en vano que en tal conflicto los heraldos y reyes de armas se interpusiesen entre los combatientes.


Enrique II de Francia, fallecido durante un torneoAsí a pesar de sus razones e influencia, la autoridad de los jueces y el llanto de las damas eran baldías para calmar las pasiones de que se hallaban poseídos aquellos mal aconsejados caballeros.

Muchos ejemplos presenta la historia de personajes principales que perdieron la vida en el palenque, enumerando los siguientes, entre otros muchos:

Geoffroy Plantageneto
Roberto de Jerusalen
Florent conde de Rainault
Felipe, conde de Boulogne y de Clermont
el conde de Holanda
Gilberto, conde de Pembock
Juan, marqués de Brandebourg
Luis, hijo del conde palatinodel Rhin,
Juan, duque de Brabante
Enrique II rey de Francia
Esborte de Claramonte
Príncipe Enrique Borbón-Montpenster
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Don Alvar García



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MensajeTema: Re: Justas y Torneos   Mar Nov 11, 2008 11:40 pm

Torneos por países
En España
Pedro III de AragónLos españoles fueron de antiguo muy dados a esta clase de juegos creciendo en caballerosidad. Con la entrada de los árabes en España, los adalides más famosos de uno y otro bando medían sus armas en esta clase de ejercicios por cortesanía.

Las historias de aquellas época refieren multitud de espectáculos de esta naturaleza tenidos ya en las cortes de reyes cristianos ya en la de los moros.

Uno de los más citados es el torneo concertado entre Carlos de Valois y Pedro III de Aragón con cien caballeros de cada parte con motivo de la posesión del reino de Sicilia que correspondería a la esposa del segundo y que el primero le disputaba.

El palenque alzóse en el territorio del rey de Inglaterra.

Tan crecido fue el número de caballeros nacionales, extranjeros y aun del bando contrario que se ofreció al monarca aragonés, que receloso del éxito de Carlos de Valais rogó al pontífice bendijese el cartel del desafío.


En Alemania
En Alemania tenían lugar cada tres años solemnes torneos que servían de prueba de nobleza.

El caballero que había asistido a dos de ellos era ya suficientemente blasonado y publicado y posteriormente reconocido por noble. Llevaba dos cuernos en la cimera de su casco. Esto permitió a las armerías o escudos de armas aumentar su número debido las armas o vestidos de que se servían en estos ejercicios militares (como podrían ser los palos, chebrones y sotveres).

Se tomaron de los pedazos de las barreras y palenques que servían de vallas o los roques y de los anillos de los juegos y carreras de la sortija.


Paso de armas
En el paso de armas se mostraba el valor que distinguía a aquellos valerosos caballeros en el que se enfrentaban, sujetos a ciertas reglas.

En este ejercicio, por cierto número de días, uno o varios caballeros defendían contra cuantos pasaban por las inmediaciones del castillo, puente, camino o encrucijada en la que se proponían defender (véase la película Excalibur en la que Lancelot defiende el paso de un puente ante Arturo).

Este hecho se halla certificado en un acta que se redactó comprensiva de cuantos hechos particulares, desafíos, carteles, mensanjes, cartas, juramentos acontecieron describiendo fantásticamente los torneos de la Edad Media.

Intervención de la Iglesia
La Iglesia trató de poner remedio a este tipo de ejercicios militares en tiempos de paz, prohibiendo los torneos y negando la sepultura eclesiástica a los que en ellos morían.

Sus disposiciones se mandaron observar por ejemplo en España por las leyes de Las Partidas.

Muchos papas lanzaron sus anatemas contra los torneos. Algunos ejemplos son los siguientes:


Inocencio II prohibió los torneosen el 827 Eugenio II
en 1140 Inocencio II
en 1170 en el Concilio de Letrán Eugenio III
Inocencio IV los prohibió por tres años en el Concilio de León en 1245 pero no fue una abolición absoluta y se siguieron celebrándo los torneos.
En tiempos del famoso Felipe el Atrevido de Francia, el papa Nicolás III excomulgó a cuantos combatientes y espectadores concurrieron a ese torneo celebrado en 1279.
Finalmente Nicolás IV en 1288 y Clemente V renovaron su prohibición a estos ejercicios militares.
No obstante esto, ni en el seno de la Iglesia hubo unanimidad sobre este tema ya que hubo papas como Urbano V que participó como espectador (El rey de Francia Juan II ofreció a Urbano V un torneo después de haber estado prisionero en Londres por la batalla de Poitiers dirigiéndose a la ciudad de Avignon con objeto de hacerse cruzado).

Otros que los toleraron e incluso participaron como espectadores, aunque hubo reyes que siguieron la prohibición de los torneos como el rey de Francia Felipe Augusto.

Hasta los mismos reyes participaron en ellos, como fueron Carlos VI, Francisco I y el desdichado Enrique II.
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Don Alvar García



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MensajeTema: Re: Justas y Torneos   Mar Nov 11, 2008 11:40 pm

Capítulo XXII de las Ordenanzas de la Orden de Caballería de la Banda Como curiosidad histórica, a continuación se recoge el capítulo XXII de las Ordenanzas de la orden de caballería de la Banda documento no muy conocido que en 1330 instituyó Alfonso XI, cuyo original se conserva en Briones (Navarra) y dice lo siguiente:

Decimos que la primera cosa que deben haver los fieles quando los cavalleros quisieren comenzar el torneo que an a catar las espadas que las non trayan agudas en el tajo nin en la punta, sin no que sean romas, et eso mesmo que caten que non trayan agudos los arcos de las carelinas; et otrosi que tomen jura a todos los cavalleros que non den con ellas de punta en ninguna guisa nin de rebes el rostro, et otrosi alguno cayere la carelina o el yelmo que non den fasta que la ponza; et otrosi si alguno cayese en tierra que el non estropellen, otrosi hanles de decir los fieles que comienzen el torneo quando tanniern las trompetas e los atabales, et quando quieren tender el annafil que se retiren fuera, e se recojan cada uno a su parte; et otrosi decimos que si el torneo fuere grande de muchos cavalleros en que aya pendones de cada parte, et se ovieren a tramar los cavalleros los vnos de los otros para se derribar de los cavallos, que los cavallos de los cavalleros que fueren ganados de la vna parte e de la otra que sean levaodos a do estudieren los pendones, et que no sean dados a los cavalleros que los perdieren fasta que sea el torneo pasado, et otrosi decimos que desque fuere pasado el torneo que se denen ayunar, todos los fieles e decir e escoger por la verbat que son tenudos de decir así como fieles segunt su entendimiento qual cavallero ovo la mejoría del torneo, también los de una parte como de la otra, porque den prez al vn cavallero de la vna parte e al otro de la otra, que fallaren que anduvieren y mejor e si fuere el torneo de treinta cavalleros ayuso decimos que aya quatro fieles de la una parte e otros quatro de la otra; et si fuere de cincuenta cavalleros o dende arriba que sean de ho fieles de la una parte et otros de ho de la otra, et si fuere el torneo de cient cavalleros o más, que sean doce fieles de la vna parte et doce de la otra.
La conclusión de este artículo es que en la Edad Media prevalecían las ideas caballerescas sobre otro tipo de circunstancias, es decir se cumplía el lema siguiente: Dios, mi rey y mi dama y la Caballería era el instituto o cuerpo armado decisivo en el resultado de las batallas ocupando los soldados a pie un papel más secundario, hasta que ya a partir del siglo XIV aparece la infantería suiza con batallones de infantería de erizadas picas, como premonición del advenimiento de la infantería a partir del siglo XVI en Europa.

Pero en los torneos no solo se ponía en juego el espíritu caballeresco ya que también servían para cultivar el ardor guerrero y prepararse para futuras contiendas militares. Eran unos ejercicios o juegos militares en tiempos de paz.
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Don Alvar García



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MensajeTema: Re: Justas y Torneos   Miér Nov 12, 2008 12:08 am

Justas reales y actuales en en Seraing - Bélgica

http://www.youtube.com/watch?v=6_8lYOlGsl4&feature=related[/youtube]

Es un torneo en el que se hacen diferentes pruebas, todas reales y de caracter competitivo.
combate a pie, justas a caballo, tiro con arco...

http://users.skynet.be/hackamores/Hackamores/Hackaland2007/hackalandtrad.htm

Existe una liga Europea de torneos y caballeros:

Www.eurojoustingleague.tk
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Ajenjo



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MensajeTema: Re: Justas y Torneos   Miér Nov 12, 2008 12:08 pm

Interesante,desconocia alguna de la informacion, como que la iglesia penara con el no enterramiento en tierra sagrada a los muertos en estas pruebas...¡con la Iglesia hemos topado!

El video de las justas de Belgica esta bien, e incluso me ha parecido que uno de los combatientes llevaba nuestros colores... ¿alguna delegacion extranjera?

El segundo video no e podido verlo, me da error la pagina propiamente dicha.
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Lobera



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MensajeTema: Re: Justas y Torneos   Miér Nov 12, 2008 12:17 pm

El segundo no era un video, era el enlace a las justas de hacklan 2007, pero ya no estara colgada.
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MensajeTema: Re: Justas y Torneos   Hoy a las 10:16 pm

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Justas y Torneos
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