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 La vida cotidiana en la edad media: Leyes y castigos

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Rais



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MensajeTema: La vida cotidiana en la edad media: Leyes y castigos   Mar Ene 27, 2009 8:15 pm

LEYES Y CASTIGOS


Tomando como precedente el Derecho romano, la mayoría de los pueblos bárbaros que atacaron el Imperio Romano de Occidente y se asentaron en sus territorios desarrollaron una importante labor legislativa que conocemos gracias a las numerosas recopilaciones efectuadas por diversos reyes. En ellas se recogen normas tanto de origen latino como germánico, estableciendo una jurisprudencia con la que se regula la vida cotidiana.

Al estar desprovistos de escritura durante un tiempo, algunos pueblos bárbaros -como merovingios, burgundios o francos- utilizaron a especialistas que se aprendían los códigos de memoria. Estos hombres se denominaban "rachimbourgs" y eran los portadores de la ley al memorizar los artículos para dictar las sentencias a los jueces. Nadie más conocía las leyes hasta que no pudieron ser recogidas por escrito en los diferentes códigos como el de Eurico o el Breviario de Alarico. Es lógico pensar que cada pueblo tenía su propio código, eliminando el carácter universal de la justicia aportado por los romanos, al ser aplicada indistintamente para todos los ciudadanos del Imperio. En la justicia germánica se da prioridad a los asuntos privados sobre los públicos.

Esa es la razón por la que conservamos un buen número de ejemplos de castigos y multas ante determinados delitos, pudiéndose apreciar que el robo era uno de los más duramente castigados:

Robar un tarro de miel por parte de un esclavo podía costarle la horca mientras que la muerte era castigada en numerosas ocasiones con el pago de una suma de dinero.
Matar a uno de los miembros de la guardia del rey -antustriones- costaba 600 monedas de oro, la multa más alta en cuestiones de asesinato.
La ley salia castigaba con 300 sueldos a quien asesinara al comensal del rey.
Cualquier animal doméstico que aplaste o devore pámpanos o racimos de los huertos privados será castigado con la muerte.
El asesinato de una mujer joven en edad de procrear era castigado con 600 sueldos mientras que si la mujer moría tras sufrir la menopausia, su asesino sólo era castigado a 200 sueldos.

Esto demuestra como la sociedad germánica defendía la natalidad:

Una embarazada asesinada tenía un castigo de 700 sueldos -más 600 sueldos si el feto era varón- pero si era el niño el muerto tras el consiguiente aborto, el asesino debía pagar 100 sueldos de multa.
La muerte de un joven varón de menos de 12 años se castigaba con 600 sueldos mientras que una niña de esa edad sólo "valía" 200 sueldos.

Para fomentar la natalidad, el rey Gontran estableció que aquella mujer que proporcionara hierbas o plantas abortivas a otra debía de pagar 62 sueldos y medio.
Si era un cuadrúpedo doméstico quien mataba a un hombre, su propietario debía de pagar la mitad de la multa por homicidio, recibiendo la familia del finado el animal como "compensación".
Quien desvalije una despensa deberá pagar 15 sueldos si la despensa no tiene llave y 45 si la tiene. El que robaba un perro debía de abrazar el trasero del animal en público.
Si se negaba a ese deshonor pagaba 5 sueldos al dueño y dos de multa.
El robo de un ciervo doméstico se castigaba con 45 sueldos. El robo del halcón sobre su percha tenía una multa de 15 sueldos y de 45 si el animal estaba encerrado con llave.
Un vaso de miel robado tiene una multa de 45 sueldos.
Si lo robado es un esclavo o un jumento, la multa desciende a 35 sueldos -por lo que se deduce que la miel era casi un objeto de lujo al ser las abejas las únicas proveedoras de azúcar en aquella época-.
El hurto de un esclavo cualificado tiene una pena mayor: 62 sueldos y medio, mientras que el robo del caballo de tiro esta penado con 45 sueldos.

Para regular todos los robos que se producían, la ley salia cuenta con 22 títulos que afectan a estos delitos, de un total de 70 títulos, lo que supone casi una tercera parte. De esta manera podemos afirmar que el robo estaba a la orden del día en la sociedad altomedieval.
Sin embargo, los francos castigan todos los robos mencionados anteriormente con una multa de tres sueldos, a excepción del hurto de la reja del arado o de la pareja de bueyes, castigándose al culpable con la esclavitud.
La violación y la castración son delitos castigados rigurosamente por la ley salia mientras que la lex romana no legislaba al respecto.


Última edición por Rais el Mar Ene 27, 2009 8:29 pm, editado 2 veces
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Rais



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MensajeTema: La vida cotidiana en la edad media: Leyes y castigos (CONTINUACION)   Mar Ene 27, 2009 8:18 pm

La castración estaba penada con una multa de 100 a 200 sueldos que podían subir a 600 si el castrado era miembro de la guardia personal del monarca.
El médico que curara la víctima recibiría 9 sueldos en agradecimiento a su trabajo.

Sin embargo, la castración era un castigo habitual para los esclavos que robaban, recibiendo también cuantiosos latigazos y las correspondientes torturas. En esto no difería mucho de las leyes romanas ya que consideraban que todos los criminales condenados debían ser torturados.
La tortura era considerada como un sádico espectáculo para el pueblo quien acudía en masa a contemplar el tormento público. Oficialmente estas torturas se hacían públicas para dar ejemplo del castigo aplicado a los delincuentes pero en definitiva se convirtió en una nueva fórmula de diversión. Incluso muchos de los torturados eran curados in situ para volver a recibir nuevos tormentos como nos cuenta Gregorio de Tours:
"(...) estuvo colgado de un árbol con las manos atadas a la espalda, y hasta la hora novena, en que se le dejó tendido sobre un caballete, se le molió a palos, a vergazos y a correazos, y no sólo por una o dos personas, sino por todos cuantos se pudieron acercar a aquellos miserables miembros".

La violación de una mujer libre era castigada con la muerte entre los galo-romanos mientras que la de una esclava se imponía una multa por su valor.
Entre los francos, esa misma violación tenía como castigo la imposición de una multa de 62 sueldos y medio, aumentada por Carlomagno hasta 200 sueldos. La ley del emperador Mayoriano permitía al marido de la adúltera matar de un solo golpe a los amantes sorprendidos in-fraganti.
Esta práctica continuó entre los francos mientras que los burgundios permitían el estrangular a la mujer y arrojarla a una ciénaga.

Las legislaciones germánicas también regulaban la multa para aquel hombre que se casara con una mujer diferente a la prometida: 62 sueldos y medio.
La ley salia preveía que el responsable de un incendio debería pagar diferentes indemnizaciones a los familiares de los muertos que se provocaron o a los implicados que habían sobrevivido. Sin embargo, los romanos castigaban a estos pirómanos con el destierro -si era noble el culpable- o a trabajos forzados en las minas si se trataba de un hombre libre. En caso de graves daños, la muerte era el castigo que le esperaba. Para evitar una pena de muerte o un castigo en la época medieval eran frecuentes las ordalías o juicios de Dios. La más conocida era hacer caminar al acusado sobre nueve rejas de arado puestas al rojo vivo, por supuesto con los pies desnudos. Si días después las plantas de sus pies estaban sanas sería absuelto.
Otra ordalía habitual era arrojar al presunto culpable a un río con una piedra de grandes dimensiones atada al cuello. Si conseguía salir del agua recibía la absolución al haber manifestado Dios su inocencia.
Otra manera de escapar de la acusación era hacer uso del derecho de asilo por el cual aquel que entrase en lugar sagrado -iglesia, catedral o templo rural- era acogido por el santo patrón y recibía su protección. El refugio se acomodaba en los atrios de los templos gracias a una triple galería de columnas adosada a la fachada occidental. Allí podían acogerse hasta doce fugitivos recibiendo techo y comida, siendo frecuentes entre ellos el adulterio y la embriaguez.
Era frecuente que los enemigos, para vengar sus afrentas, esperasen a que el acusado saliese de lugar sagrado para acabar con su vida.
El papel protector de la Iglesia se afianzó gracias al privilegio de inmunidad por el cual el rey ofrecía a las tierras eclesiásticas -previa petición de un obispo o abad- la posibilidad de librarse de visitas, inspecciones o imposiciones de los funcionarios locales o de los señores que en zona inmune no podían llevar espada.
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Rais



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MensajeTema: Re: La vida cotidiana en la edad media: Leyes y castigos   Mar Ene 27, 2009 8:43 pm

Esto es solo una pequeña aportación. Os invito a todos a continuar ampliando la información.

Un saludo!
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Naule



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MensajeTema: Re: La vida cotidiana en la edad media: Leyes y castigos   Lun Sep 21, 2009 3:15 pm

continuando con el tema y derivandolo hacia la violencia y la muerte.

La sociedad altomedieval vivía inmersa en la violencia. Aún estaban presentes en la memoria colectiva las invasiones germánicas cuando el Islam azotó algunas zonas de Europa, especialmente la península Ibérica.

Pero también podían aparecer en cualquier momento bandidos -llamados baguadas en lengua galaica- que asolaban cosechas, mataban campesinos y violaban mujeres. Si caían en manos de las tropas reales estos bandidos eran condenados a muerte o a la esclavitud pero su presencia motivaba gran angustia e inquietud en la sociedad franca de la época. Estos frecuentes ataques provocarán el encastillamiento de la población, primero en sus pequeños refugios y posteriormente en el castillo del señor feudal.

Los incendios eran otra muestra de la violencia cotidiana, atacando a la comunidad. No resultaba difícil incendiar aquellas casas de techumbre de madera y paja o los graneros por lo que las leyes eran contundentes en los castigos. Los salios imponían fuertes multas a los causantes de estos incidentes, obligando a pagar indemnizaciones a los familiares de los muertos y a los heridos. El pirómano podía ser condenado al destierro o trabajos forzados en las minas dependiendo de su condición social, según la ley romana mientras que si los daños eran graves la muerte sería su condena.

Los incendios no sólo afectan a hogares aislados sino a ciudades enteras como en los casos de Bourges (584), París (585), Orleans (580) o Tours en varias ocasiones. Los cristianos buscaban las causas de estos sucesos en las vidas licenciosas de los habitantes por lo que había que buscar refugio bajo el signo de la cruz pintado en el dintel de las casas o las reliquias de algún santo o mártir. Con motivo de uno de los incendios sufridos por la ciudad de Burdeos "la casa del sirio Euphrôn, a pesar de haber quedado rodeada por las llamas, no se vio en absoluto perjudicada" ya que había colocado en uno de sus muros un hueso de uno de los dedos de san Sergio.

La violencia debía de ser algo cotidiano según podemos advertir en los escritos de los literatos de la época. Pero esta violencia no sólo afectaba a laicos sino también a los religiosos. Conocemos el caso de las monjas del monasterio de la Santa Cruz de Poitiers que maltrataron a la abadesa y al obispo y reunieron "una tropa de hechiceros, asesinos y adúlteros" para atacar su propio monasterio. También se ha constatado el caso de un obispo de Le Mans que hizo castrar a sus clérigos por estar descontento con sus actitudes. A comienzos del siglo X la instigación del conde de Flandes motivó el asesinato del arzobispo Foulque de Reims. Para evitar el derramamiento innecesario de sangre la ley salia establecen castigos monetarios: tres puñetazos se multan con 9 sueldos; una mano arrancada, un ojo saltado, un pie cortado o una oreja cortada son 100 sueldos de multa, que se rebajan si el miembro aún cuelga. Ese mismo importe supone la lengua cortada "de tal forma que ya no pueda hablar".

Resulta curioso diferenciar las multas para los cortes de dedo: si se trata del índice la multa es de 35 sueldos mientras que si el seccionado es el dedo meñique sólo serán 15 sueldos. La razón: el índice sirve para tensar el arco, instrumento fundamental para la defensa y la caza. Resulta lógico pensar que en una sociedad tan violenta la venganza estaba a la orden del día. Cuando se realiza un homicidio la familia de la víctima debe vengar su muerte, ya sea en la persona del culpable o de algún miembro de su familia. Cuando el joven Sicharius conoce la muerte de sus padres, comenta: "Si no vengo la muerte (...), no merezco seguir llamándome hombre sino que me tengan por una débil mujer".

Su reacción será cortar la cabeza del asesino con un serrucho. De esta manera ha vengado a sus víctimas pero inicia una cadena interminable de sangre y muerte como las que hace referencia Gregorio de Tours en el siglo VI. Era frecuente que las víctimas de la venganza fueran expuestas de manera pública para exhibir que la obligación había sido cumplida. No en balde, las leyes hacen referencias a que "si alguien quita la cabeza de un hombre que sus enemigos han clavado en una estaca sin contar con alguna otra persona (...) tendrá que pagar 15 sueldos". Para solucionar este tipo de venganzas la reina Brunehaut utilizó un sistema bastante reprochable: hizo que sus sicarios mataran a hachazos, después de haberles emborrachado, a los miembros de dos familias que estaban enzarzadas en guerras de venganza. Pero existía otro método menos violento para detener la venganza.

Si la familia del finado exigía el pago de un cantidad de oro y el asesino aceptaba, se detenía la venganza. Esta acción se denominaba wergeld o composición. Sin embargo, el temor a ser considerado cobarde pesaba en numerosas ocasiones y la venganza seguía su curso. Otra muestra de la violencia altomedieval eran las injurias y los insultos. Al estar relacionado con el honor se ha llegado a legislar sobre el asunto. Si no se respondía a una injuria o insulto se daba por sentado que se aceptaba el calificativo mencionado. Las multas que se imponían por los insultos sitúan el calificativo de prostituta como el más vil ya que estaba castigado con 45 sueldos. La mención a la pederastia se castiga con 15 sueldos y el resto de calificativos relacionados con descréditos se castigan con 3 sueldos de multa: chivato, traidor, zorro, homosexual, etc.

En un mundo cargado de violencia y muerte tenemos que hacer referencia a los cementerios, advirtiéndose distintas costumbres entre los variados pueblos europeos. Los romanos enterraban a sus muertos fuera de los muros de la ciudad, en diferentes tumbas que se sucedían a lo largo de las vías. Los merovingios también siguieron esa costumbre, enterrando a los fallecidos en las afueras de los poblados. Los germanos desarrollaron unos particulares cementerios rurales situados en la vertiente sur de una colina y en las cercanías de una fuente, situando las tumbas en hilera. Los francos enterraban los cadáveres desnudos, rodeando la fosa con piezas de piedra como si se tratara de un sarcófago. En algunos enterramientos se han encontrado a los niños sepultados en grupos, junto a las tumbas de sus padres. En algunas zonas se practicaba la incineración, especialmente en los siglos V y VI, para evitar que los muertos regresasen a atormentar a los vivos, de la misma manera que se ponían arbustos espinosos sobre la tumba.

El muerto era trasladado desde la aldea al cementerio en cortejo, colocado sobre unas parihuelas y cubierto con un paño sus ojos, transportado a la altura de las rodillas. Una vez enterrado los familiares acudían regularmente a la tumba para celebrar banquetes funerarios. En el cementerio se reproducía el mundo de la aldea. Los muertos eran enterrados vestidos con sus pocas o muchas pertenencias -armas, herramientas, joyas, collares, peines, pinzas de depilar,...-. En algunos enterramientos se han encontrado caballos sacrificados quizá para conducir a la tierra al difunto en la celebración de la fiesta de Jul, el 26 de diciembre. También se depositaban a los pies del finado jarras de cerámica o cristal con alimentos para el viaje al más allá, reminiscencia pagana al igual que la moneda en la boca para pagar el óbolo a Caronte, el barquero con el que se debía cruzar la laguna Estigia.

En las culturas cristianas se sustituyó la moneda por una hostia, lo que motivó la prohibición de la Iglesia. Las culturas germánicas hacían todo lo posible para que el muerto estuviera tranquilo en su tumba. Esa es la razón por la que a los niños muertos al poco de nacer se los empalaba debido a que el inocente no podía estar bajo tierra. Para asegurar la tranquilidad de las tumbas había que protegerlas contra las violaciones de los vivos, práctica bastante corriente como han podido constatar los arqueólogos. Estos delitos traían consigo como catastrófica consecuencia el regreso del difunto por las noches para atormentar a los vivos.

Legalmente el violador de tumbas era castigado con una fuerte multa y la condena al ostracismo más absoluto hasta que no abonara el castigo. Hacia la mitad del siglo VIII la Iglesia consigue que el cementerio rodee el templo, creando de esta manera una mayor esperanza de protección y salvación. Las tumbas de los personajes importantes pasaban a ubicarse bajo el pavimento de la iglesia.
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Monfort



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MensajeTema: Re: La vida cotidiana en la edad media: Leyes y castigos   Lun Sep 21, 2009 3:27 pm

Todo lo cual, que es extenso e interesantísimo, puede resumirse en una sabia recomendación...

"Sed buenos, chicos..."
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Celestino Carrecedo



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MensajeTema: Re: La vida cotidiana en la edad media: Leyes y castigos   Mar Sep 22, 2009 6:53 pm

Fíjense señores, si gustaron los métodos poco ortodoxos de la Inquisición Medieval que se alargaron estos hasta la oscura Inquisición Española.

Y más allá de la península, saltaron hasta el siglo XVII a lugares como Salem, y los conocidos procesos a sus brujas.


Recomiendo la lectura de El Hereje (Miguel Delibes).


Muy interesante, Rais, esta retrospectiva sobre Derecho Penal y Derecho Comparado.
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MensajeTema: Re: La vida cotidiana en la edad media: Leyes y castigos   Hoy a las 9:17 pm

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La vida cotidiana en la edad media: Leyes y castigos
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