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 Ordenes militares

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Ximeno Marco de Celaya



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MensajeTema: Ordenes militares   Jue Feb 28, 2008 7:15 pm

Me gustaria comenzar un post. sobre ordenes militares,tema que personalmente me apasiona, asi cada uno podria agregar su granito de arena. Comenzare con una itroduccion:Las Ordenes Militares españolas mas conocidas son las de Santiago, Calatrava, Alcántara y Montesa. Pero la existencia de estas no excluía a cuantos españoles quisieran combatir en Palestina bajo la Cruz de Cristo, inscribiéndose en las otras Ordenes, tales como la de los Templarios, Hospitalarios o del Santo Sepulcro entre otras.
Eran organizaciones mitad religiosas, mitad guerreras formadas por monjes que seguían las Reglas de algunas de las grandes Ordenes existentes. Absolutamente todas, precisaban para constituirse la autorización pontificia como Ordenes Religiosas que eran pero, además, la de los Reyes. Pero al depender directamente de la Santa Sede quedaban, por lo tanto, exentas en lo religioso de la jurisdicción el clero secular. Existía el voto obligatorio, que casi siempre consistía en la castidad, pobreza y obediencia, pero también debían pronunciar el hallarse en todo momento dispuestos al combate contra los enemigos de la religión cristiana.
En casi todas, se introdujeron dos clases de miembros: los monjes que hacían la vida conventual, entregados solamente a rezos y plegarias y los caballeros que, sin perjuicio de encontrarse también sujetos a ayunos, oraciones, penitencias y otros deberes religiosos, disponían de mayor libertad al ser considerados como guerreros y encontrarse casi continuamente en campaña contra el enemigo de la fe cristiana. Absolutamente todos los caballeros llevaban la cruz o insignia de la orden a la que pertenecian sobrepuesta o bordada en la capa o manto.
Quedaba una última clase, la que se denominaba de los "donados" o "sirvientes de armas". Y además de esta clase, que podría equipararse a la de los escuderos, las órdenes contaban con la ayuda de numerosas personas de la población civil que, por su adhesión a estas corporaciones recibian el nombre de "familiares".
Absolutamente todas estaban regidas por un Consejo, con cargos administrativos, pero todos sujetos a la autoridad de un Gran Maestre. Y fueron no pocas las ocasiones en que el Gran Maestre de una orden de este tipo llegó a tener tanta, o más autoridad que el rey y tampoco faltaron las ocasiones en que se enfrentaron a sus Monarcas. El poder de las Ordenes Militares llegó a ser enorme, teniendo bajo su mando y jurisdicción numerosas tierras, villas, castillos y fortalezas. Como sus servicios como un ejercito en campaña eran inestimables, los reyes no sólo no se atrevían a enfrentarse a sus Maestres, sino que los cubrían de riquezas.
El declinar de las Ordenes Militares españolas se inició con el reinado de los Reyes Católicos. Conseguida la expulsión de los moros de España, hecha la unificación nacional y sin enemigo, las Ordenes Militares dejaban de tener la principal causa de su existencia.
La misión de las Ordenes Militares estaba cumplida: los enemigos de la religión cristiana habían sido vencidos en España, sus guereros ya no tenían adversario al que combatir.
Disponer de un poder total y absorvente, sin permitir que existiera un Estado dentro de otro Estado. Ese es el motivo por el cual, desde un comienzo y no siéndole ya de utilidad, Fernando e Isabel pusieran todo su empeño en ir minimizando el papel de los señores feudales para terminar anulándolo por completo. Terminada la Reconquista con la toma de Granada, la altivez antigua de la nobleza debió someterse al poder real.
Los tiempos en que los nobles aragoneses se atrevían a enfrentarse a su rey y decirle en pleno rostro "Cada uno de nosotros vale tanto como vos y todos juntos más que vos", habían pasado para siempre. Ni Fernando ni Isabel eran Monarcas capaces de doblegarse ante el poder del feudalismo.
Los Grandes Maestres de las Ordenes Militares, esecialmente en Castilla, disponían de un poder enorme y un influjo social importantísimo lo que les permitía alternar con los reyes en un plano de igualdad. Malamente los Reyes Católicos podían tolerar que esta situación siguiera vigente igual al pasado. Así, con habilidad política, incorporaron los Maestrazgos de la mayor parte de las Ordenes Militares a la Corona.
Los cuantiosos bienes de las Ordenes españolas pasaron al poder de la autoridad real y tierras, villas y castillos tuvieron por sus únicos señores a los reyes. A las Ordenes Militares ya no les quedó otra cosa que la denominación de instituciones honoríficas. Por si esto no bastaba, se creo el llamado Consejo de las Ordenes Militares, organismo que en realidad, tan sólo era el conducto por el que a dichas Ordenes les llegaba la voluntad real. Pero todo tiene su contrapartida: la nobleza mediante su ingreso en las Ordenes Militares, tenían ricas encomiendas y exención total del pago de tributos al tesoro real.
Esta organización perduró en España hasta los comienzos del siglo XIX, en la que se dictaron leyes que anularon los señoríos así como multitud de derechos que habían venido formando el antiguo sistema administrativo y social. Los bienes que les quedaban a las Ordenes Militares quedaron sujetos a la desamortización especialmente a la ley de 1 de mayo 1.855 y 11 de julio de 1.856. El Estado se incautó de dichos bienes y las instituciones que, en el pasado dispusieron de tanto poder y riqueza, quedaron convertidas en meramente honoríficas.
La primera República suprimió las Ordenes Militares junto a las Maestranzas de Caballería, pero posteriormente en el año 1.874, las restableció, dejando al Pontificado que regulase su disciplina, lo que hizo el Papa el 18 de noviembre de 1.875.
Detallar las empresas guerreras de las Ordenes Militares sería trabajo largo y prolijo, repitiendo buena parte de la historia de España. Pero puede decirse que sus caballeros tomaron parte en todas las guerras contra los moros durante los siglos XIII, XIV y XV, y que sus Maestres iban al frente de sus huestes, muriendo muchas veces en las batallas. Por citar un sólo ejemplo, los Grandes Maestres de la Orden de Santiago, Sancho Fernández, murió en la batalla de Alarcos, el también Maestre Pedro Arias, en la de las Navas, y otro Maestre, Pedro González de Aragón, en el Sitio de Alcaraz.
En lo que se refiere a la riqueza que llegaron a poseer las Ordenes Militares, basta citar a la de Calatrava, cuyas posesiones pasaban de 350, entre villas y lugares donde vivían más de 200.000 personas. Sus iglesias eran 90 y sus encomiendas llegaban a 130 que producían anualmente más de cuatro millones de reales. En lo que se refiere a la de Alcántara, poseía 35 encomiendas, con 53 villas y aldeas, dos conventos de comendadores y un colegio en Salamanca que fundó Felipe II.

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"El soldado que reviste su cuerpo con la armadura de hierro y su espíritu
con la coraza de la fe, ése es el verdadero valiente y puede luchar
seguro en todo trance.
(Elogio de la nueva milicia templaria, 1130-1136, San Bernardo de Claraval) "
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Ximeno Marco de Celaya



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MensajeTema: Re.ordenes militares   Jue Feb 28, 2008 7:23 pm

Como no, me gustaria comenzar con la orden templaria,no sin antes agradecer a mi compañero Alef la cesion de parte de la documentacion.
Se trata de una Orden célebre por su poder y riquezas así como por su final, una terminación bañada de sangre. Fueron sus miembros dueños de innumerables castillos, fortalezas, tierras y villas, favoritos de los reyes y temidos por estos. Su establecimiento data del siglo XII, una época en que era costumbre entre los cristianos realizar una visita en peregrinación a Tierra Santa. Solían desembarcar en el puerto de Baifa y, desde dicho lugar efectuaban el camino por tierra hasta Jerusalén. Pero la ruta era muy insegura, plagada de bandidos y por esta causa la pérdida de la vida o la libertad eran, muy a menudo, el premio que los peregrinos obtenían por su acentuada fe. Por la época de referencia reinaba en Jerusalén como su soberano; el conde Balduino, hermano del conquistador de la ciudad Godofredo de Bouillón. En el año 1.118, nueve caballeros dirigidos por Hugo de Pays se presentaron ante el rey Balduino II, recién coronado, manifestando su deseo de asegurar la custodia de los peregrinos que iban a Jerusalén. El rey los aceptó cediéndoles, para vivir, una parte de su palacio situado en el emplazamiento del templo de Salomón.
Ante el patriarca de Jerusalén, Gordond de Piquigny, efectuan los tres votos "pobreza, castidad y obediencia" y como ocupan el templo de Salomón, son llamados "los caballeros del Temple". Esta es la historia oficial de la creación de la Orden del Temple, adoptando la divisa: "nom nobis Domine, non nobis, sed nomini tuo da gloriam" (Nada para nosotros, Señor, nada para nosotros, sino por la gloria de tu nombre).
Desde el comienzo, la orden deja bien claro de que se trata de una caballería militar y así reza en sus estatutos.
"Siempre deberán aceptar el combate contra los herejes aunque estén en proporción de tres a uno".
En cuanto a su obligaciones, entre otras, se dictan las siguientes:
"Comerán carne tres veces por semana. Los días que no coman de ella, podrán comer tres platos"
y en lo que se refiere al aspecto religioso, su obligación consiste en comulgar tres veces al año, oir misa tres veces por semana y hacer limosna tres veces por semana.
La Regla se la dio San Bernardo y su creación se llevó a efecto en el Concilio de Troyes, aprobada por el Papa Honorio II y confirmada por Eugenio III en el año 1.158. En el hábito, los templarios llevaron una cruz roja que conservaron hasta su extinción. Su bandera era blanca y negra, denotando el primer color la candidez y la confianza para los amigos y el segundo, la fiereza con que debían infundir el terror entre sus enemigos.
En el año 1.130, los templarios ya constituían un verdadero Ejército y así lo hace constar San Bernardo cuando manifiesta:
"Ha aparecido una nueva caballería en la tierra de la Encarnación. Es nueva y aún no ha sido probada en el mundo, en el que desarrolla un doble combate tanto contra sus adversarios de carne y de sangre, como contra el espíritu del mal. Y a los que combaten contra los vicios y los demonios, yo los llamo maravillosos y dignos de todas las alabanzas debidas a los religiosos".
Pero el cuadro que San Bernardo hace de los templarios no está lleno que se diga de colores muy atrayentes:
"Afeitan sus cabellos, jamás se les ve peinados, raramente lavados, la barba hirsuta, apestando a polvo, sucios a causa de sus arneses y el calor. Entre ellos los hay malvados, impíos, raptores, sacrílegos, homicidas, perjuros y adúlteros. En ello hay una doble ventaja. La partida de esa gente es una liberación para el país y Oriente se alegrará de su llegada a causa de los servicios que allá podrán realizar".
Más de veinte veces, las milicias del Temple salvarán a Tierra Santa de la invasión de los sarracenos y seis de sus grandes maestres mueren en combate.
En Oriente contribuyen al provecho de la acciones bélicas, pillaje incluido. Y en Occidente aumentan las donaciones hacia el Temple. Los grandes señores convierten al Temple en su heredero. Hasta el propio rey de Aragón quiere donar su reino a los templarios. El clero secular se opuso a ello, de no ser así se hubiera producido una curiosa experiencia. Un país entero dirigido por una caballería religiosa.
En Oriente, la Orden es un ejército en combate; en Occidente, una organización monacal cuyos miembros están armados para la defensa. El apoyo que San Bernardo dio a la Orden hizo que fuera favorecida por los señores feudales y que sus caballeros se extendieran por toda Europa y que en sus numerosos monasterios llegaran las generosas donaciones continuamente hasta el punto de convertir a la Orden del Temple en la comunidad más rica y poderosa de Occidente. En Francia tuvo su natural asiento sobrepasando en poder y riqueza a cuanto hasta entonces se había conocido, rivalizando sus grandes maestres con los reyes.
Ciertamente, el Temple tuvo muchos amigos, pero tampoco le faltaron encarnizados adversarios.Guillermo de Nacy, dos años después de muerto San Bernardo, cuenta de la Orden hechos atroces, llega a acusar a sus miembros de sodomitas afirmando que uno de los ritos se basaba en el beso que el que pretendía entrar en la Orden debía propinar en el miembro viril del gran maestre. Eduardo de Vitry, en el siglo XIII dice de los templarios:
"Educados en las delicias y vicios del Oriente, su orgullo no tiene límites. Yo lo sé y lo sé de buen origen que algunos sultanes han sido recibidos en la orden permitiendo que celebren sus ritos superticiosos y presten su adoración al falso profeta Mahoma".
"Beber como un templario" era un dicho común en aquella época y en el siglo XV se aseguraba que casa de templario y casa de prostitución era la misma cosa pues la Orden mantenía burdeles abiertos para beneficiarse con los ingresos que obtenían de tal negocio. En España, los reyes Alfonso "el Emperador" y Alfonso "el Batallador" en Castilla y Aragón respectivamente, protegieron a los templarios otorgando a la Orden cuantiosas dádivas y recompensas.
Hubo un momento en que la orden del Temple sobrepujó a las Ordenes de Caballería, de Calatrava y Alcántara hasta el punto de que cuando los otros tenían un convento, los templarios poseían diez. Pero también es cierto que los caballeros del Temple participaban en todas las batallas contra los moros lo que ocasionó que los reyes, agradecidos por su inestimable ayuda, les fueran otorgando cada vez mayor número de villas, castillos, tierras y riquezas. Bajo tales auspicios, el número de individuos que componían la Orden aumentaba sin cesar siendo el gran maestre de la Orden el mayor señor de toda la Cristiandad, después del Papa, los emperadores y los reyes.
Su final se encuentra rodeado de la violencia, la sangre, la tortura y la muerte. Y uno de los acontecimientos más graves de la Edad Media es la disolución de la Orden por decisión del Papa, así como el proceso contra los principales caballeros del Temple, su prisión, y su tortura para obligarlos a confesar los atroces delitos de que fueron acusados. Su caída engendró una duda que aún hoy se mantiene. ¿Era la Orden del Temple culpable de los atroces delitos de que fue acusada o por el contrario todo se debió a una baja y rastrera política de Estado por parte del rey Felipe IV el Hermoso de Francia, o todo se debió a la envidia de dicho soberano hacia la Orden y su deseo de apoderarse de sus riquezas?.
Aquellos tiempos resultan algo difíciles de comprender hoy, con unos monarcas que no se detenían ante los medios más bajos y vituperables cuando se obstinaban en el logro de sus caprichos y la satisfacción de su inagotable sed de riquezas. Entonces, a la opinión pública no se la tenía en cuenta para nada, era como si no existiera y la justicia era burlada una y otra vez precisamente por aquellos que más obligación tenían de respetarla y hacerla cumplir.

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MensajeTema: Re: ordenes militares   Jue Feb 28, 2008 7:56 pm

Podria rellenar inumerables letras sobre esta magnifica orden, pero intento ser un poco objetivo sin caer en el largo rollo de cuantiosas batallas y fechas. Si os interesa el tema se puede abrir otro post sobre el temple (y esta vez sin colorines que se ve mal je,je,je.)

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MensajeTema: Orden de Calatrava   Dom Mar 09, 2008 4:01 pm

Una vez que el rey Alfonso "el Emperador" libró la Villa de Calatrava, tuvo a bien dar la mezquita mayor al arzobispo de Toledo, a fin de que la consagrase en iglesia, y encomendó la defensa de la plaza, en 1.150, a los Caballeros Templarios. Eran éstos por sus riquezas muy poderosos y por su esfuerzo y arrojo muy temidos. Pero una vez muerto el rey Alfonso, los musulmanes pusieron todo su esfuerzo en la reconquista de Calatrava, y así Abd el Múmen se aprestó para forzar la línea del Guadiana. Tal potencia mostraron que Calatrava se tuvo por perdida y los Templarios rehusaron, juzgando lo más prudente abandonarla. Por tanto la Orden del Temple devuelve la villa fuerte de Calatrava al rey, don Sancho. La situación se tornó gravísima., Si se perdía Calatrava, la amenaza árabe se cernía sobre Toledo, y cuanto había reconquistado, el rey Alfonso VII, iba camino de perderse.
El rey Sancho proclamó que Calatrava le sería entregada en propiedad al que decidiera defenderla, convocando un Consejo con sus nobles, en el cual se hallaba don Raimundo, Abad de Santa María de Fitero y un monje, llamado Diego Velázquez, burgalés de la Bureva, hidalgo y noble, soldado del rey Alfonso, y famoso por sus hazañas. A la vista del silencio con que los nobles acogieron la propuesta, el monje Velázquez, despertados sus sentidos bélicos, sacó aparte al Abad Raimundo y le instó, le rogó y acabó persuadiéndolo a que pidiera Calatrava. Así lo hizo, lo que a muchos pareciera temeridad o locura. En la villa de Almazán, el 1 de enero del año 1.158, el rey don Sancho, hijo de Alfonso VII, firmó la carta de donación perpetua de la Villa y fortaleza de Calatrava a la Orden del Cister, representada por el Abad don Raimundo, y a todos sus monjes, para que la tuvieran para siempre jamás, y, con ayuda del Monarca la defendieran de los enemigos de Cristo. Confirmaron la donación el rey de Navarra, el mayordomo del soberano, el Potestad de Castilla, el Señor de Logroño, el Primado de las Españas, varios condes, magnates y prelados, entre ellos el de Sigüenza, Cerebruno, que pronto habría de ocupar la toledana silla.
Más tarde, don Sancho, donó a los freires de Calatrava, llamándolos ya por este nombre, el pago y aldea de Cirujales, en el término de Toledo, en señal de gratitud por haber tomado la defensa de Calatrava. Partieron el Abad don Raimundo y su Capitán de Guerra, don Diego Velázquez, seguidos de una inmensa multitud de la cual muchos profesaban en la Orden Cisterciense. Los árabes, a la vista de tal multitud, desistieron y Calatrava pudo ser salvada. El Abad organizó un ejército de más de veinte mil hombres que repartió por campos y aldeas. Constituida la orden, el mayor nervio de sus fuerzas bélicas fue formado por numerosos caballeros que se acomodaron a las costumbres del Cister tanto como lo permitiese su oficio guerrero, uniendo la fatiga del soldado con la abstinencia del cenobita, las fervientes oraciones con el bravo empuje en la pelea.
El promotor principal de la Orden de Calatrava, fue Fray Diego Velázquez. Una vez muerto, la división cundió, resistiéndose los caballeros a tener por superior a un Abad y a vivir mezclados con los monjes en vida contemplativa, por lo que decidieron elegir un Maestre de la Orden. Los monjes se retiraron a Ciruelos y los caballeros retuvieron a Ocaña convirtiéndose en milicia para elegir su caudillo. Fue el primer Maestre de Calatrava don García según consta en documentos del 1.164. Consiguió del Cister y del Pontificado la primera regla y forma de vida para la Orden de Calatrava.
Muerto, le sucedió don Fernando Escaza, cuya vida transcurrió en continuo guerrear. Fueron sucediéndose los Maestres y la Orden, convertida en formidable ejército, estuvo en ayuda de los reyes cristianos. Al de Castilla le acompanaron en la conquista de la ciudad de Cuenca. Al de Aragón en la toma de la ciudad de Alcañiz. La pujanza de la Orden, sufrió un tremendo revés, ante el arrojo del caudillo Almanzor, quien con poderoso ejército tomó Calatrava, y sus defensores fueron pasados a cuchillo. Con los últimos restos de la Orden, el Maestre don Nuño Pérez atacó la fortaleza de Salvatierra, convirtiéndola en casa de la Orden en tanto no pudiera ser recobrada la villa de Calatrava.
Los Maestres se fueron sucediendo y convertida nuevamente en pujante ejército, tomó parte en la Batalla de las Navas de Tolosa donde su Maestre don Ruy Díaz quedó tan malherido en un brazo que no pudo volver a empuñar arma alguna. En los años siguientes la Orden de Calatrava, fue reconquistando diversas fortalezas y villas lo que la hizo recobrar su antiguo esplendor, llegando su dominio desde Almadén hasta Toledo, desde Argamasilla de Alba hasta Sierra Morena. Emprendida la conquista de Andalucía por los reyes cristianos, los caballeros de la Orden formaron siempre la vanguardia, aumentando su poderío con las numerosas donaciones de villas y fortalezas.
En la villa de Salvatierra alzaron nuevo convento al que bautizaron con el nombre de Calatrava, en recuerdo y memoria al baluarte del Guadiana. En los años siguientes, participan en las campañas de la Reconquista como fuerza de choque, tomando parte en la conquista de Baeza y el cerco y ocupación de Córdoba. A tanto llegó el poder de esta Orden Militar, que los reyes entraron en recelo por lo que determinaron que la elección de Maestres lo sería por designación real. En años posteriores, la Orden no sólo combate sin tregua a los musulmanes sino que se enfrenta a divisiones internas. Una muestra del favor que los Pontífices otorgaban a esta Orden lo prueba el hecho de que, disuelta la de los Templarios, todos los bienes que estos poseían le fueron entregados a Calatrava.
Desde su origen, doscientos años atrás, los caballeros calatravos debajo de la túnica y como háhito de religión, llevaban un escapulario. El Maestre don Gonzalo Núnez creyó que aquello no diferenciaba bastante a los caballeros de los seglares y obtuvo del pontífice Benedicto XIII que en su lugar ostentaran una cruz colocada sobre las vestiduras, insignia que se pusieron todos por primera vez el día de los Santos del año 1.397.
La orden de Calatrava fue poderosa en tierras, villas, fortalezas, así como por el número de sus vasallos en sus posesiones esparcidas por toda España. En no pocas ocasiones intervino en la política nacional inclinándose según conviniera a sus intereses. Tal poder tenía, que hasta los Reyes Católicos para aplacar la sed de riquezas del comendador Fernán Gómez de Guzmán, desmembraron de la Corona la aldea de Fuenteovejuna, en Córdoba, para entregársela. Lo que sucedió, ya se sabe; que el pueblo entero, harto de soportar sus abusos, acabó ahorcándolo. Pero los Reyes Católicos no eran soberamos capaces de soportar otro poder que no fuera el emanado de la corona por lo que, siendo Maestre de la Orden don Garci López de Padilla, determinaron que había llegado la hora de dar fin a la Orden de Calatrava, de modo que la misma quedaba incorporada a la Corona tan pronto como muriera su Maestre. Vino así a ser don Garci López el último y es curioso señalar que el primero fue un García. De esta manera, la sabia política de don Fernando y doña Isabel que hizo bajar de sus castillos a los señores feudales para someterles a su tutela, sacó a la corona Real de la vergonzosa servidumbre en que todos la mantenían, no siendo los que menos los Maestres de la Orden de Calatrava cuyo poder, ejércitos y riquezas les llevaban a estimarse soberanos independientes y rivales del único y verdadero jefe de la nación.


No se sabe con absoluta certeza en qué año eligió la Orden de Calatrava a su primer Maestre. Parece ser que fue en el 1.164, pero no puede acreditarse el dato. Por el contrario, sí se conoce su nombre; Don García. Datos que contradicen la opinión formada por algunos que sostienen que fue Nuño Pérez de Quiñones el primer Maestre, y hablan de cierto Abad Rudolfo y de otro de cuyo nombre desconocen. Demos, pues, por sentado que el primer Maestre de la Orden de Calatrava fue don García: Personaje que se dió tal maña que vino a lograr, de la Orden del Cister y del Pontificado, la primera Regla y forma de vida para la Orden de Calatrava, el 25 de septiembre de 1.164.

De don García, se ignora el lugar donde nació, aunque se le tiene por navarro. Tampoco se sabe de quién era hijo, y tampoco se saben las causas de su muerte; si falleció de forma natural o, dadas las turbulencias de aquellos tiempos, su fin fue violento. Lo poco que se sabe de este Maestre es que defendió con vigor el terriorio dominado por la Orden de Calatrava de los ataques de los moros durante la turbulenta minoría de Alfonso VIII.

De todos modos, los servicios que prestó a la Corona debieron ser harto valiosos dado que los tutores del rey le premiaron con tierras y privilegios, así como villas y castillos que engrandecieron la Orden. Uno de los más famosos castillos entregados a don García fue el de Almadén, junto con sus tierras, lo que fue tanto como entregarle a la Orden las famosas minas de este lugar. Muerto don García, fue enterrado en el convento a orillas del Guadiana. Pero, en el año 1.217, fue trasladado su cuerpo a la capilla de los Mártires de Calatrava la Nueva.

La historia de la Orden de Calatrava continúa con la lista de sus Maestres, algunos tan entremezclados en las luchas armadas, o políticas, que acabaron tristemente sus días, como en el caso de don Juan Núñez de Prado, XVIII Maestre, que murió degollado por orden del rey de Castilla don Pedro I, o don Diego García de Padilla, que le sucedió en el cargo y terminó miserablemente su vida preso en una mazmorra del castillo de Alcalá de Guadaira. O don Martín López de Córdoba, XX Maestre, preso, que conducido a Sevilla, pereció degollado. Uno de los más famosos, Don Pedro Girón, que aunque se dijo que murió de súbita enfermedad, se corrieron voces de que falleció envenenado. Y así, con el devenir de los tiempos, la Orden de Calatrava, llegó hasta su último Maestre, don García López de Padilla. No dejan de ser curiosos los designios de Dios, o del Destino, que hizo que un García fuera el primer Maestre de esta Orden, y otro García el último y las coincidencias no acaban ahí: ambos gobernaron durante cinco años la Orden; ambos combatieron contra los moros y ambos fueron hombres muy piadosos que jamás desenfundaron la espada de no ser contra los enemigos de la Fe. El primero obtuvo del Papa Alejandro III la aprobación de la Orden Militar de Calatrava. En tiempos del último Maestre, se alcanzaron del Pontífice Inocencio III, letras apostólicas que reservaban a la Santa Sede la provisión de los Maestrazgos. El primero pasó su niñez en el palacio de don Sancho III, el segundo fue Mayordomo Real de los Reyes Católicos. El uno peleó contra los moros en las márgenes del río Guadiana, el otro lo hizo en las del Genil.

Por cierto; fue durante el Maestrazgo anterior, con don Rodrigo Tellez Girón, cuando sucedió el conocido hecho de Fuenteovejuna, inmortalizado por la pluma de Lope de Vega. Un pueblo cordobés tiranizado por el Comendador de Calatrava, Fernán Gómez de Guzmán, avaro, lascivo y soberbio que exprimía la sangre de los humildes campesinos, atropellaba la virginidad de las doncellas y se burlaba de los ancianos. Lo ocurrido ya se sabe; el pueblo, harto de aguantar tanto despotismo, se tomó la justicia por su mano. Los Reyes Católicos mandaron sobreseer el proceso, respetando el popular castigo. Aunque Fuenteovejuna se resistió a admitir el quedar nuevamente bajo el dominio de la Orden de Calatrava.

Que reyes hay en Castilla que nuevas Ordenes hacen con que desórdenes quitan y haran mal cuando descansen de la guerras, en sufrir en su villas y lugares a hombres tan poderosos por traer cruces tan grandes, póngasela el rey en el pecho que es para pechos reales.

Y es que ya, la Orden de Calatrava, entraba en franca decadencia. No muchos años antes, el penúltimo Maestre don Rodrigo Téllez Girón se había mostrado partidario de los derechos a la Corona de doña Juana "la Beltraneja", en contra de Isabel, la reina de Castilla. La Orden de Calatrava, con su Maestre Rodrigo Téllez Girón entró en combate con la Orden de Santiago, mandada por los Reyes Católicos, para luchar contra los calatravos. En estas condiciones, rotos por el Maestre de Calatrava los vínculos de respeto a sus soberanos y la guerra civil ardiendo, hay que imaginar fácilmente como se relajaría la disciplina de una Orden que siempre se había caracterizado por su obediencia hacia el poder real. El poderoso se convertía en un déspota, y los freires se entregaban a toda clase de excesos. Cada hombre armado, si podía, se convertía en un verdugo y los que se llamaban caballeros ni hacían honor a su palabra, ni cumplían los votos a los que estaban obligados. En estas condiciones alcanzó la calidad de último Maestre de la Orden de Calatrava don Garci López de Padilla, hermano de don Fernando, el desgraciado Maestre que pereció, lastimosamente, a causa de la piedra lanzada con honda, sin querer, por uno de sus criados y que le alcanzó de lleno en la cabeza. Don Garci López se contó entre los caballeros calatravos, cortos en número, que abrazaron el partido de la reina Isabel "la Católica", contra "la Beltraneja". Terminada la contienda, se le reconoció como Maestre de la Orden. Hay que decir algo en favor de este personaje: puso orden donde reinaba el desorden e hizo recobrar a la Orden de Calatrava su perdido prestigio. Al frente de los caballeros de la Orden tomó parte en la conquista de Alhama y la casi inexpugnable fortaleza de la villa de Zahara.

No obstante, la Orden de Calatrava estaba viendo sus últimos días tal y como fue concebida. En el año 1.445, los Reyes Católicos dieron poder y cartas a don Alfonso Gutiérrez, Consejero de la Corona, y sobrino político de don García, para que tratara con la Orden la incorporación, de esta, a la Corona Real, tan luego como falleciera su Maestre. El 27 de septiembre de 1.447 moría don García López de Padilla, Y con esta muerte, la Orden de Calatrava enterró a su último Maestre, dejando la Orden de tener vida propia y de influir directamente en los destinos de España, y como con la conquista de Granada se cumplió el fin para el que había sido creada, la expulsión de los árabes y la unión de todo el territorio nacional, faltó ya la razón de seguir existiendo en su forma primitiva y vino a ser la Cruz de Calatrava como recuerdo glorioso de un pasado.

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MensajeTema: Orden de Alcantara   Dom Mar 09, 2008 4:06 pm

Ciertos caballeros de Salamanca recorrían las riberas del río Duero, frontera del reino leones con los musulmanes de Extremadura sobre el año 1.156, buscando el lugar adecuado para alzar una fortaleza, cuando fueron a dar con un viejo ermitaño, llamado Amando, que había sido soldado participando en la Cruzada que, en Tierra Santa, llevó a efecto el conde Enrique de Borgoña. Dicho ermitaño había levantado una sencilla ermita en aquellos parajes y cuando los caballeros le propusieron sus proyectos, los persuadió de levantar la fortaleza junto a la ermita. La fama de aquellos caballeros a cuya cabeza figuraba don Suero Fernández Barrientos se extendió por aquellas tierras y fueron muchos los que vinieron a aumentar el número de los guerreros que constituían la guarnición de la nueva fortaleza. Por consejo del ermitaño Amando, decidieron constituirse en Orden Militar al estilo de las del Hospital y el Temple.
Un monje del Cister llamado don Ordoño les aconsejó que tomaran su regla. Era el Cister una reforma de la Orden de San Benito, hecha a fines del siglo anterior en Borgoña por San Roberto. El obispo don Ordoño hizo venir a algunos monjes que instruyeran a los caballeros en la Regla. Quedó fundada así la Orden cuyo instituto era la defensa de la fe cristiana, distinguiéndose por entonces con el nombre de Orden de San Julián de Perero, quizás porque este santo era el titular de la ermita de Amando.
Los miembros de la Orden se sometían a los tres votos de obediencia, pobreza y castidad perpetua. Sólo tres días de la semana comían carne y otros tres ayunaban desde la Cruz de septiembre hasta Resurección. Dormían vestidos, guardaban silencio en la iglesia y refectorio.
El traje consistía en una túnica de lana blanca, escapulario con una pequeña capilla, y sobre él, cuando salían del convento, una capa o tabardo de color negro. El cabello lo llevaban cortado por encima de la oreja y la barba redonda. Cuando por tregua u otra razón, no se empleaban en los menesteres guerreros, permanecían recluidos en el convento, observando como clérigos la Regla.
El fundador, don Suero, murió en combate, sucediéndole en la gobernación de la Orden, con título de prior, don Gómez Fernández, compañero en la fundación. Por aquel tiempo, del rey Fernando II de León, los habitantes de la población de Ciudad Rodrigo, molestaban a los fronterizos de Portugal, desmembrado ya, de hecho, de la corona leonesa. Su rey Alfonso Enriquez envió una expedición a arrasar la ciudad, confiando el mando de sus huestes al príncipe don Sancho, que entró en tierras de León. El prior de la Orden del Perero, al ver como el invasor toma sus tierras, reune a los suyos y se incorpora al Ejército del rey Fernando. Se traba la batalla quedando este monarca vencedor y es entonces cuando dirige sus armas contra los musulmanes de la frontera meridional. Toma en combate las villas de Santibáñez y Milana y cae sobre la de Alcántara, a la que ocupa a su vuelta, y la ciudad de Cáceres que da a guardar a los Caballeros de Santiago.
La Orden de Perero, ayudó al rey Fernando en todas sus empresas militares por lo que este monarca declaró solemnemente que la tomaba bajo su protección y amparo. Por si esto no bastara, el Prior don Gómez se dirigió el Papa Alejandro III dándole cuenta de su instituto aprobado por los obispos de Salamanca y Ciudad Rodrigo y pidiendo en su favor las gracias y prerrogativas que otras análogas tenían concedidas, lo que otorgó el Pontlfice a 29 de diciembre de 1.177, mediante la oportuna Bula. Confirmó todo lo otorgado a la Orden otra Bula, esta del Papa Lucio III, en 4 de abril de 1.183, apareciendo por primera vez en ella el nombre de Maestre dado al jefe o prelado supremo de la Orden.
Los años que siguen constituyen un continuo batallar de la Orden al servicio de los monarcas cristianos contra los árabes. Reconquistada la villa de Alcántara, la Orden decidió su traslado a aquel lugar. Pero, a partir de aquel momento, comienza a denominarse de Perero y Alcántara, prevaleciendo al final, este último nombre. Adquiriendo cada vez mayor pujanza, no es de extrañar que no pasara mucho tiempo sin que estallaran las querellas entre Alcántara y el Temple, llegando inclusive al choque armado entre ambas Ordenes, y es que el continuo combatir habían hecho de unos y otros unos hombres endurecidos en cuerpo y alma por el ejercicio de las armas. Basta un solo ejemplo:
"Estando el Maestre de la Orden en Ecija, se le presentó un moro pretendiendo hacerse cristiano y ofreciendo en garantía el modo de tomar el castillo de Pruna. Se aceptó su oferta y el nuevo cristiano les mostró el punto por donde, con mayor facilidad, podrían echar las escalas. Entraron en la villa y pasaron a cuchillo a todos sus habitantes y defensores quedando Pruna en adelante para el rey de Castilla".
La Orden no sólo combatió a los moros, sino que también se mezcló en la política de la época. Uno de sus Maestres, don Gonzalo Martínez fue condenado a muerte por traidor, por orden del rey Alfonso, y degollado. Así vio Pedro Barrantes Maldonado a la Orden de Alcántara:
"La mayor parte de la gente de Alcántara son caballeros, hijosdalgo y escuderos y son pocos los labradores y gente común. Hay linajes, la mayor parte de ellos, nobles, de limpias y antiguas castas de las que ellos se jactan mucho. Es gente muy política, muy cortesana en el habla y muy apartados de tratos ilícitos. Muy comedidos y atentos con los extranjeros en el arte militar".
El declive de la Orden se inicia con los Reyes Católicos. La Monarquía española estaba resuelta a constituirse en unidad nacional y por tanto se hacía preciso la incorporación de los maestrazgos a la Corona. En 1.530, la Orden obtuvo del Papa Clemente VI, la potestad plena para corregir, alterar, limitar y reformar sus estatutos. En 1.540, el Papa Paulo III concedió a los caballeros legos de Alcántara relajación del voto absoluto de castidad y libertad para disponer de sus bienes.
Cuando ya no fue necesario su esfuerzo guerrero, la Orden de Alcántara se orientó por otros campos y así estableció un colegio en la Universidad de Alcalá que fue posteriormente trasladado a Salamanca por acuerdo del capítulo celebrado en Madrid en el 1.552. A partir del siglo XVII un cuerpo de Caballería del Ejército, español despliega en su estandarte la cruz de Alcántara. Fue creado en los Países Bajos por el Maestre de Campo don Juan Francisco Nestien, con ocasión de aumentar las fuerzas de caballería que allí operaban, bajo el reinado de Felipe IV. Las acciones de este regimiento se basan en numerosos hechos de armas, hasta culminar en la guerra de la Independencia, donde el veterano tercio de Alcántara luchó en Somosierra, Aranjuez Puente del Madero, Vich, Figueras, Murviedro, Valls y Valencia. Esta es la Orden de Alcántara. Guerrera cuando tuvo que serlo, porque así lo exigían los avatares patrios. En su historia se encarna la historia patria.


Muerto el fundador de la orden, don Suero Fernández Barrientos, le sucedió en el gobierno de la misma, don Gómez Fernández, su compañero de fundación y, según la opinión de algunos, su hermano, ya con el título de prior. Ciudad Rodrigo, tras ser reconquistada del poder los moros, estaba siendo repoblada por cristianos, pero estos molestaban con sus incursiones a sus vecinos del reino de Portugal, separado ya de la Corona Leonesa. Un tanto harto el monarca portugués de aquel estado de cosas, decidió enviar una expedición de castigo que arrasara Ciudad Rodrigo, confiando el mando de la misma a su hijo y heredero, el príncipe don Sancho. Entrada que fue, la fuerza portuguesa, por tierras de León talando y devastando todo a su paso, el Prior de la Orden de Alcántara se apresuró a acudir con sus freires y vasallos, dispuesto a defender lo que consideraba su territorio. Incorporados los miembros de la Orden al ejército del rey Fernando que, advertido, acudía a enfrentarse a los intrusos, se trabó la batalla en los campos de Argañán, siendo los invasores derrotados y quedando muertos o prisioneros los portugueses que no lograron escapar con su príncipe. Victorioso, el rey Fernando, decidió dirigir sus armas contra los moros de la frontera meridional de su reino.
Traspasada la frontera y después de tomar unas cuantas villas, cayó sobre la de Alcántara, plaza fuerte que, sin embargo no pudo resistir las arremetidas del monarca cristiano, rindiéndose. Los portugueses, queriendo aprovechar la oportunidad de que Fernando andaba ocupado en otras partes, invadieron de nuevo sus dominios, penetrando en Galicia, tomando Tuy y otros castillos, para encaminarse a marchas forzadas hacia Badajoz, con el intento de ocupar esta población, sabedor de ello, el rey Fernando, se encaminó a la capital extremeña y en las calles de Badajoz, se trabó la lucha. De nuevo, los leoneses resultan vencedores y el rey portugués en su huída, alcanza un postigo de la ciudad y tal es su aturdimiento que choca violentamente contra un madero, pegándose un golpe tan fuerte que queda con una pierna fracturada y es fácilmente hecho prisionero por las huestes leonesas. Don Fernando no se contentó con esta victoria y aprovecha la ocasión para atacar Cáceres en poder de los moros, haciéndolos huir y conquistando la ciudad.

En todas estas guerras sirvió don Gómez con sus freires y vasallos, pero el Rey no les hizo merced alguna de lo conquistado, dado que la Orden no tenía todavía rentas ni fuerzas para defenderlo y lo habría perdido. Pero le confió dominio sobre varias villas contiguas a su territorio, en la ribera del Coa, y algunas heredades. Rechazados los almohades, entraron en León y pusieron cerco a Ciudad Rodrigo en cuyo auxilio corrió el rey Fernando, apoyado, también en esta ocasión, por don Gómez y sus freires. Los cristianos, aunque inferiores en número, alcanzaron la victoria y a ello contribuyeron poderosamente los caballeros de don Gómez. Agradecido el rey por el auxilio de la Orden, declaró solemnemente que la tomaba bajo su protección y amparo, mediante un Real Privilegio.

Sanción más alta obtuvo don Gómez para la Orden, al solicitar del Papa la aprobación de la misma, lo que le fue otorgado mediante bula de fecha 29 de diciembre de 1.177. Aquí es donde aparece por primera vez la dignidad de Maestre, al que todos deberían obediencia y respeto. Don Gómez deseaba extender su Orden a Castilla y sabedor de que don Alfonso VIII, preparaba una irrupción en la Extremadura musulmana, le ofreció sus servicios que fueron aceptados. El Maestre y sus caballeros participaron en la contienda y una de las primeras plazas que reconquistaron fue la de Trujillo. Vasallo don Gómez del Rey de Castilla asistió a las Cortes de Carrión. Se ignora si don Gómez y sus freires asistieron a la batalla de Alarcos. Perdida aquella batalla por los cristianos, los moros llegaron hasta Toledo, asediándola. En Trujillo resistieron los Caballeros de la Orden que la guardaban, pero su inferioridad numérica les obligó a rendirse.

La muerte del primer Maestre don Gómez Fernández debió producirse en el año 1.200, pues en él se eligió su sucesor. El rey Alfonso de Castilla, ofreció la plaza de Alcántara a la Orden de Calatrava, por ser plaza muy codiciada por los moros y difícil de defender. Los calatravos pronto comprendieron que no les era posible atender tan dilatada frontera. Y fue entonces cuando la Orden de Perero se comprometió a defender la villa y fortaleza de Alcántara, con lo cual de allí en adelante así fue conocida: Orden de Alcántara. El transcurrir del tiempo fue dando paso a los consiguientes Maestres de esta Orden, al tiempo que aumentaba su poder. Así, el Maestre don Gonzalo-Martínez de Oviedo, decimocuarto Maestre, tuvo un miserable final. Mezclado en las intrigas de Castilla, temeroso de la ira del Rey, se refugió en el castillo de Valencia de Alcántara, sin duda con la esperanza de obtener la ayuda del rey de Portugal. Este no llegó y las tropas del Rey escalaron durante la noche las murallas del castillo, cogieron preso al Maestre don Gonzalo, que fue degollado.

Continuó la sucesión de Maestres, unos con mejor suerte que otros, hasta llegar al final, un tanto aventurero, de don Martín Yañez de Barbudo. Desastroso fue su final; un ermitaño del Santuario de Nuestra Señora de los Hitos, cerca de Alcántara, llamado Juan de Sayo, que gozaba fama de santidad, le dijo que sabía por revelación divina que habría de tomar Granada sin perder ni un solo hombre. El Maestre, concedió crédito al visionario y envió dos escuderos al rey de Granada, mofándose de su religión y retándole a singular combate entre ambos, o entre caballeros que eligiesen, siendo dobles los moros que los cristianos. Los mensajeros fueron presos y maltratados lo que enfureció al Maestre y le empujó a marchar sobre Granada. Salió la expedición, llevando delante una cruz y el pendón de la Orden. Llegó a Córdoba donde mentes sensatas quisieron disuadirle de su descabellado proyecto, pero alegó que obedecía por mandato divino, se alborotó el pueblo y hasta se le agregaron cinco mil ciudadanos, confiando ciegamente en la protección de Dios. En Egea le mataron tres caballeros y entonces acusó al ermitaño de mentiroso, pero este aseguró que en la batalla resultaría victorioso porque así se lo había revelado Dios. Entretanto, el reino de Granada ya estaba en armas: cinco mil jinetes y más de ciento veinte mil infantes esperaban al tozudo Maestre. Salieron y sorprendiendo a las huestes de don Martín Yañez hicieron tal matanza que fueron pocos los que lograron escapar, pagando, el crédulo Maestre, el crédito concedido al ermitaño.

Y así se llega hasta el último Maestre de Alcántara: don Alonso de Monroy, que hacía el número trigesimosexto. Ya no hubo más. No fue la suya una vida plácida porque pronto se enemistó con los Reyes Católicos, ya que orientaba sus simpatías hacia los Reyes de Portugal. Sufrió cárcel, se fugo de ella, atravesó no pocos avatares en una época turbulenta con las luchas civiles entre los bandos de "la Beltraneja" y la más tarde reina Isabel "la Católica". Viendo acercarse sus últimos años, Monroy trató de reconciliarse con los Reyes, pero ya era tarde, porque todos sus bienes y mayorazgos habían pasado a otras manos de las que ya no era posible arrancarlos. Don Alonso de Monroy, hasta su muerte, contando ochenta años, en 1.511, siempre fue afecto a la dinastía portuguesa. Mucho mejor le hubiera ido siendo fiel y leal vasallo de los Reyes Católicos. Con él terminó la independencia de la Orden de Alcántara, cuyos caballeros tanto y tanto colaboraron a la Reconquista.

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MensajeTema: Orden de San Jorge   Dom Mar 09, 2008 4:08 pm

Esta Orden fue fundada en el año 1.201, por el rey Pedro II, de Aragón y I de Cataluña, con el título de Orden de San Jorge de Alfama. Recibió este nombre dado que se le concedió el desierto de Alfama, a unas cinco leguas de Tortosa. Para comprender la decisión real de fundar una Orden Militar, hay que tener en cuenta la personalidad del monarca y las circunstancias que rodearon su reinado. Pedro era hijo primogénito de Alfonso "el Casto". Por el testamento paterno recibió Aragón, Cataluña y tierras en el sur de Francia, en tanto que su hermano, Alfonso, recibía Provenza Millán y Gabaldá. A pesar de esta división, se conservó, cierta unión en los dominios catalano-occitanos, fortaleza por la alianza política entre ambos hermanos y porque a la muerte de Alfonso de Provenza, Pedro ejerció la tutoría sobre su joven sobrino. Pero para mantener la fastuosidad de su corte, al tiempo que un ejército bien pertrechado, Pedro precisaba dineros y estos los obtenía mediante el impuesto de fuertes tributos que provocaban el descontento popular.
Una de sus ideas fue ampliar sus dominios, emprendiendo la guerra contra los musulmanes a fin de arrebatarles tierras. Con este fin, en al año 1.201, creyó muy interesante la creación de una Orden Militar cuyos caballeros le ayudaran en la empresa y a tal fin, se determinó a fundar la Orden de San Jorge, a la que se añadiría, "de Alfama", por el señorío que le dio de ciertas tierras, en realidad desérticas, muy próximas a la villa de Tortosa. La Orden decidió regirse por la Regla de San Agustín (confirmada en el año 1.373). Pedro emprendió la guerra y consiguió, con la ayuda de los caballeros de la recién creada Orden Militar, arrebatarles a los musulmanes de Valencia, Ademuz Castielfabib.
El rey se centró en su alianza con Castilla y trató de apoderarse de la isla de Mallorca con una expedición que finalizó en fracaso. Alfonso VIII, de Castilla solicitó su ayuda para combatir el poder musulmán y los aragoneses y catalanes así lo hicieron, participando en la batalla de las Navas de Tolosa. Entre las huestes del rey Pedro, se encontraban los Caballeros de la Orden de San Jorge, que no dudaron en acudir al llamamiento del monarca. Vino un intento de apoderarse de parte del País Vasco, en detrimento de Navarra, y los que resultaron más beneficiados fueron los castellanos. La última etapa de su reinado se caracterizó por las convulsiones producidas en Occitania con motivo del catarismo. Pedro se encontró ante un dilema, por un lado deseaba conservar la amistad de los nobles del Languedoc y por otro, no quería enfrentarse al Papa que había decretado la Cruzada contra los Cátaros.
La decisión papal de enviar a la nobleza franca contra los albigenses (cátaros) occitanos, obligó a Pedro a alinearse junto a estos. No sólo porque era su deber proteger a los que eran sus vasallos, sino que en aquel conflicto estaba en juego toda la política occitana de sus antepasados. El problema afectaba también a la Orden de San Jorge, obligada, por un lado a combatir con el Rey que la había creado, y por otro, a entrar en combate con las fuerzas protegidas por el Papa, lo que repugnaba a su catolicismo. En suma, Pedro y los occitanos se enfrentaron a las tropas francas dirigidas por Simón de Monfort. La batalla se riñó a las puertas de Muret el 12 de septiembre de 1.212; Pedro resultó derrotado y muerto y toda Occitania quedó en poder de los cruzados, con lo que las pretensiones sobre todas estas tierras quedaron definitivamente arruinadas.
No por esto, la Orden de San Jorge, dejó de existir. Permaneció; pero, de acuerdo a las crónicas, aunque sus caballeros eran hombres de bien probado valor en la guerra, en tiempos de paz llevaban una vida un tanto relajada. El rey Pedro IV de Aragón y III de Cataluña, llamado "el Ceremonioso", quiso darle nuevo vigor a la Orden para lo que solicitó del Papa Gregorio XI, su aprobación pontificia. Esta le fue otorgada y por parte del Rey, la Orden recibió el lugar de Aranda. Ya por aquel tiempo, la Orden de San Jorge había iniciado su decadencia. Su convento era muy pobre, el número de caballeros era cada vez más escaso.

De todos modos, participaron en cuantas empresas emprendió el rey Pedro "el Ceremonioso", un reinado caracterizado por convulsiones internas y guerras externas, entre las que destacó la denominada "de los dos Pedros", a causa del enfrentamiento de los aragoneses y catalanes del rey Pedro "el Ceremonioso", contra los castellanos del también Pedro, Rey de Castilla, apodado "el Cruel".
A estas alturas, la Orden de San Jorge ya estaba en franca decadencia y así llegó hasta el reinado de Martín "el Humano". Cuando sucedió en el trono a su hermano Juan, se encontraba en Sicilia y aún tardó casi un año en regresar a la Península. En 1.397, Martín, juró los Fueros de Aragón y en la primera etapa de su reinado se esforzó en acabar con las rencillas que existían en varios puntos del Reino. Tuvo que pasar a Cerdeña para aplastar la rebelión de los Jueces de Arborea, que, ayudados por los genoveses, dominaban toda la isla a excepción de Cagliari, Alghero y Longorado, que permanecían fieles a la corona aragonesa. Este rey tuvo la idea de fortalecer a la Orden de San Jorge, pero ya era muy tarde estando la misma en absoluta decadencia, extinguiéndose poco a poco.
Fue entonces cuando Martín "el Humano", concibió una solución: Unir la Orden de San Jorge con la de Montesa. El Papa Benedicto XIII, dio su aprobación y así, sin la menor dificultad, los Caballeros de San Jorge se integraron en la de Montesa. ¿Qué otra cosa podían hacer? La Orden de San Jorge de Alfama era como un débil riachuelo de escasas aguas comparado con el caudal ancho y caudalosa del río de la de Montesa. Pero, al menos, algo consiguió: que la Orden de Montesa, en lugar de utilizar la Cruz de los Calatravos como distintivo, aceptase portar la suya, la de San Jorge, la roja cruz del Santo.
Diez Maestres tuvo la Orden de San Jorge: El primero fue don Frey Juan de Almenara. El último, don Frey Guillén Castello, que fue a quien le tocó ver como su Orden desaparecía absorvida por la poderosa de Montesa. Durante su existencia, que duró dos siglos, menos algunos meses, tuvo que enfrentarse, no pocas veces, a la Orden de Calatrava, aun teniendo la misma Regla. Siempre fue su rival y en no pocas ocasiones su enemiga. De todos modos, al fundirse San Jorge con Montesa, la primera dio a la segunda su insignia como emblema, la roja Cruz de San Jorge, y la segunda, al acoger a los miembros de la otra, su nombre y protección.
Una vez que se unieron, los Caballeros de San Jorge ya estuvieron siempre al servicio de su nueva Orden y con los de esta participaron juntos, como un solo Cuerpo Militar, que eso fue lo que en realidad eran, en los días de gloria de Montesa, así como en los de su decadencia. Se distinguieron bravamente luchando en Valencia, contra los sublevados nobles de aquella ciudad que, apoyados por el pueblo, formaron la llamada "Unión" contra el poder centralizador del rey Don Pedro "el Ceremonioso", de Aragón.
Tomaron parte asimismo en las guerras de Italia, acompanando a Alfonso V. En un combate naval contra los genoveses los caballeros de la Orden de Montesa, en cuyas filas luchaban ya los antiguos de la de San Jorge, tomaron al enemigo cinco galeras e hicieron numerosos prisioneros.
Cuando en el año 1.587, la Orden de Montesa fue incorporada a la Corona de Felipe II, por bula del Papa Sixto V, los antiguos caballeros de San Jorge ya no existían. De la Orden a la que pertenecieron tan solo quedaba, en el mejor de los casos, su cruz y un lejano recuerdo.


Ha quedado explicada la unión de la Orden de San Jorge con la de Montesa, así como los motivos que llevaron a tal fusión. Fue por determinación del rey Martín, "el Humano", a la vista de la penuria y miseria en la que se debatía la de San Jorge. Ningún obstáculo puso, el último Maestre de los de San Jorge, a la incorporación de su Orden a la rica y poderosa de Montesa, al contrario, tomaron la decisión del rey como inspirada por el Cielo, porque era el único remedio que podía poner fin a sus males.

En Alfama vivían los Caballeros de San Jorge escasos de mantenimientos y en ocasiones, hasta faltos de todo. Pero para llevar a cabo la feliz idea del monarca era preciso obtener la licencia del Papa, así como la correspondiente bula de autorización. En un principio, nadie creyó que sería complicado ni difícil alcanzarla.

Ocupaba por entonces el solio pontificio el famoso Papa Luna. Y como su autoridad se hallaba tan disputada, se pensó que no tendría inconveniente alguno en acoger la solicitud con agrado, dando satisfacción al rey y al Maestre de San Jorge. Así no es extrañar que en menos de un día ya hubiera firmado una bula por la que accedía a cuanto de él se pedía. Solicitaron los Caballeros de Montesa, al Papa, la autorización para cambiar su cruz, negra, en la llana y roja de San Jorge. También lo consiguieron. Pero el horror, de los Caballeros de Montesa, desatose cuando les llegó otra bula Papal en contra de ellos. ¿Cuál había sido su delito? ¿Qué motivo era el que desataba la cólera del Papa para ser tratados como herejes y apóstatas en el mandamiento que les dirigió y que vino a ser uno de los últimos emitidos por el Papa Luna? El delito, si es que así puede denominarse a una ligerísima falta, consistió en cambiar la cruz flordelisada negra de los calatravos por la llana colorada de San Jorge.

Cierto que el Papa les había autorizado a cambiar de color pero alegó que aquello no se refería al cambio de la cruz. Cierto que tenían la aprobación del rey. Creyó don Martín, precisamente el día de su coronación, que daría más realce al acto que los caballeros de Montesa ostentaran en sus hábitos la nueva enseña de la Orden que, como ha quedado dicho, había sido la de San Jorge. Parece ser que, el Papa, celoso de su autoridad, en un momento en que el Cisma estaba en todo su apogeo y gran parte de la cristiandad comenzaba a no reconocerle como Pontífice, quiso, con su acto, demostrar que era él y nadie más quien podía autorizar, o negar, el cambio de cruz. Ardía entretanto el Cisma; depuesto el Papa Luna, obligado a escapar de Aviñon para refugiarse en su castillo de Peñíscola, el asunto parecía de difícil solución. Malo de componer era el pleito. Todo se vino a solucionar cuando un secretario del Papa afirmó que este ya había perdonado a los caballeros montesanos, con lo que se dió por terminado tan enojoso asunto.

Dos siglos, menos algunos meses, duró la Orden de San Jorge de Alfama, siendo diez sus Maestres. El primero fue don Frey Juan de Amenara, que alcanzó larga vida, siendo un soldado muy valeroso que se encontró en la conquista de Mallorca con el rey Jaime I. Y tales fueron sus pruebas que salió muy bien heredado en tierras y vasallos. Ayudó también con su caballeros, pocos, pero que valían por muchos, en la conquista de Valencia y allí la Orden consiguió muchos privilegios. Las crónicas citan al segundo Maestre, don Frey Aranaldo de Castelvell, que también realizó hazañas, pero no tan grandes y sonadas como su antecesor. Acompañó al rey a la toma de Játiva y a sujetar a los moros levantiscos de Valencia. En el año 1.277 se rebelaron los moros valencianos; ya no existía el rey don Jaime, al que habían tenido tanto temor. A su hijo, Pedro, le tocó lidiar contra los musulmanes. El rey en persona, llevando a su lado el Maestre de la Orden de San Jorge de Alfama, acudió a combatirlos. Quedaron los moros vencidos, dejando en poder del monarca un rico tesoro que fue repartido por este con el Maestre de la Orden. Llamábase este don Raimundo de Guardia y fue el tercero de los de la Orden.

Del cuarto Maestre, don Frey Hernando Gross, apenas se sabe gran cosa, sino que vivió y murió, sin que se tenga constancia de qué hazañas pudo realizar, si es que llevó a efecto alguna. Sí que se tiene constancia de su sucesor, el cual, no se sabe si, tentado por el Demonio, llevó la Orden a tal punto de perdición, en lo temporal y en lo espiritual, que la historia le dedica algunas páginas, no muchas, pero las suficientes para dar cuenta de sus odiosos actos y aborrecimiento a su memoria que califica de execrable. Nada existía de respetable para él; se burlaba de las cosas santas y dignas de veneración; el honor, la caballerosidad, el respeto a las virginales doncellas, eran para él palabras sin sentido. No tenía obra buena en su haber. De poder conseguir algún beneficio, habría sido capaz de entregar, todo el reino de Aragón a los moros, sin el menor escrúpulo. Los Caballeros de la Orden, tomándole por loco, decidieron cortar por lo sano, procediendo a encerrarlo por demente. Y no sólo fue esto sino que fue desposeído de su dignidad de Maestre por sentencia capitular de 18 de agosto de 1.327. Llamábase este Maestre don Frey Jaime de Tarragó.

El sexto Maestre, vino a probar que después de la tempestad viene la calma. En contraste con el anterior, cúmulo de perversidades y maldades, el nuevo era todo lo contrario. Frey Pedro Guach, fue el reverso de la medalla de su antecesor. Fue un cumplido caballero y un valiente soldado que acompañó al rey, don Jaime II en la campaña de Almería, siendo el año 1.309. Este Maestre fue amigo particular del rey y durante largo tiempo, su privado. Aprovechó esta situación, para aumentar el prestigio de su Orden, extendiendo sus dominios por Valencia y Cataluña, fundando casas y conventos bajo la advocación de San Jorge y se esforzó en hacer respetar, a todos, la cruz de la Orden, algo desprestigiada por la actuación del anterior Maestre.

El séptimo Maestre se llamó Frey Alberto Certons, el cual, con el título de Comendador, gobernó la Orden por entonces considerado el puesto de Maestre como "sede vacante". Don Pedro IV, de Aragón, emprendió la campaña de Cerdeña y para ello pasó con su armada a esta isla. Fue una expedición castigada por toda suerte de plagas, enfermedades, peste y hambre. El Comendador de San Jorge salió ileso de toda clase de peligros. Con sus caballeros acompañó al rey durante todo el tiempo que este estuvo en la isla, esto es, hasta su total pacificación. Cuando desembarcó en Barcelona, sus hermanos le abrazaron y en Capítulo le nombraron Maestre de la Orden. Este hombre que tan señalados servicios prestó a la Corona, vivió pobre en sus últimos años, y murió miserablemente.

En lo que respecta al octavo Maestre, Don Alberto, nada se dice de él en la historia, ni bueno ni malo. Fue Maestre pero renunció pronto a tal dignidad. Se dice que algo grave debió ocurrir a la Orden para que el noveno Maestre, antes de su renuncia, la pusiera en manos del rey. Lo cierto es que Frey Guillén Castelló, así lo hizo. Y llegaron los tiempos del décimo y último Maestre, don Francisco Ripollés. La Orden de San Jorge de Alfama ya había alcanzado su total decadencia. Ante esta situación, el Maestre lo puso todo a disposición del monarca y así, la que fue en tiempos, gloriosa Orden Militar, acabó en Cofradía.

Vinieron otros Reyes, pero ya nada quedaba de la otrora Orden de San Jorge de Alfama, excepto los pocos que aún se mantenían fieles a ella. Por eso, el rey Martín tomó la decisión de unirla a la de Montesa, único remedio para que no se hundiera del todo.

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MensajeTema: Orden de San Lazaro   Dom Mar 09, 2008 4:11 pm

Esta parte se la dedico en especia a nuestro señor Don Alvar:
Siglos antes de llevarse a efecto las Cruzadas, ya existían en Tierra Santa instituciones caritativas que cuidaban de la asistencia a los peregrinos que acudían a visitar los lugares testigos de la Pasión de Jesucristo. Desde la toma de Jerusalén el año 1.099, resultado de la Primera Cruzada encabezada por Godofredo de Bouillón, los monjes de San Lázaro, ocupados con anterioridad en el cuidado de los leprosos, se apresuraron a ofrecer sus servicios. Es sumamente curioso señalar que los Lazaristas acogían a cualquier caballero de otra Orden que contrajera la lepra y, siempre que guardara su Regla, era bien recibido entre ellos. Algunos caballeros cruzados tomaron el papel de los monjes anteriores y parece ser que desde 1.115 formaron una comunidad independiente entre las Ordenes orientales, tomando la Regla de San Agustín. A este respecto, puede citarse una bula de Pascual II, confirmando la Regla y otra en 1.255 del Papa Alejandro IV, quien, dos años antes, los había puesto bajo la protección de la Santa Sede. En tanto esto sucedía, los Caballeros de San Lázaro tomaban parte en una desdichada batalla, la de Gazza, el 18 de octubre de 1.244, en la que perecieron todos ellos. Ni uno solo sobrevivió a tal combate.
Otros, de la misma Orden, lucharon también bajo San Luis, junto con los Templarios, los Hospitalarios y los Teutónicos, en otra desastrosa batalla, la de Mansourach (1.250) y también formaron parte de las Cruzadas de San Luis y en las expediciones a Siria (1.250 a 1.254). La fortaleza de San Juan de Acre, en poder de los cristianos desde la I Cruzada, fue asediada por los soldados del Sultán de El Cairo. Los Maestres de las Ordenes del Temple y de San Lázaro estaban al mando de los defensores. Ambos jefes perecieron en la batalla y después de una heróica resistencia, San Juan de Acre tomó a poder de los musulmanes en 1.291. Y con este hecho quedó determinada la caída de todo el reino latino de Jerusalén. Antes de que esto sucediera, la Orden de San Lázaro reconocida por varios Pontífices, entre ellos Inocencio IV y Paulo V, tuvo en Palestina grandes posesiones, pero cuando el sultán Saladino ocupó Jerusalén, dió un año de plazo a las Ordenes Hospitalarias para abandonar la ciudad.
El rey de Francia Luis VII que por penitencia había emprendido la Segunda Cruzada al volver a su país, en el año 1.149 llevó con él a doce hermanos de San Lázaro y en 1.154, hizo donación a la Orden del castillo de Boigny, para que la misma estableciera su encomienda general, extendiéndose la Orden por numerosas ciudades de Francia. Por su parte, cierto noble inglés, que admiraba a la Orden, introdujo en Inglaterra a los lazaristas, que fijaron su domiciliación en la ciudad de Burton.
Todo esto provocó un gran cambio en la Orden porque, protegida por los reyes, llegó un momento en que fue más poderosa en Europa de lo que había sido en Asia. Pero volvamos a su aspecto militar: después de la caída de SanJuan de Acre, los lazaristas que sobrevivieron fueron a refugiarse a la isla de Chipre. Otros se establecieron en Sicilia, en Cápua, lugar del que fueron extendiéndose por toda Italia. La rama francesa de Boigny y la italiana de Cápua fueron las más importantes, pero esto no fue óbice para que fundaran prioratos y encomiendas, aparte de la de Burton, en Hungría, Flandes y otros países de Europa.
En 1.490, el Papa Inocencio VIII decidió unir la Orden de San Lázaro a la de San Juan de Jerusalén, pero la rama francesa continuó autónoma, ante lo cual el Papa León X anuló la unificación ordenada por su predecesor. Por su parte, el rey de Francia Enrique IV, unió a la Orden de San Lázaro la del Carmelo, en vista de que esta última languidecía y era conveniente su unificación con otra más poderosa.
La Orden de San Lázaro no desatendía, ni muchísimo menos, sus obligaciones militares ni su lucha contra el poder turco. En el siglo XVII armó una flota para combatir contra los corsarios y piratas, eligiendo el puerto y ciudad de Saint Maló como centro de sus operaciones marítimas. La Orden llegó a reunir hasta diez fragatas y luchó valerosamente defendiendo la seguridad de las costas francesas.
En este mismo siglo, el XVII, el Papa Gregorio XIII dictó una bula por la que mandaba incorporar la Orden de San Lázaro a la de San Mauricio, formándose así la llamada Orden de San Mauricio y San Lázaro, y que fue una de las más distinguidas de Italia. Ocurrió algo semejante a la ocasión anterior, cuando otro Papa trató de incorporarla a la de San Juan de Jerusalén. El Priorato de Sicilia acató la bula pontificia, pero no ocurrió lo mismo con el Gran Maestre de los Lazaristas de Boigny que, con varios prioratos y encomiendas, continuaron su vida independiente. Entre los grandes Maestres del siglo XV, cabe citar a Francisco de Borbón, los marqueses de Nerestang, de Luvois, de Dangeau, el Duque de Berry, después Luis XVI y luego el Conde Provenza, más tarde rey con el título de Luis XVIII. Como Caballeros de la Orden de San Lázaro en otros países, pueden citarse a los Zares de Rusia, Pablo I y Alejandro I y al Archiduque Leopoldo de Austria. El rey Luis XVIII de Francia y más tarde Carlos X, se declararon protectores de esta Orden.
En Francia había tres importantes Ordenes, muy antiguas: La del Espíritu Santo, la de San Luis y la de San Miguel. Pues bien, junto a ellas figuraba la de los Lazaristas. Estas eran exigencias que imponía el ingreso a la Orden de San Lázaro: Nueve grados de nobleza, sin principio conocido, o remontándose a fecha incierta.
Pasados los tiempos guerreros, la Orden de San Lázaro, permaneció, no extinguiéndose como algunas otras. Actualmente se halla representada en Francia, Alemania, Italia, Holanda, Suiza, Portugal y, naturalmente, en España. Con fecha 26 de junio de 1.935 registró la Orden sus Estatutos en España. El 9 de mayo de 1.940 fue reconocida con carácter oficial y declarada de utilidad pública en todo el territorio nacional, por orden que se publicó en el Boletín Oficial del Estado el 10 del mismo mes.
Su reglamento de la lucha contra la lepra, aprobado por Decreto de 8 de marzo de 1.946, concede y asigna a la Orden Militar y Hospitalaria de San Lázaro de Jerusalén, importantes misiones. Los componentes de esta Orden se dividen en dos grupos: Los miembros y los afiliados. Sólo los primeros y aun entre estos, los Caballeros de Justicia, pueden asistir a los Capítulos de sus respectivos Prioratos. Aparte de los de Justicia hay los de Devoción. Todos pueden ser caballeros, damas o eclesiásticos, pero es absolutamente preciso profesar la religión católica.
Los miembros, Caballeros de Justicia, están obligados a probar de manera indubitable, la legitimidad de sus ascendientes hasta el segundo grado civil inclusive, la nobleza de cien años de dos de sus apellidos, uno de los cuales siempre será el primero por la línea paterna y el otro, bien el segundo de la citada línea, o el primero de la materna; esto queda a elección del pretendiente al ingreso. Los Caballeros de Justicia, usan como distintivo una cruz octogonal verde, bordada sobre el frac o el uniforme, así como en sus mantos capitulares. Las categorías son: Gran Collar, Gran Cruz, Comendador y Caballero. Sólo los miembros, no así los afiliados, están autorizados a usar el uniforme de la Orden, de paño azul oscuro, con cuello y bocamangas blancas, charreteras y pantalón galoneado. Sable o espadín, depende de los actos. Sombrero apuntado y botas de charol. La Orden está regida por el Gran Maestre que lo es con carácter vitalicio y queda autorizado a nombrar un coadjutor. También existe un Consejo Supremo Consultivo que orienta al Gran Maestre en aquellas materias en que se solicita su parecer. Los afiliados, aquellos que practican pruebas de nobleza son denominados como "nobles de mérito" y los dispensados de ellas son considerados únicamente como "de mérito". Tanto los primeros como los segundos pueden tener los mismos grados que los miembros, pero no llevan la cruz bordada. Para estos, existe la cruz denominada de "Mérito", dividida en cuatro categorías, así como medallas, concedidas por relevantes servicios.

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con la coraza de la fe, ése es el verdadero valiente y puede luchar
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MensajeTema: Santo Sepulcro   Vie Mar 14, 2008 6:10 pm

Esta Orden nació en la época de las Cruzadas y fue iniciativa de Godofredo de Buhillón, el conquistador de los Santos Lugares, en la primera Cruzada, armando cincuenta caballeros sobre el sepulcro del Redentor. Una Cruzada que se caracterizó por la violencia de la lucha: el mismo Godofredo declaró que al entrar en Jerusalén, los caballos de las huestes cristianas galopaban sobre ríos de sangre y que esta "llegaba hasta las rodillas de sus monturas". Aunque parece un tanto exagerado tal afirmación, lo cierto es que, en efecto, la batalla fue sumamente sangrienta lo que no deja de ser un contrasentido; allí donde Jesús predicó la paz entre todos los hombres, hubo lucha, sufrimiento y muerte.
En lo que respecta a la Orden del Santo Sepulcro, no cabe la menor duda de que, en efecto, en su fundación participaron cincuenta caballeros y así lo hace notar el poeta Torcuato Tasso: Son cincuenta guerrier he in pure argetnto. Apiegan la tronfal perpetua coce
Esta Orden constituye una de las cinco que se instituyeron en los Santos Lugares: La Orden del Temple, la Orden de San Juan de Jerusalén, La Orden del Santo Sepulcro, los Caballeros Teutónicos, y la Orden de los Lazaristas. Los primeros custodiaban el Templo y llevaban la cruz "pate" de gules; los segundos usaban la cruz blanca de ocho puntas: los terceros fueron llamados en su origen sepulturistas, los primeros freires de la Orden que estudiamos; los Caballeros Teutónicos cuidaban del Hospital de Santa María y los Lazaristas asistían a los leprosos y se distinguieron por la cruz verde de ocho puntas.
Los sepulturistas estuvieron encargados del Sepulcro desde el año 1.098. Desde un comienzo tomaron gran incremento y estaban obligados a aportar 1.000 sirvientes de armas; los Templarios presentaban los caballeros y los caballeros de San Juan de Jerusalén, 50. Y en la corte del rey de Jerusalén tenía que haber constantemente 100 Caballeros del Santo Sepulcro con el objeto de cubrir las expediciones militares que se fueran presentando.
Tal cosa motivó que los caballeros de esta Orden tomaran parte en casi todos los hechos de armas a partir del año 1.123, luchando al lado del rey Balduino de Jerusalén. Estuvieron en en el sitio de Tiro, en el año 1.128 en la toma del castillo de Monteferrand, en 1.146, en el sitio de Damasco, en 1.153 en la toma de Arcalea, en 1.182 en la batalla de Bethsan, en 1.180 en el sitio de San Juan de Acre, en el que murió, combatiendo, el Prior de la Orden.
Con la toma de Jerusalén por los turcos, los caballeros del Santo Sepulcro se trasladaron a Europa, extendiéndose por Polonia, Francia, Alemania, y Flandes, instituyendo diversos conventos entre los que pueden citarse los de Parma, Perusa y París.
En lo que respecta al distintivo, los caballeros de esta Orden utilizaban la cruz potenzada roja en el manto, divina heráldica de jerusalén, y la cruz patriarcal de doble traviesa sobre el pecho.
Habrá que decir que al estar encargado los Franciscanos de Tierra Santa, el Papa León X los autorizó para armar caballeros del Santo Sepulcro a cuantos peregrinos llegaban a Jerusalén y así lo solicitaban, siendo condición indispensable pertenecer a familias principales de Europa.
En el año 1.480, el Papa Inocencio VII decidió incorporar la Orden del Santo Sepulcro a la de Jerusalén y más tarde, el Pontífice Pío X se reservo el Gran Maestrazgo en el año 1.904.
En lo que toca al uniforme, con ligeros variantes según los países, es de paño blanco, con charreteras de coronal, espada y sombrero de dos puntas.
En la antigüedad existían tres clases de caballeros: De Honor y Devoción, los de Justicia y los de Gracia Magistral, nombrados por el Gran Maestre título honorífico. En la actualidad, la Orden se divide en tres grados: Caballeros, Comendadores y Grandes Cruces. En lo que se refiere a esta orden en España, hay que decir que al encontrarse el país en la época de la Reconquista, no había que salir de él para luchar contra los mahometanos. Claro que de esta labor se encargaban en alto grado los Caballeros Templarios hasta el punto que, en Cataluña, el conde soberano Ramón Berenguer III tomó el hábito de esta orden. En Aragón, el rey Alfonso I el Batallador quiso hacer otro tanto, pero eligiendo la Orden del Santo Sepulcro, y la instituyó heredera de su reino y dominios, conjuntamente con la del Hospital y la del Temple, según su testamento de 1.134.
He aquí como, de hecho, quedaban tres órdenes Militares como soberanas del reino de Aragón, hecho insólito no dado hasta entonces.
No obstante sus Maestres tuvieron el buen tino de declinar dicha soberanía sobre todo al comprobar que el reino se alborotaba por lo que decidieron ceder sus derechos al conde soberano de Barcelona Ramón Berenguer IV que así ceñía en sus sienes la Corona de Aragón.
Muy agradecido por la merced, el soberano catalán ingresó en la Orden del Santo Sepulcro, pero sin renunciar a la gobernación de sus Estados, con lo cual la citada orden quedó firmemente asentada en Cataluña. Las otras dos Ordenes Templarios y Hospitales, renunciaron asimismo a sus derechos sobre la corona de Aragón y el asunto quedó definitivamemte resuelto.
Los caballeros del Santo Sepulcro continuaron batallando contra los musulmanes hasta el punto que el rey Jaime I, el Conquistador los hizo objeto de grandes y ricas mercedes.
Para indicar la descendencia de la orden al Patriarca de Jerusalén, en las iglesias de esta Orden siempre se ostentaba en su fachada la cruz patriarcal de doble traviesa.
Por el breve pontificio de 1.907, el Papa Pío X se reservó el Gran Maestrazgo de la Orden, nombrando lugarteniente suyo al Gran Patriarca latino de Jerusalén.
El uniforme de los capitulares nobles de España consiste en la casaca blanca, con charreras de coronel y la cruz roja quíntuple en el pecho. Pantalón azul con franjas doradas. Sombrero bicornio. Para el oro: manto blanco con golilla y birrete negro. La capa de paseo y el manto ostentan también la cruz roja potenzada, con las cuatro cruces más pequeñas en los ángulos. La venera lleva como divisa la cruz patriarcal de doble traviesa.

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MensajeTema: Santo Sepulcro   Sáb Mar 15, 2008 7:40 am

Para interesados: http://www.ordencaballeriasantosepulcrojerusalen.es/

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MensajeTema: Orden Teutonica   Vie Mar 28, 2008 5:12 pm

Siendo el origen de esta Orden Militar las Cruzadas y originada por la atención que prestaron los caballeros teutones que en la misma participaron, entendemos que no está de más incluirla en la relación de dichas Ordenes que hemos venido desarrollando. Se trata de una Orden Religioso-Militar que en un principio fue conocida con el nombre de Caballeros Teutónicos del Hospital de Santa María de Jerusalén. La fecha de su creación se fija en el año 1.189, durante el asedio por los cruzados cristianos de la fortaleza de San Juan de Acre. Fue entonces cuando se elevó un hospital destinado para los cruzados teutones.

Ahora bien: en el año 1.198, los caballeros de esta nacionalidad se reunieron para estudiar y llevar a efecto, si existía acuerdo, la transformación del Hospital de Acre en una Orden Religiosa-Militar. Así se determinó, nombrandose a su primer Maestre, que fue Heinrich Walpot. El segundo paso fue la elección del hábito, decidiéndose que este fuera una túnica blanca con una cruz negra.

La idea original fue combinar los ideales hospitalarios de la Orden de San Juan, con los militares de los Templarios, constituyendo una fuerza de caballería noble destinada a la defensa de la fe. Este fue el proyecto original; pero finalizada su participación en las Cruzadas, los caballeros de la Orden Teutónica regresaron a sus tierras de origen y, en lugar de disolver una Orden que había nacido para combatir a los musulmanes en Tierra Santa, decidieron continuar su obra en los países del Norte de Europa y así fijaron su atención en las posibilidades que ofrecía la evangelización de los territorios situados al Este de Alemania.

Esto sucedió en el siglo XIII. Su primera acción fue acudir a Transilvania, emprendiendo una serie de acciones bélicas que finalizaron en estruendoso fracaso, ya que fueron expulsados de Hungría por Andrés II, rey de aquel país.

En el año 1.310, los caballeros de la Orden iniciaron la ocupación de Prusia, dirigidos por su III Gran Maestre, Herman Von Salza, intentaron entrar en la Pomerania desde donde se extendieron a Estonia.

La Orden concebida como Religiosa-Militar, se orientó casi exclusivamente a esta última ocupación, dado que una vez pacificada Prusia, extendieron su campo de acción a Livonia y Curlandia.

Fue precisamente en esta época cuando la Orden Teutónica se fusionó con otra Orden similar, aunque de menos importancia, los denominados Caballeros Portaespada. Las actividades de la Orden Teutónica, aunque proclamando siempre que estaban en defensa de la fe, lo que en realidad significaban era la total germanización de las tierras que iban ocupando, ya que se dedicaban a la fundación de nuevos núcleos de población y estos inevitablemente eran poblados por elementos germanos. Para este designio se utilizaba la táctica de la fundación de grandes ciudades, en detrimento de la poblacion autóctona, a la que se sometía en ocasiones a verdaderas matanzas, o deportándola de unas tierras que habían habitado durante siglos y que, en realidad, eran suyas.

En el año 1.291, la pérdida, por los cristianos, de San Juan de Acre, en Tierra Santa, cortó los últimos y ya muy débiles vínculos de los caballeros teutónicos con el espíritu de las Cruzadas y la capital de la Orden y sede del Gran Maestre se trasladó a Venecia hasta el año 1.309, en que se decidió instalarse definitivamente en Malborck, ciudad desde donde las altas jerarquías de la Orden dirigían todas las actividades de la misma.

Durante el siglo XIV, la Orden Teutónica alcanzó el período de su mayor expansión y sus posesiones vinieron a constituir algo así como un enorme estado monástico. Obtuvieron la posesión total de la Pomerania y adquirieron el puerto de Danzing, culminaron el dominio sobre Estonia y ocuparon la isla de Gotland. La política de esta Orden fue variando según pasaba el tiempo; si al principio fue una organización más en las Ordenes de Caballería destinadas a la defensa de la fe cristiana, pronto se demostró que, bajo este pretexto, lo que se iba llevando a cabo era una política de agresión sobre otros Estados a los que se deseaba germanizar. A partir de la segunda mitad del siglo XIV, se inició la decadencia de la Orden Teutónica.

La aparición de una fuerte potencia militar constituida por la unión de Polonia y Lituania significó un rudo golpe contra los intereses expansionistas de los caballeros teutónicos. Y la Orden sufrió, frente al rey Ladislao II, de Polonia una tremenda derrota en la batalla de Tannenberg de modo que al finalizar la guerra por la paz de Torun (1.466) la mayoría de los territorios que habían estado en posesión de la Orden Teutónica pasaron a depender de Polonia.

En el año 1.511 fue elegido su último Gran Maestre, Alberto de Brademburgo y aquí, en este preciso momento, es cuando se revela con toda claridad que los motivos que movieron a esta Orden en sus tiempos de expansión no fueron religiosos, sino políticos, ya que este Gran Maestre abandonó el catolicismo para adherirse a a la Reforma Protestante, secularizando la Orden, con lo cual se abandonó el ideal monástico para pasar a formar un Estado hereditario formado por las posesiones de los Hohenzollern.

En el año 1.525 se llevó a efecto la práctica desaparición de la Orden Teutónica. Ya nada quedaba de sus principios, de su misión en Tierra Santa, de sus carácter de Hospitalarios, en sus últimos años de existencia, los teutónicos se habían convertido en un ejército regular al servicio de la idea pangérmanica y nada más. En su primitiva organización, la Orden Teutónica comprendía a los caballeros, que eran los encargados de las misiones militares; los sacerdotes, de las espirituales y ritos de la fe y, una especie de legos que eran los encargados de servir a los primeros y los segundos.

Los componentes de los dos primeros grupos, caballeros y sacerdotes, estaban obligados a hacer votos perpetuos, en tanto que los legos podían abandonar la Orden cuando así lo creyeran conveniente.

En un principio, cada casa, o convento de la Orden, debía estar habitada por un Comendador, doce caballeros y seis sacerdotes, amén de un número indeterminado de legos. La Dirección General de la Orden correspondía a un Gran Maestre cuyo cargo era vitalicio. Ahora bien, las decisiones de este Gran Maestre estaban controladas por un Capítulo General formado por los Maestres provinciales (Armenia, Acaya, Lombardía, Apulia, Prusia, Livonia y Germania).

En la misma residencia del Gran Maestre de la Orden debían vivir los demás altos dignatarios, que eran, el Comendador, el Gran Mariscal, el Hospitalario y el Tesorero.

La realidad histórica obliga a dejar constancia de cómo, al amparo de lo que en un principio constituyó el mismo ideal que empujó a los cruzados a Tierra Santa, es decir, la defensa de la fe cristiana, acabó convirtiendo a esta Orden en algo totalmente distinto al pensamiento de sus fundadores.

Debilitado el espíritu de las Cruzadas, la Orden Teutónica no sólo se desentendió de cuanto pudiera suceder en Tierra Santa, sino que acabó convirtiéndose en un ejército, cuyo ideal, si así puede llamarse, fue el ir conquistando tierras, no para extender por ellas la fe, sino para irlas poblando de elementos germanos. La religiosidad se había convertido en política al servicio de un nacionalismo que nada tenía ya que ver con los primitivos orígenes de la Orden.

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MensajeTema: Toison   Vie Mar 28, 2008 5:13 pm

Esta Orden nació en una época en que la Casa de Borgoña se alzaba con gran fausto, orgullosa de su poder, pretendía convertirse poco menos que en árbitro de Europa. Felipe "el Atrevido" había recibido en feudo de su padre el rey de Francia, los Estados de Borgoña. Su hijo Juan, "el Intrépido", o "sin Miedo ', hombre muy soberbio, se mezcló en todo tipo de rencillas habidas durante la regencia de Carlos VI y con motivo de la estupidez del rey, al que se le juzga históricamente como un imbécil total, y los desvaríos de la reina, contando con la fuerza de su bando creyó que había llegado el momento de quitar de enmedio a su competidor para el Trono francés, el duque de Orleans, alzándose con el dominio de Francia. Ocurrió que el delfín francés fue más listo que él (a pesar de que por entonces sólo tenía dieciséis años) y lo citó para celebrar una pacífica entrevista. Juan "el Intrépido" no sospechó la posible encerrona, lo que le costó la vida porque en el lugar donde debía reunirse con el delfín, este lo hizo asesinar en su presencia y a la luz del día, sin el menor recato e importándole muy poco que hubiera numerosos testigos del crimen.

Sucedió al muerto en el dominio de los ricos Estados de Borgoña su hijo Felipe, apodado "El Bueno", joven de veintitrés años, tan orgulloso como su padre, muy bien parecido y con fama de inteligente y poseedor de un gran talento. Desde el primer instante tuvo por empeño vengarse de los asesinos de su padre. Su primera esposa era Micaela, hermana del delfín de Francia, promotor del crimen siendo su suegro, por tanto, el rey de Francia. Felipe apeló a todo para obtener justicia: Y así el Parlamento francés, la nación entera estuvo de su parte. De este modo, llevó la guerra a Francia cuyos habitantes en lugar de ofrecerle resistencia, lo fueron acogiendo con simpatía.

Hizo desenterrar el cadáver de su padre trasladándolo con gran pompa a Borgoña donde lo hizo enterrar en la catedral de Dijón, en un suntuoso sepulcro. Entretanto, el delfín, desterrado de la corte de París, consciente del peligro que le amenazaba, levantó tropas para oponerse a Felipe, mientras el rey de Francia, Carlos VI, continuaba sin apercibirse de cuanto ocurría, sumido en su imbecilidad.

Felipe de Borgoña iba rompiendo paulatinamente los lazos de vasallaje que unían Borgoña a Francia. Tras la muerte de su primera mujer contrajo segundo matrimonio con Viona de Artois, hija del poderoso conde de Nevers, lo que acrecentó su poder. Muerto el rey Carlos VI, ascendió al trono de Francia el delfín, con el nombre de Carlos VII. Pero la venganza entre éste y Felipe de Borgoña continuaba. El borgoñón, viudo por tercera vez, casó con con la hija de Juan I, rey de Portugal. Fue entonces cuando, en la cima de su poder, Felipe "el Bueno" creó la Orden del Toisón de Oro, como símbolo de su vanidad satisfecha al colocarse como monarca independiente de Francia y obligando al rey de aquel país, Carlos VII, a retractarse públicamente de cuantas ofensas le había inferido.

Crecieron los dominios de Borgoña, bien por alianzas, bien por medio de la conquista. Idolo de sus pueblos, murió Felipe sin que pudiera llevar a cabo el último ideal de su vida: organizar una cruzada contra los turcos.

La Orden del Toisón de Oro se fue concediendo a algunos príncipes y reyes extranjeros: en los Países Bajos, en Alemania y a los reyes de Aragón y de Navarra. Muerto Felipe "el Bueno" heredó el título de Gran Maestre y jefe soberano del Toisón de Oro, su hijo Carlos, al que la historia conoce con el sobrenombre de "El Temerario", Duque de Borgoña. La vida de este hombre justificó su apodo. La muerte le sobrevino ante las murallas de Nancy, en el año 1.477, plaza a la que había puesto sitio. Durante su vida, puso todo su empeño en potenciar la Orden del Toisón de Oro revistiéndola de gran pompa y aparato, concediendo los collares a aquellos monarcas extranjeros en los que buscaba las alianzas para sus ambiciosos planes.

Tras su muerte y por diversas vicisitudes que no hace al caso resaltar aquí, el Ducado de Borgoña pasó a poder de Francia, pero no así los Países Bajos donde el emperador germánico, Federico, impuso su dominio, reservándose la potestad de ser el supremo jefe de la Orden del Toisón de Oro, al tiempo que preparaba la sucesión del Imperio en la persona de su nieto, el más tarde emperador Carlos V de Alemania y rey de dicho nombre, I de España: pasando en el interín por Felipe "el Hermoso", padre del anterior.

Bien conocida es la vida del emperador Carlos V. Su venida a España, las revueltas de las Comunidades y las Germanías, su exaltación al Imperio, sus contiendas con la Santa Sede, sus guerras con Francisco I de Francia, sus empresas contra los infieles en Hungría, Argel y Túnez, sus negociaciones con los protestantes alemanes y finalmente su abdicación nacida de la enfermedad, en la persona de su hijo Felipe II.

He aquí como la Orden del Toisón de Oro, nacida en Borgoña vino a parar a un rey español que se constituyó, por la herencia paterna, en su jefe supremo.

Durante la época de Carlos V recibieron el collar de la Orden del Toisón de Oro muchos reyes, príncipes y altos señores de la nobleza. Los reyes de Portugal, de Escocia, de Polonia y de Dinamarca, los soberanos del Palatinado, de Sajonia, de Baviera, de Brandeburgo y de Nassau. Los representantes de las casas de Farnesio, Médicis, Gonzaga y Saboya, el célebre Andrea Doria, el duque de Egmont, el marqués del Vasto, el duque de Alba y el rey de Francia Francisco I.

De siempre, el emperador Carlos V tuvo mucho cariño a la Orden del Toisón de Oro, por ser de Flandes, donde nació y fue educado.

Con la muerte de Felipe II se inició lo que ha dado en llamarse la decadencia española. Tal cosa repercutió en la Orden del Toisón de Oro que, conforme iba abandonando su condición de flamenca tomaba la insignia o estandarte de la religión y de bando en la prolongada lucha que dividía a Europa entre católicos y protestantes.

Concluyó como cuerpo independiente y con facultades propias. No volvieron a reunirse sus Capítulos y finalmente quedó reducida a un premio de lealtad, recompensa de servicios, trofeo de victorias, ya casi nada flamenca y enteramente española.

Tres innovaciones se llevaron a efecto en la Orden, ya bajo la soberanía del rey de España Fernando VII: La primera, la admisión en ella de personas no católicas, la segunda la concesión de entrada al Tocador de la Reina (y por tanto en la Real Cámara) y la tercera, la creación de una insignia o distintivo para los miembros del Toisón de Oro.

Hoy en día, de igual manera que se han reducido los privilegios de la Orden, se han ido simplificando las formalidades exigidas en la misma. Otorgarla sólo depende del jefe supremo de la misma, efectuándose el nombramiento por medio de un Real Decreto. Aquel a quien ha sido otorgada queda exento de prestar juramento, pero continúa siendo tan codiciada como en los ya lejanos tiempos en que fue instituida por Felipe "el Bueno", Duque de Borgoña

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MensajeTema: Maestranza   Vie Mar 28, 2008 5:14 pm

Que el Estado es el que promocionó estas corporaciones. No nacieron debido a la iniciativa privada sino a una conveniencia por parte del Estado de que la nobleza no fuera solamente cortesana, sino que se ejercitase en el manejo de las armas y la equitación. Hay que tener en cuenta que en los ejércitos del siglo XVI, el arma preponderante en las batallas era la caballería y se consideraba que era ésta, y no los infantes, la que decidía la victoria o la derrota en el combate. Los hombres de a pie los denominados "piqueros" así llamados por ir armados con picas, era el complemento, pero la fuerza que iniciaba la batalla era siempre la caballería. De ahí, que los reyes quisieran disponer siempre de una buena masa de jinetes bien entrenados y dispuestos para la guerra pero, al mismo tiempo, muy ahorrativos, que fueran los jinetes quienes se encargaran de la manuntención de sus caballos.

No se trataba de formar escuadrones de caballería compuestos por soldados de paga, sino que todo le saliera gratis a la Corona. La fórmula estudiada no carecía de ingenio: ilusionar a los jóvenes nobles para que se entusiasmaran ante la posibilidad de formar parte de un cuerpo de honor, halagando su orgullo de caballeros dispuestos a dar la vida si era necesario por la persona de su rey y la integridad de su patria. Por tanto, se comenzó dando a estas corporaciones cierto sentido religioso, como si fueran cofradías, y así, sufragaban ciertas celebraciones religiosas, como las fiestas de los Santos Patrones, titulares en espectáculos destinados a fomentar el deporte, si así puede llamarse en la época, al tiempo que el manejo de las armas, en los que se ejecitaban los caballeros jóvenes.

Las Reales Maestranzas se organizaban al estilo seguido por las cofradías: Hermano mayor, cargo que siempre era reservado al Monarca, maestro fiscal diputados, secretario, portero y capellán, aunque también existía un cargo con denominación marcial como el denominado "comisario de clarines". Todo esto ocurría en un tiempo en que las Ordenes Miliares, una vez conseguida la reunificación española, habían terminado su misión histórica que fue, como se sabe, la lucha contra los árabes invasores de la península, y la defensa de la religión cristiana. Pero si ya no quedaban sarracenos a los que combatir, el reino si que seguía empeñado en otras guerras aun con monarcas cristianos de otros países y era preciso, por tanto, contar con una fuerza armada hábil en el manejo del caballo y las armas. Las Ordenes Militares basaban su existencia, como ha quedado dicho, en la lucha contra los enemigos de la fe cristiana. ¿Cómo justificar que se empeñaran en combate contra las tropas de otro rey cristiano, por ejemplo el de Francia?. Cierto que las Ordenes Militares conservaban su gran importancia nobiliaria, pero su tarea guerrera había terminado y por tanto había que dar paso a otras corporaciones de carácter militar que suplieran a las Ordenes Militares que, aunque no de carácter tan duro y abnegado como aquellas, cumplieran la función militar. Al mismo tiempo se halagaba a la nobleza mediante la concesión de títulos y honores y venía a constituir un vínculo entre las clases nobiliarias de las distintas regiones de España. Fue por iniciativa del rey Felipe II por la que se creó la primera Real Maestranza. Fue este monarca quien mandó expedir, en la ciudad de Ronda, una Real Cédula fechada en Madrid a 6 de septiembre de 1.572 en la cual se aducía que los caballeros estaban sin armas ni caballos y con un casi nulo conocimiento de las artes militares, por lo que determinaba que se juntasen para constituir una cofradía, bajo la advocación de algún santo al objeto de celebrar justas y torneos, así como otros ejercicios militares

Los caballeros rondeños celebraron Junta el 3 de agosto de 1.573 y consecuencia de ella fue la creación de la Maestranza de Caballería eligiendo como patrona a Nuestra Señora de Gracia, en el Misterio del Dulce Nombre de María, obligándose todos a la defensa de la Inmaculada Concepción de la Virgen.

Quede constancia, pués, que la primera Real Maestranza de Caballería se constituyó en la ciudad andaluza de Ronda. Su número de componentes ha venido siendo ilimitado, sin requerirse ser natural o vecino de dicha ciudad para ser admitido, pero sí jurar y comprometerse a acudir a ella cuando fuera llamado.

evilla, al tener conocimiento de la constitución de esta primera Real Maestranza de Caballería, se apresuró a seguir la iniciativa rondeña, instituyendo una cofradía bajo la advocación de San Hermenegildo. Pero la verdad es que esta Maestranza por diversas causas, no tardó en disolverse. No por eso, los caballeros sevillanos se desanimaron y en 1.670 formaron una Junta de la nobleza para formar y fomentar la equitación "a la jineta". Como primer acuerdo se tomó el de nombrar por Patrona a Nuestra Señora del Rosario. Al siguiente año, redactaron las ordenanzas que fijan la fecha de la constitución de la Real Maestranza de Sevilla, cuyos miembros lucharon bravamente y con heroicidad oponiéndose a la armada inglesa. Al estilo de la rondeña, la Maestranza Sevillana no puso límite al número de sus caballeros. La iniciativa de ambas ciudades andaluzas estimuló el deseo de otra ciudad del Sur, Granada, de seguir su ejemplo y así en el año 1.686 constituyó su Maestranza bajo la advocación de Nuestra Señora del Triunfo. El rey Carlos III, a la sazón ocupante del trono español, puso a esta Maestranza bajo su protección siendo el número de sus caballeros también ilimitado.

En aquel tiempo, Valencia, se decidió también a fundar su propia Real Maestranza lo que se hizo en el año 1.697, admitiéndola el rey Fernando VI bajo su protección y queriéndola honrar se nombró a sí mismo Hermano Mayor de la misma. Ya en tiempos del rey Fernando el Católico existía en Zaragoza una cofradía de San Jorge formada por la nobleza de la ciudad, pues por Real Privilegio de 24 de mayo de 1.505, Fernando había confirmado los estatutos sometidos a su consideración. Sintió la capital aragonesa el deseo de contar con una Real Maestranza basándose en la antigua cofradía antes citada y con fecha 10 de Octubre de 1.819 decidió su transformación en Maestranza y teniendo en cuenta el favor real con que contaba Zaragoza por su comportamiento en la guerra de la independencia, la Corona le concedió el oportuno permiso, siendo nombrado Hermano Mayor el Infante don Francisco de Paula hermano de Fernando VII.

Para el ingreso en las Maestranzas se requieren ciertas condiciones: La primera ser ciudadano español, luego, profesar la fe católica, probar la nobleza e hidalguía de sus cuatro primeros apellidos, excepto la de Ronda que tan sólo pide dos. En el caso de que el pretediente sea casado, es preciso de probar la nobleza o hidalguía de los dos primeros apellidos de la esposa, acreditar una conducta moral intachable y no conocérsele deudas. Con el tiempo, esas corporaciones, al igual que sucediera con las Ordenes Militares, dejaron de tener uso militar, convirtiéndose en meramente nobiliarias y en el uso del uniforme: La Maestranza de Ronda lleva como uniforme casaca y pantalón de paño azul, con cuello, solapa y chupa encarnada. La de Sevilla utiliza casaca encarnada, chupa, vueltas y pantalón azul y el sombrero es de galón. El uniforme de la de Granada es por el estilo de las demás, en azul y blanco. Valencia lleva por uniforme casaca y pantalón azul turquí, vueltas y solapas de grana y sombrero apuntado con galón. La Maestranza de Zaragoza tiene concedido uniforme que consiste en casaca de paño azul turquí, pantalón del mismo color y sombrero con pluma. Como complemento, todos los uniformes llevan espada, con la empuñadura ornamentada.

La caballería, arma vital en las batallas de aquellas épocas y que en gran parte dependían de los señores feudales, fue sustituida por las Reales Maestranzas dependientes de la corona.

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"El soldado que reviste su cuerpo con la armadura de hierro y su espíritu
con la coraza de la fe, ése es el verdadero valiente y puede luchar
seguro en todo trance.
(Elogio de la nueva milicia templaria, 1130-1136, San Bernardo de Claraval) "
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MensajeTema: cansino   Vie Mar 28, 2008 5:17 pm

Os mando un indice de las ordenes que conozco, veo que no tiene mucho exito mi post para estudiosos,je,je,je pero yo sigo machacandoos la chaveta.

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"El soldado que reviste su cuerpo con la armadura de hierro y su espíritu
con la coraza de la fe, ése es el verdadero valiente y puede luchar
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MensajeTema: Ordenes Españolas   Vie Mar 28, 2008 5:27 pm

Aguila Blanca Ala de San miguel Anunciata (Relig.) Aubrac Borbon
Aguila Negra Alberto el Oso Anunciata (Caball.) Avis Borgoña
Aguila Roja Alianza Asiática de moral univ. Azucena Baronets de Inglaterra
Aguila de Oro Amaranto Armiño (Aragón) Baño Briciana
Aguila de Italia Amor del Prójimo Armiño (Bretaña) Banda Beneficiencia
Casco de hierro Calza Cardo Caridad cristiana Carlos XIII
Carlos III Cabeza de muerto Cincinnati Concordia (Cast y Leon) Concordia (España)
Constancia civil Cordero de Dios Concepción Cordón amarillo Cordón de S. Francisco
Creciente (Sicilia) Creciente (Turquia) Creciente (Francia) Cristo (Italia) Cristo (Alemania)
Cristo (Portugal) Constantiniana de S. Jorge Chipre Civil de Saboya Collar celestial del S. rosario
Concep. de la V. Maria Corona Corona de amor Corona de encina Corona de hierro
Corona de Sajonia Corona de Wurtemberg Corona real Cruz blanca Cruz de hierro
Cruz de Jesucristo Cruz del sud Cristo de Roma Cisne (Prusia) Cisne (Cléveris)
Cruz de Julio Cuatro Emperadores Dama de la Banda Damas del Hacha Damas esclavas de la virtud
Damas para honrar la cruz Danebroch Dos Sicilias Devanadera Dobrin
Doge Dragón derribado Diamante Dos espadas de Jesucristo Dux
Encina Escama Escudo de oro Elefante Espada (Holstein)
Espada (Chipre) Espiga Espiritu santo (Francia) Espiritu santo de Montpeller Espiritu santo de Saxia
Espiritu santo (Napoles) Espuela Espuela de oro de Roma Estola Estrella (Francia)
España Estrella polar Estrella (Aragón) Estrella (Sicilia) Estrella de Nª Señora
Estrella roja Enrique el Leon Espejo Fidelidad Fidelidad (Baden)
Fidelidad (Dinamarca) Fortuna Francia Francisco I Federico
Flor de Lis (Francia) Frisia Flor de Lis (E. Pontificios) Fenix Felipe el Magnánimo
Generosidad Grifo Güelfos Guillelmo Gloriosa Virgen Maria
Guillotina Halcón blanco Hierro de oro e hierro de plata Her. hospitalarios de Burgos Hospitalarios de Aubrac
Integridad alemana Isabel II (España) Isabel (Baviera) Isabel-Teresa (Austria) Isabel la Católica
Vaso de la Virgen Jardín de los olivos Jarretiera Jesucristo Jesús-María
Lazo Lago Legión de honor León (?) Leopoldo (Bélgica)
Leopoldo (Austria) León Palatino (Baviera) León de Limbourg-Luxembourg de Holstein León de oro Lirios
Lis Livonia Luis (Baviera) Libertadores de Venezuela León de Zahringen
León neerlandés León (Nápoles) Luis ( Hesse-Cassel) Luisa Luisa Ulrica
María Luisa María-Leonor María Teresa Mártires Maximiliano José
Mérito civil (Wurtemberg) Mérito civil (Sajonia) Mérito civil (Prusia) Mérito civil de la corona de Baviera Mérito de Pedro-Federico-Luis
Mérito de San Miguel Mérito militar (Polonia) Mérito militar (Wurtemberg) Mérito militar (Prusia) Mérito militar (Hesse-Cassel)
Mérito militar de Carlos-Federico (Baden) Medjidie Montegaudio Mosca de miel Marta
Necios Navío Nave Nichan Nichan Iftikar
Noble pasión Nombre de Jesús Nª Señora de Belén Nª Sª de la Concepción de Villaviciosa Nª Sª de las Mercedes (Barcelona)
Nª Sª de las Mercedes (Aragón) Nª Sª de Loreto Nª Sª de Gracia Oso (Alberto el Oso) Oso (Alemania)
Paz Pasión de Jesucristo Pabellon Pedro Paloma
Perro Perseverancia Pio IX Parasol de seda y oro Preciosa sangre
Puerco-espim Porta-cruz Principados de Hohenzellern Probidad-Alemana Perro y Gallo
Razón Rosa Reunión Rosario Redención
San Alejandro Newski Salvador del mundo Salvador San Salvador San Ambrosio ad nemus
San Andrés San Antonio (Etiopia) San Antonio (Baviera) San Antonio de Viena San Blas y la Sª Virgen
San Cosme y San Damian San Enrique San Estevan Santo y apostólico rey Estèvan San Fernando
San Fernando y del mérito militar San Genaro San Gilberto San Hermenegildo San Humberto
San Humberto de Lorena San Gereon San Gregorio el Magno San Jorge (Alemania) San Jorge (Génova)
San Jorge (Ravena) San Jorge (Rusia) San Jorge (Borgoña) San Jorge defensor de la Inmaculada Concepción San Jorge de la reunión
San Jorge y del mérito militar San Javier San Juan Bautista y Santo Tomás San Juan de Letrán San Joaquín
San José San Luis San Luis del mérito civil San Marcos San Mauricio
San Miguel (Francia) San Miguel y San Jorge San Miguel (Baviera) San Olavo San Patricio
San Pablo San Pedro San Ruperto San Sansón de Constantinopla y Corinto Santa Catalina
Santa Catalina del monte Sinaí Santa Magdalena Santa María del Cardo Santa María (Castilla y Leon) Santa María (Italia)
Santa María de Mérida Santiago (Holanda) Santiago del paso alto Santo Sepulcro (Inglaterra) San Estanislao
Santo Tomás Becquet San Uladimiro Santa Redoma Santa Ana Santa Brígida
Santa Isabel Serafines Sinceridad Sol de Persia y del León Tesoro Tabla redonda
Torre y Espada Trujillo Tusín
Unión de Holanda Unicornio de oro Virgen Wasa Westfalia Wladimiro

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MensajeTema: Re: Ordenes militares   Vie Mar 28, 2008 5:29 pm

Eston son nombres de algunas ordenes Españolas que alguna vez existieron o lo siguen haciendo en la actualidad.
Seguire con mi investigacion.

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MensajeTema: Re: Ordenes militares   Vie Mar 28, 2008 8:08 pm

¿Que no tiene éxito dices?

Jo, pues por mi parte cada vez que añades algo me lo copio para leerlo con calma...

¡Sigue pa'lante que te lo estás currando!
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MensajeTema: Re: Ordenes militares   Lun Mar 31, 2008 5:22 pm

Asi tendras para leer en oriente je,je,je. Gracias por el apoyo y tu ayuda con los facsimiles.

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Petrvs Ximenez



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MensajeTema: Re: Ordenes militares   Lun Jul 14, 2008 9:31 am

La verdad es que resulta muy interesante, pero cuesta empezar debido al tamaño del contenido. No te desanimes, aunque es una labor ardua y costosa se lee con muchas ganas (Como comentaba Admin).
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MensajeTema: Re: Ordenes militares   Mar Jul 15, 2008 3:25 pm

Esto es lo que he encontrado sobre tu orden, me ha interesado mucho, pues segun se dice es la orden de caballeria mas antigua de España.
Seguire investigando, nos vemos bajo la cruz y la espada.

El rey Don García de Nájera ( García III Sánchez de Navarra) quiso engrandecer su monasterio de Santa María la Real de Nájera dotándolo de "muchas y crecidas rentas, de iglesias, villas y pueblos, ennoblecido con muchas reliquias de Santos", e instituyendo y fundando la orden militar de caballeros de La Terraza, en honor de la Virgen.
La divisa de dicha orden, una jarra de azucenas de oro pendiente de un collar, también de oro, tiene como origen la jarra de azucenas, que adornaba el altar de la cueva, donde, el propio rey Don García,en un lance de caza, encontró la imagen de Nuestra Señora, y que dió lugar a la fundación de este monasterio de Santa María la Real, a mediados del siglo XI.
( terraza: jarro de barro para beber agua [Diccionario crítico etimológico castellano e hispánico, J.Corominas y J.A.Pascual, Gredos 1983]).

Dice la historia que mandó labrar ricamente, Don García, "muchos collares de finísimo oro y otras tantas jarras de azucenas de lo mismo pendientes de ellos. Luego hizo llamamiento de las personas de más calidad de sus reinos, y habiendo ordenado, que señaladamente se juntasen a 25 de Marzo, fiesta de la Anunciación,en la iglesia de Santa María la Real, despues de celebrada la misa con mucha solemnidad, para que esta divisa e insignia fuese tenida en más estima, el mismo señor Rey se puso el primer collar y jarra de azucenas de él pendiente, y luego lo dió a cinco hijos suyos echándoselo por sus manos mismas al cuello, que fueron los dos Sanchos que le sucedieron en el reino, y el infante Don Ramiro señor de Calahorra, de Torrecilla de los Cameros y de Ribafrecha y sus villas, y el infante Don Fernando Señor de Jubera y Lagunilla, y el infante Don Ramón señor de Murillo y Agoncillo. Y después por el mismo orden lo fue dando a muchos caballeros de cuenta a quienes quiso honrar y favorecer con aquella divisa aquel día, entre los cuales fueron señaladamente Don Garcí Sanchez y Don Iñigo Sánchez, hijos de Don Sancho López V señor de Vizcaya que se hallan confirmando privilegios de este señor Rey por el año de 1046".
Una de las obligaciones que tenían que cumplir estos caballeros era asistir a los oficios de visperas y misa de las fiestas de la Virgen, especialmente la Anunciación, revestidos con la divisa de la orden.
La muerte de Don García "y la turbación que hubo en las cosas de aquel reino...retardó por entonces, y aún por muchos años el efecto de su acrecentamiento.."

En 1403 volvió a refrescar la tradición Don Fernando infante de Castilla, llamado de Antequera; que en Medina del Campo, a 15 de Agosto, fiesta de la Asunción de Nuestra Señora, como hiciera Don García de Nájera, entregó a sus hijos la divisa "... al infante Don Alonso que después de su padre fue rey de Aragón...,el segundo dío al infante Don Juan, que fue rey de Navarra por su mujer Doña Blanca, y asimismo rey de Aragón, después que murió su hermano Don Alonso, en tercer lugar le dió al infante Don Enrique, gran Maestre de Santiago, en cuarto lugar al infante Don Sancho, que fue Maestre de Calatrava, y en quinto a Don Pedro...,y en honrando a sus hijos con esta divisa esclarecida de la Virgen, le fue dando por su orden a muchos caballeros válidos suyos".
Más tarde en la rendición por las armas de la ciudad de Balaguer, siendo ya Don Fernado rey de Aragón, entregó la divisa a ochenta caballeros castellanos y aragoneses que se habían distinguido en la batalla, añadiendo en esta ocasión a la Jarra de Azucenas un grifo (animal mitológico, mitad águila, mitad león) que la tenía asida.
Llegó a ser estimada en toda Europa, donde la portaron con orgullo el emperador y los más principales de Alemania, Austria, Hungría y Polonia.
Según las tradiciones griálicas más remotas de la península Ibérica, encontramos evidententes connotaciones de este tipo en en esta orden de la Terraza o de la Jarra.
Este relato supera los limites de la leyenda y se adentra de lleno en la historia, y también en el de las significaciones iniciáticas. Como inmejorablemente refiere Atienza, "Ahí está la caverna, la ancestral virgen negra Madre primordial, la destrucción de la enemistad de los opuestos –paloma y alcor- y la simbología arcaica del recipiente griálico hecho enseñanza de fines trascendentes. Ahí está el soberano descubriendo el secreto del vaso sagrado y convirtiéndolo en enseña de una Orden Solar de la que tendrían que formar parte los grandes caballeros del mundo medieval. Y ahí están los monjes de San Benito –blancos o negros- guardando el lugar sagrado, dándole sentido y configurando la leyenda esotérica en los límites estrictos de la ortodoxia. Ahí está, en el monasterio de Santa María la Real, la cueva que nace a los pies del templo y los sepulcros de los reyes e infantes de Navarra custodiándola. Están la iglesia cisterciense, sobria; y la virgen y la jarra griálica en el altar mayor y todos los símbolos de la iniciación en las ménsulas y en los capiteles del claustro de los Caballeros y las medidas exactas, escalofriantes de grandeza, del templo".
Esta orden de auténticos custodios del Grial agrupó en su seno a una nueva Tabla Redonda de Caballeros entregados a la defensa y protección de aquel prodigio y de su manifestación inmediata: la imagen de Nuestra Señora y el recipiente sacro; un soterraño grialismo que desde entonces constituye el símbolo específico del ideario de aquel lugar.
Modernamente los Caballeros de la orden de la Terraza se reunen una vez al año en el Monasterio de la Virgen de Valvanera, en los Montes Distercios, donde renuevan su fidelidad a la Virgen, personalizada en la imagen de la patrona de La Rioja, la Virgen de Valvanera.
Como dato anecdótico podemos reseñar que la Orquesta de Laudes españoles de Nájera ha tomado para su denominación el nombre de esta orden, La Orden de la Terraza.

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Petrvs Ximenez



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MensajeTema: Re: Ordenes militares   Mar Jul 15, 2008 3:51 pm

Aporto mi granito de arena con la leyenda:

Cuenta la leyenda que el rey estaba de caza con su azor cuando volando tras una blanca paloma desapareció entre la maleza. El rey tras ellos terminó por encontrarlos dentro de una cueva. A un lado se encontraba el azor y al otro la paloma, ambos fascinados por una pequeña imagen de la Virgen Maria. Y bajo ella una ofrenda en forma de jarra (o terraza.- como se decía anteriormente) con azucenas. Ni el azor ni la paloma se inmutaron, parecían fascinados por la imagen. Entendiendo tal situación como una actuación divina el rey Garcia Sanchez decidió contruir un monasterio sobre la cueva, este monasterio se llama Iglesia de Santa Mª la Real, se encuentra en La Rioja. Pero no solo contento con esto sino que además creó la más antigua institución nobiliaria y caballeresca de la Península Hispánica, La Orden de la Jarra. Esta distinguía a los nobles por su valor o por su devoción al monarca o a la Virgen.
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Ximeno Marco de Celaya



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MensajeTema: Re: Ordenes militares   Jue Sep 25, 2008 5:25 pm

Siguiendo con mi post, me gustaria incluir una cronologia lo mas cercana que me ha sido posible a mis caballeros de la "blanca capa":

Cronologia Templaria I :

1095- Urbano II proclama la I Cruzada.

1099- I Cruzada: Godofredo de Bouillon toma Jerusalén.

1118- Hugues de Payens y ocho caballeros se asocian con el objetivo de proteger a los peregrinos en Tierra Santa y comparecen ante Balduino II para fundar la Orden del Temple. Hugo de Payens se perfila como el primer Gran Maestre de la Orden. Muerte de Godofredo de Bouillon.

1119- Coronación de Balduino como Rey De Jerusalén.

1120- La cofradía adopta el nombre de "Pobres Caballeros de Cristo del templo de Salomón"

1128- Los Templarios son encargados del castillo fronterizo portugués de Soures
Concilio de Troyes. Aprovación oficial de la Orden por el Papa.
La Orden aparece como un elemento regular del ejército del reino de Jerusalén.
Templarios en Aragón.
De Laude Novae Militiae de Bernardo de Claraval.
Templarios en Navarra
1134- El rey Alfonso I de Aragón muere dejando su reino en mano de hospitalarios, templarios y los canónigos del Santo Sepulcro. El pleito se solucionará en 1143 afirmando el papel de la Orden.

1136- (24 may.) Muere Hugo de Payens; le sucede Robert de Craon. Los Templarios se establecen en la Marca de Amano, al noreste de Antioquia.

1138 -Primer hecho de armas en Tierra Santa derrota en Teqoa frente a los turcos. Los templarios son exterminados.

1139 -Omne datum optimum, bula del papa Inocencio II en el Primer Concilio de Letrán que dota a la Orden de numerosos y exclusivos privilegios.

1142 -Los templarios reciben el emblema de su cruz.

1143 -Balduino III es rey de Jerusalén.

1144 -Nuevas bulas de Inocencio II, Milites templi y Militia Dei, entre estos nuevos privilegios se les permite construir castillos y oratorios propios.

1146 -San Bernardo predica la Segunda Cruzada en Vezelay.

1147 -1149.- Segunda cruzada(13 ene.) La fortaleza de Kaawat-Rawaah en España es tomada y otorgada al Temple.

1148 -Euvard des Barres, Maestre de la Orden, y sus templarios salvan al rey Luis VII en el monte Kadmos. El Papa Eugenio III fija el hábito del Temple y le otorga la Cruz Roja Paté.

1149- Otorgamiento de Gaza a los Templarios.

1153 -Toma de Ascalón y muerte del Maestre Bernard de Trémelay y cuarenta de sus templarios.

1156 -Acuerdo de Balduino de Jerusalén con Pisa. Batalla del lago Merlón. El Maestre es tomado prisionero. Nuevo Gran Maestre del Temple Bernard de Blanquefort.

1157 -La renuncia templaria a defender la plaza castellana de Calatrava provoca la creación de la Orden Militar de Calatrava. Tortosa (en Siria) confiada a los templarios.

1162 -Amaury rey de Jerusalén.

1163 -Expedición de Amaury contra los Fatimídas del Cairo. Acuerdo con el Sultán en defensa de Antioquia.

1164 -Pérdida de Arins en Belvias.

1166 -Doce templarios son ajusticiados por haber entregado una fortaleza al Islam.

1167 -Liberación de la fortaleza de Belvias de los musulmanes.

1172 -Embajada de Ísmaelitas a Jerusalén y asesinato del embajador por el Temple.

1174 -Balduino IV rey de Jerusalén. Saladino sitia a Aleppo.

1176 -Segundo sitio de Aleppo por Saladito.

1177 -Ochenta templarios participan en la batalla de Montgisard, ganada a Saladino por Balduino IV, rey de Jerusalén.

1178 -Construcción de la fortaleza del Paso (Vado) de Jacob.

1179 -Saladino toma el castillo del Paso de Jacob.

1183 -Desastre en Séphonie.

1184 -Gerard de Ridefort, nuevo Gran Maestre del Temple.

1185 -Muere Balduino IV.

1186 -Guy de Lusignan rey de Jerusalén

1187 -Batalla de las fuents de Cresson. Devacle en la batalla de Hattin. Saladino toma Jerusalén.

1188 -Pérdida de Gaza.

1189 -Muere Gerard de Ridefort en el sitio de Acre. Tercera Cruzada (>1192)

1190 -Creación de la Orden Teutónica, confirmada en 1196.

1191 -Capitulación de Acre. El Temple traslada su cuartel general a dicha ciudad. Ricardo Corazón de León vende Chipre a los Templarios. Guerra intermitente entre los Templarios y León de Armenia por la Marca de Amano.

1192 -Conrado de Montferrat es asesinado. Los Templarios le venden Chipre a Guy de Lusignan.

1202 < 1204. -IV Cruzada, acabará tomándose Constantinopla; estableciendo un rey latino.

1204 -Nueva tregua de seis años con los musulmanes. Templarios en Grecia.

1208 -Maestre del Temple propone al Hospital y a los Teutones una tregua de cinco años con los musulmanes.

1209 -Inocencio III proclama la cruzada contra los albigenses (>1229)

1212 -Batalla de las Navas de Tolosa. Participación de todas las Órdenes Militares en la península.

1215 -Segundo Concilio de Letrán, bajo la autoridad de Inocencio III. Se proclama la V Cruzada (1217-1221).

1216 -Los templarios, junto con las otras OOMM participan activamente en las campañas portuguesas

1218 -(9 may.) Cruzados desembocan en el Nilo con la flota Templaria. (20 may.) Los francos ganan un combate naval contra los egipcios. (24 ago.). Los templarios construyen el castillo de Atlit o del Peregrino.

1219 -Pere de Montagut, nuevo Gran Maestre del Temple. Conquista de Damieta en el delta del Nilo.

1220 -Federico II Staufen es coronado emperador en Roma. Invasión Móngola.

1228 -Federico II parte hacia las "cruzadas". Federico II pacta con el sultán al-Qamil la entrega de Jerusalén (no se puede fortificar, no OOMM), sin que haya derramamiento de sangre. Los templarios participan en la conquista de Mallorca por Jaime I de Aragón. También lo harán en la campaña de Valencia.

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MensajeTema: Re: Ordenes militares   Jue Sep 25, 2008 5:32 pm

Cronologia Templaria II:

1230 -Templarios en Bohemia. La Orden de los Caballeros Teutónicos se extiende a Prusia.

1236-1248 -campaña andaluza de Fernando III. Participación de las OOMM.

1237 -Fuerte derrota templaria al intentar recuperar su castillo de Darbsak (en Antioquía)

1239 -Cruzada de Teobaldo de la Champaña.

1240 -Inicio de la reconstrucción de Safad. Cruzada de Ricardo de Cornualles.

1241 -Irrupción mongola en Levante y Europa Occidental (Hungría). Batallas, en este frente, de Leignitz (Al) y Mohi.

1244 -Luis IX de Francia toma la cruz. Desastre de la Forbie, el 17 de octubre; en el asedio de Gaza de 348 templarios sólo escapan 36. Pérdida definitiva de Jerusalén

1248 -Luis IX embarca en la VII Cruzada (San Luis). Campaña en Egipto y Palestina (>1254)

1250 -(6 abr.) San Luis es tomado prisionero tras la derrota de Mansurah.. Damieta devuelto a los musulmanes; San Luis liberado al pagar 200.000 libras. El 8 de febrero, Guillaume de Sonnac, Maestre de la Orden, muere en la batalla.

1252 -Luis IX firma una tregua de quince años con los egipcios.

1253 -Ataque a Sidón.

1254-1258- Guerra civil de St. Sabas en Acre. Las OOMM forman parte del conflicto.

1260 -Mongoles derrotados por el sultán mameluco Baybar en Ain Jalut. Los cruzados adquieren Sayette y Beaufort.

1265 -(27 feb.) Toma de Cesárea por los musulmanes. (26 abr.) Toma de Arsuf.

1266 -Pérdida de Saphet ante Baybars.

1268-Pérdidas de Jaffa, Beaufort, Banyus, Antioquía, Gastein. Regla Catalana de los Templarios.
Barcos del Temple, Hospital y Calatrava acompañan a Jaime I en su fallida cruzada a Tierra Santa.

1270 -Da comienzo la II cruzada de San Luis (Túnez). Eduardo de Inglaterra desembarcará en Tierra Santa.

1274 -En el concilio de Lyon, al que asiste el Maestre del Temple, se intenta la primera unión de templarios y hospitalarios.

1282- La Orden se divide entre los que apoyan a Alfonso X o a su hijo en la guerra civil castellana.

1289 -Captura de Trípoli por los mamelucos.

1291 -Caida de San Juan de Acre y pérdida definitiva de Tierra Guillaume de Beaujeu muere en el asedio de Acre y la élite de la Orden es aniquilada. Teobaldo de Gaudin nuevo Gran Maestre del Temple. Se evacúa Tortosa, Sidón y el Castillo del Peregrino. Cuartel trasladado a Chipre.

1292 -Regreso a Francia de los Templarios sobrevivientes. Capítulo General de Montpellier.

1294 -Jacques de Molay, último Gran Maestre del Temple.

1300- Nuevo préstamo del Temple de 50.000 libras a Felipe el Hermoso. Ruad ocupada.

1301 -Entrevista de Molay con Ramón Llull en Chipre.

1302 -Los templarios pierden la isla fortificada de Ruad, última posesión en Levante.

1309 -Ante la persecución en Francia, grupos de templarios se encastillan por toda Europa

1310- cincuenta y cuatro templarios son ajusticiados en las proximidades del convento de Saint-Antoine, por orden del monarca de Francia.

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MensajeTema: Re: Ordenes militares   Jue Sep 25, 2008 5:34 pm

Cronologia Templaria III:

En el Concilio de Vienne, entre el 16 de octubre de 1311, y el 3 de abril de 1312 el Papa anunció la supresión del Temple. Los teólogos del concilio eran casi todos franciscanos y dominicos, y ambas órdenes se distinguían por su animosidad y envidia contra los acusados. Antes, los secuaces del rey francés habían recurrido de nuevo a las torturas y nuevamente afloraron las confesiones de adoración demoníaca, prácticas sodomitas y de otros pecados demenciales. La pantomima se había preparado meticulosamente, con ensayo previo incluido y no parecía que nada pudiera fallar a la hora de llevarse a cabo ante el público. Sin embargo, los primeros acusados que se presentaron ante el tribunal defendieron al Temple y amenazaron con poseer un ejército de dos mil Templarios escondido y listo para liberarles, pero ningún ataque se produjo, y por ello los siguientes meses, como nadie se ponía de acuerdo para escoger a los defensores de los Templarios (Jacobo de Molay renunció a ello por ser analfabeto) se parecieron más al teatro que deseaban los detractores de la Orden. A puerta cerrada, los "actores" representaban los papeles que se les habían asignado, sin despertar ninguna emoción. La bula de supresión, Vox in excelso, se firmó el 22 de marzo y se leyó el 3 de abril públicamente.

Por la bula Ad providam, el 2 de mayo de 1312, Clemente V otorgó los bienes de la extinta orden a los caballeros de San Juan de Jerusalén, es decir los Hospitalarios, pero no pudo evitar la depredación por parte de Felipe el Hermoso, quien no sólo no devolvió el dinero que debía al Temple, alegando que cánones prohibían pagar deudas a los herejes, sino que se presentó cínicamente como acreedor de grandes sumas, por lo que los Sanjuanistas hubieron de entregarle 200.000 libras tornesas. El día 6 de ese mes, el Papa dictó bulas para que los "reconciliados y arrepentidos" serían confinados en monasterios y condenados a cadena perpetua. A los cuatro máximos dirigentes del Temple se les reservaba otro juicio más severo, que se celebró el 18 de marzo de 1314.

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MensajeTema: Re: Ordenes militares   Jue Sep 25, 2008 5:38 pm

Aquel mismo día, con la puesta de sol, se alzó una enorme pira en un islote del Sena, denominado Isla de los Judíos, donde los cuatro dirigentes fueron llevados a la hoguera. Según se cuenta, antes de ser consumido por las llamas, Jacobo de Molay convocó al Rey y al Papa ante el tribunal de Dios para antes de que transcurriera un año, con las palabras "Dios conoce que se nos ha traído al umbral de la muerte con gran injusticia. No tardará en venir una inmensa calamidad para aquellos que nos han condenado sin respetar la auténtica justicia. Dios se encargará de tomar represalias por nuestra muerte. Yo pereceré con esta seguridad".


Casualidad o no, la verdad es que antes de un año, tal y como aseguró el maestre templario antes de morir, fallecieron tanto Felipe IV como Clemente V. El primero que falleció fue el Papa, a los 37 días. Ya estaba enfermo, pero una noche fue presa de "un dolor insufrible que le mordía el vientre". Sus galenos comunicaron que había muerto "a merced de unos horribles sufrimientos". El rey francés murió el 29 de noviembre, al chocar con la rama de un árbol mientras montaba a caballo por el bosque de Fontainebleau. El golpe fue tan grave que el monarca pereció de una parálisis general, con gran padecimiento hasta su minuto final. ¿Se había cumplido la amenaza de De Molay? Lo cierto es que de esta forma, los Templarios salieron de la Historia y entraron en la Leyenda.


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MensajeTema: Ajuar   Mar Nov 04, 2008 4:39 pm

El ajuar del caballero templario estaba formado por varias piezas , pero es importante decir que todas ellas eran de la Orden, de la encomienda, es decir que en realidad no eran de la propiedad de los monjes guerreros. Debían responder de cada una de sus pertenencias, hasta tal grado que no podían retocarlas , ni modificarlas sin el beneplácito del maestre.
Otro aspecto a comentar es sobre su presencia en general, recordemos que iban rapados y llevaban barba, pero también es justo decir, que iban siempre impecables en su vestimenta, por lo que todavía aumentaba su imagen de caballerosidad y de fuerza. Imaginemos por un momento un grupo de ellos , vestidos todos de forma uniforme, con el color blanco radiante, custodiando un envío hacia cualquier parte de Europa.
Este ajuar se componía de dos camisas, dos pares de calzas de burel, dos bragas (calzones), un sayón, una pelliza, una capa, dos mantos( uno de ellos de invierno forrado de oveja o carnero, y otro de verano ), una túnica y un ancho cinturón de cuero, un bonete de algodón y otro de fieltro. El sayón o faldeta iba cortado en la parte de abajo por delante y por detrás, para facilitar los movimientos. La capa era un gran manto que envolvía el cuerpo y se ataba al cuello. La túnica se llevaba sobre la camisa, y se caracterizaba por tener unas mangas muy estrechas.
Además de este vestuario hay que añadir, una servilleta para la mesa y una toalla para el aseo. Un jergón, dos sábanas, una manta ligera y una manta gruesa para la ropa de cama. Esta manta tenia los colores del Temple, que eran o blanco o negro o a rayas blancas y negras.
En lo correspondiente a su ajuar militar se les entregaba: una loriga (cota de malla), un par de calzas de hierro, un casco de hierro, un yelmo, zapatos y una cota de armas.
El armamento consistía en una espada (recta, de doble filo y con punta redondeada), una terrible maza Turca, una lanza de madera de fresno y punta de hierro cónica, un escudo triangular de madera metalizada por dentro y recubierta de cuero por fuera.

También se le entregaba tres cuchillos, uno de armas, uno para cortar el pan y carne y una especie de navaja.
También se le daba una gualdrapa para el caballo (el típico faldón de los caballos); tenían derecho a tres caballos.

También se les entregaba un pequeño equipo de campaña, con un caldero, un cuenco y tres pares de alforjas.
Bastante equipo si empezamos a juntarlo, pero hay que tener en cuenta que cada uno contaba con sus sirvientes, aunque la palabra sirvientes tampoco sea de lo más adecuado, tampoco eran unos escuderos, pero supongo que la idea ya nos la hacemos todos.

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MensajeTema: La cruz   Mar Nov 04, 2008 4:44 pm

Es un tema continuo de discusión entre los estudiosos, el tipo de la cruz que portaban los templarios. No está nada claro cuales habrían sido las cruces que mostraban orgullosos los templarios durante sus andanzas, sin embargo lo más probable es que se decantaran por la cruz griega o por alguna variante de la cruz paté/malta. La forma dependería también del lugar y de los gustos. Incluso, el grado en la jerarquía pudiera ser que se identificase a través de la exhibición de una peculiar forma de cruz, simbolizando esta el grado de saber o iniciación en los secretos de la Orden. Lo cierto es que los investigadores no se ponen de acuerdo en el tipo de cruz o cruces predilectas de los templarios. Las que tendrían más posibilidades de ostentar el privilegio de denominarse "cruz templaria" serían:

La Cruz Latina o la Cruz Griega: Campomanes las considera como la cruz templaria por antonomasia, al menos en España. Aparecen en las fachadas de los antiguos edificios de los caballeros o sobre el manto de los templarios representados en distintas obras de arte.
La Cruz Paté: En su versión griega o latina también es considerada por muchos como característica de estos caballeros. Se pueden encontrar con frecuencia en sellos, edificaciones, documentos, obras de arte y tumbas relacionados con la orden.
La cruz Tau: Xavier Musquera en su obra la Espada y la Cruz (Ediciones Nowtilus frontera) apunta a la posibilidad de que fuera emblema de las altas jerarquías dentro de la orden o señalizara la especial importancia de algún enclave.
La Cruz Patriarcal: Igual que en el caso anterior algunos expertos la consideran signo de jerarquía. Por su parte, parece ser que fue la elegida por los monjes para el adorno de los relicarios a los que eran tan adeptos dentro de la Orden.
La Cruz Resarcelada, Bífida, de Malta (la Cruz de Ocho Beatitudes), Octogonal o Céltica: Fue adoptada durante el liderazgo en la orden de Roberto de Craon y adoptada posteriormente por la orden rival del Hospital de San Juan. Sin embargo los brazos de las cruces templarias a diferencia de las de los hospitalarios no acababan en punta sino en medio círculo convexo o cóncavo. La bífida, que es parecida, se encuentra gravada sobre los muros de la encomienda inglesa de Galway. Todas ellas con sus variaciones vendrían a formar parte de un mismo esquema.
La Cruz Potenzada: En color rojo también pudo ser utilizada por los caballeros templarios. Se encuentra representada sobre los muros de la encomienda de Galway.
La Cruz Bizantina: También aparece en las encomiendas templarias.

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MensajeTema: Re: Ordenes militares   Mar Nov 04, 2008 5:36 pm


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MensajeTema: Re: Ordenes militares   Mar Nov 04, 2008 8:34 pm


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MensajeTema: Re: Ordenes militares   Sáb Nov 22, 2008 1:50 am

Me gustaría completar un poco el extenso post que ha puesto Ramon sobre la orden de San Mauricio y San Lazaro parafraseando sus citas y uniendolo en una sola tira en la que ponga toda la infomración.



Sobre la Orden que nos ocupa se ha escrito mucho; nosotros aquí vamos a intentar narrar sucintamente los devenires históricos de la misma, basándonos en varios estudiosos del mundo de la caballería cristiana, entrando lo menos posible en el campo de la controversia de la que ha sido objeto la misma.

Lo indudable es que la Orden de San Lázaro actualmente goza de un gran brillo y posición social. Ésta debe de ser felicitada por los múltiples esfuerzos caritativos que está realizando. Que de ninguna forma necesita bagaje histórico y heredar nada de nadie, para mostrar los méritos que sus actuales Damas y Caballeros están consiguiendo con gran esfuerzo, de una forma honorable y desinteresada, siendo hoy referente de lo que verdaderamente se entiende como ser Caballero.

LA ORDEN DESDE SUS INICIOS HASTA 1489

Siglos antes de llevarse a efecto las Cruzadas, ya existían en Tierra Santa instituciones caritativas que cuidaban de la asistencia a los peregrinos que acudían a visitar los lugares testigos de la Pasión de Jesucristo.

Desde la toma de Jerusalén el año 1099 –resultado de la Primera Cruzada encabezada por Godofredo de Bouillón– los monjes de San Lázaro, ocupados con anterioridad en el cuidado de los leprosos, se apresuraron a ofrecer sus servicios. Es sumamente curioso señalar que los Lazaristas acogían a cualquier caballero de otra Orden que contrajera la lepra y, siempre que guardara su Regla, era bien recibido entre ellos.

Algunos caballeros cruzados tomaron el papel de los monjes anteriores y parece ser que desde 1115 formaron una comunidad independiente entre las Ordenes orientales, tomando la Regla de San Agustín. A este respecto, puede citarse una bula de Pascual II, confirmando la Regla y otra en 1255 del Papa Alejandro IV, quien, dos años antes, los había puesto bajo la protección de la Santa Sede. En tanto esto sucedía, los Caballeros de San Lázaro tomaban parte en una desdichada batalla, la de Gazza, el 18 de octubre de 1244, en la que perecieron todos ellos. Ni uno solo sobrevivió a tal combate.

Otros, de la misma Orden, lucharon también bajo San Luis, junto con los Templarios, Hospitalarios y Teutónicos, en otra desastrosa batalla, la de Mansourach (1250) y también formaron parte de las Cruzadas de San Luis y en las expediciones a Siria (1250 a 1254). La fortaleza de San Juan de Acre, en poder de los cristianos desde la I Cruzada, fue asediada por los soldados del Sultán de El Cairo. Los Maestres de las Órdenes del Temple y de San Lázaro estaban al mando de los defensores. Ambos jefes perecieron en la batalla y después de una heroica resistencia, San Juan de Acre tomó a poder de los musulmanes en 1291. Y con este hecho quedó determinada la caída de todo el reino latino de Jerusalén. Antes de que esto sucediera, la Orden de San Lázaro reconocida por varios Pontífices, entre ellos Inocencio IV y Paulo V, tuvo en Palestina grandes posesiones, pero cuando el sultán Saladino ocupó Jerusalén, dio un año de plazo a las Ordenes Hospitalarias para abandonar la ciudad.



El rey de Francia Luis VII que por penitencia había emprendido la Segunda Cruzada al volver a su país, en el año 1149 llevó con él a doce hermanos de San Lázaro y en 1154, hizo donación a la Orden del castillo de Boigny, para que la misma estableciera su encomienda general, extendiéndose la misma por numerosas ciudades de Francia. Por su parte, cierto noble inglés, que admiraba a la Orden, introdujo en Inglaterra a los lazaristas, que fijaron su domiciliación en la ciudad de Burton. Todo esto provocó un gran cambio en la Orden porque, protegida por los reyes, llegó un momento en que fue más poderosa en Europa de lo que había sido en Asia. Pero volvamos a su aspecto militar: después de la caída de San Juan de Acre, los lazaristas que sobrevivieron fueron a refugiarse a la isla de Chipre. Otros se establecieron en Sicilia, en Cápua, lugar del que fueron extendiéndose por toda Italia. La rama francesa de Boigny y la italiana de Cápua fueron las más importantes, pero esto no fue óbice para que fundaran prioratos y encomiendas, aparte de la de Burton, en Hungría, Flandes y otros países de Europa.


En 1490, el Papa Inocencio VIII decidió unir la Orden de San Lázaro a la de San Juan de Jerusalén, pero la rama francesa continuó autónoma, ante lo cual el Papa León X anuló la unificación ordenada por su predecesor. Por su parte, el rey de FranciaEnrique IV, unió a la Orden de San Lázaro la del Carmelo, en vista de que esta última languidecía y era conveniente su unificación con otra más poderosa.

La Orden de San Lázaro no desatendía, ni muchísimo menos, sus obligaciones militares ni su lucha contra el poder turco. En el siglo XVII armó una flota para combatir contra los corsarios y piratas, eligiendo el puerto y ciudad de Saint Maló como centro de sus operaciones marítimas. La Orden llegó a reunir hasta diez fragatas y luchó valerosamente defendiendo la seguridad de las costas francesas. En este mismo siglo (XVII), el Papa Gregorio XIII dictó una bula por la que mandaba incorporar la Orden de San Lázaro a la de San Mauricio, formándose así la llamada Orden de San Mauricio y San Lázaro, y que fue una de las más distinguidas de Italia.



LA ORDEN DE SAN LÁZARO DESDE 1489 HASTA LA UNIÓN CON LA ORDEN DE SAN MAURICIO

Los Caballeros de la antigua Orden de San Lázaro, aunque miembros de una hermandad religiosa destinada a la defensa de la Iglesia y obligados a obedecer al Papa, se resistieron a aceptar la supresión papal de su comunidad, dictada en bula de 5 de abril de 1498. Esta bula unía la Orden con la de San Juan, poniéndola bajo la autoridad de su Gran Maestre en la Isla de Rodas. La mayoría se sometieron, aunque el Priorato de Cápua se resistió hasta 1520, cuando el Papa les concedió una cierta autonomía. Los Caballeros franceses, alrededor de la Encomienda de Boigny en su mayoría, con algunos apoyos de la corona y del Parlamento de París a lo largo del siglo siguiente, continuaron admitiendo nuevos ingresos bajo las normas anteriores pero sin el reconocimiento de la iglesia.

Aplastada por decisión papal, la encomienda de Boigny, también pretendida por los hospitalarios, eligió a un nuevo comendador, François d´Amboise, en 1493, que adoptó el título de Gran Maestre General de San Lázaro. Era sobrino del cardenal Georges d´Amboise primer ministro del rey, y de Emery d´Amboise, cabeza de la lengua francesa de San Juan y Gran Maestre de esa orden en 1503. Con tales padrinos parecía ser el candidato ideal para alcanzar un compromiso con los hospitalarios y contar con el respaldo real. Esta circunstancia permitió que los sanjuanistas iniciaran movimientos para hacerse con las propiedades de San Lázaro en Italia y en España. Pero tras el fallecimiento de Françoise d´Amboise en 1500 los hospitalarios continuaron con sus reclamaciones para obtener las propiedades francesas.

El sucesor de Amboise, Agnan de Mareul, no disfrutaba de las mismas relaciones políticas, pero continuó rechazando la eliminación de su comunidad e ignoró la confirmación de la unión con San Juan, emitida por el Papa Julio II el doce de julio de 1.505. Agnan de Mareul cedió sus poderes a su sobrino Claude en 1519, quien logró la confirmación pontificia de comendador de Boigny, pero no como dirigente de la orden. Las desavenencias entre los hospitalarios y San Lázaro persistieron a pesar de la posesión de esta valiosa propiedad. En 1540 un caballero de San Juan fue nombrado por el Gran Maestre de la Orden de Malta, bailio de Boigny, pero no pudo tomar posesión, y cuatro años después dos comendadores rivales fueron destinados para velar por la continuidad de la encomienda de Saint Thomas -de- Fontenai, uno por el Gran Maestre de San Juan y otro por el Maestre de San Lázaro. La disputa alcanzó la Corte Suprema de Francia: el parlamento de Paris, que en febrero de 1548 dictaminó que las aspiraciones legítimas a regir la encomienda de San Lázaro en Boigny eran las de los caballeros franceses.

La dudosa situación de los franceses resultó ser un pobre incentivo para nuevos ingresos, lo que hizo disminuir drásticamente los recursos de Boigny. Para combatir esa situación el rey Enrique II, actuando con la autoridad conferida a su padre en el Concordato de 1519, asumió el derecho a nombrar el Gran Maestre de San Lázaro con el consentimiento de los caballeros. En 1557 nombró, debidamente, a un caballero de Malta, Jean de Lévis, adquiriendo así el control real sobre la orden, formalizado legalmente en 1.608. El sucesor de Lévis, también nombrado por el rey en 1564, Michel de Seure de Lumigny, también era caballero de Malta, lo que sugiere que la corona de Francia esperaba resolver la crisis situando a San Lázaro bajo la tutela de la autoridad de Malta manteniendo sin embargo su autonomía parcial.



Unos meses mas tarde, el 10 de junio de 1564, Pío IV confirmó a Michel de Seure como Comendador de Boigny, reconocida así mismo como la sede de los caballeros de San Lázaro aquí y en ultramar. El real nombramiento de Seure pudo haber influido en el Papa en aquella ocasión, pero parece mas cierto que no podía ejercer ningún derecho en beneficio de los caballeros franceses para elegir a su Comendador. El Sumo Pontífice no firmó el nombramiento de Seure, lo que significó el mayor alejamiento de la letra de la bula de 1489. la bula no preveía la confirmación papal del Prior de Cápua, Jeannot de Castillon, como Maestre General de San Lázaro el 4 de mayo de 1565, pero parece que hubo un reconocimiento tácito, al menos de momento, para que los caballeros franceses fueran autorizados para actuar independientemente de la autoridad de Cápua. Esta decisión no mermaba las aspiraciones de la Orden de San Juan. Por el contrario, aunque Lévis, Seure y su sucesor, Françoise Salviati (también caballero de Malta), consideraban claramente a Boigny como subordinada de San Juan. En la reunión de la lengua francesa de San Juan del 06 de octubre de 1571, Seure dimitió como bailio de Boigny con la condición que tiene del derecho de nombrar comendadores de las primeras dos encomiendas de la misma bailia que queden vacantes. Salviati, cuyo nombramiento ya había sido refrendado por el Rey, lo fue de acuerdo con la bailia de Boigny, según una promesa hecha, para no perjudicar o hacerlo lo menos posible a sus hermanos de Malta. Ningún Caballero de San Lázaro protestó por la dependencia de Boigny de la Orden de Malta, ni por la asunción de la corona francesa del derecho de nombrar gran maestre.


Las noticias de que el Priorato de Cápua de San Lázaro, el único sucesor reconocido por la Santa Sede, se había unido a la de San Mauricio y cedido el Gran Magisterio , hereditario , al Duque de Saboya, no fueron bienvenidas en Francia. Apesar de ello el Rey Carlos IX reconoció al Duque como Gran Maestre de la Orden. Este hecho provocó las protestas de Malta y de los Caballeros de Boigny. El Duque intentó en repetidas ocasiones que los caballeros franceses reconocieran sus derechos, pero nunca tuvo éxito. El cese del bailio Gayand fue provocado por el reconocimiento del Papa de la autoridad de Saboya sobre Boigny y sobre todos los caballeros franceses de San Lázaro. Solo razones inherentes a la política interior de Enrique IV parecen haber inspirado al rey para ignorar la bula, nombrando a Philberg de Nerestang como Gran Maestre el 08 de octubre de 1604.



LA ORDEN DE SAN LÁZARO, UNIDA A LA DE NUESTRA SEÑORA DEL MONTE CARMELO

El Rey de Francia no podía tolerar que otros soberanos tuviesen el control sobre los valiosos beneficios de la Orden, ni mando sobre los Caballeros franceses, valientes y bien entrenados. Tampoco la Orden de Malta era capaz de oponerse a la influencia romana del duque de Saboya, cuyas prerrogativas se confirmaron por bula papal.

Mientras Enrique IV confiaba en que su protección aseguraba la independencia de Boigny de cualquier intervención del Saboyano, desde Turín, las demandas de los caballeros de San Juan no ocasionaban un conflicto con la Santa Sede. El Papa dejó claro, que no estaba dispuesto a permitir que hubiese una orden de San Lázaro independiente y era necesario llegar a un compromiso al respecto.


Se fundó una nueva orden, la de Nuestra Señora del Monte Carmelo, por bula Romanus Pontifex de 16 de febrero de 1608, refrendada y aumentada en la Militantium Ordinun de 28 de febrero de aquel año, manteniendo el derecho regio a nombrar Gran Maestre, bajo confirmación del Pontífice. Se persuadió a Enrique IV para que suprimiera el cargo de Gran Maestre de San Lázaro mediante las cartas patentes de abril de 1608, y que traspasara sus encomiendas y propiedades a la nueva institución. Pero, mediante las reales cartas patentes de 31 de octubre de 1608, debidamente registradas en el Parlamento de París, declaró a las dos Órdenes unidas bajo la autoridad de Nerestang, garantizando la pertenencia de todos los beneficios y propiedades de la orden de San Lázaro a Nuestra Señora del Monte Carmelo. Los últimos siete caballeros restantes aceptaron este compromiso y recibieron con alivio la normalización de su situación y el apoyo de la Corona. Los nuevos estatutos otorgados a las unidas Reales y Militares Ordenes de Nuestra Señora del Monte Carmelo y de San Lázaro de Jerusalén reforzaban con firmeza el control del rey de Francia.


El nombramiento de Nerestang como Gran Maestre nunca recibió la confirmación del Vaticano; los únicos Grandes Maestres de Monte Carmelo nombrados canónicamente fueron: el Marqués de Dangeau (1693) y el Conde de Provenza (1773), más tarde lo sería Luis XVIII. Como la Orden era aún una fundación religiosa y militar, la falta de dicha confirmación planteaba grandes problemas. Hubo varias reformas de la Orden, la primera bajo Luis XIV que, en abril de 1664, confirmó sus privilegios, manifestando incorrectamente la creencia francesa de que San Lázaro fue fundada por el rey Luis VII y confirmada por Luis IX. La unión de ambas órdenes se confirmó en la bula del Cardenal Vendome de 5 de junio de 1668, dirigida a Charles-Achille de Nerestang, Gran Maestre de las Reales, Hospitalarias y Militares Ordenes de Nuestra Señora del Monte Carmelo y de San Lázaro de Jerusalén. En la misma incluía breve historia de San Lázaro atribuyendo su fundación a Luis VII, pero omitiendo mencionar la bula "Cum Solerti" de 1489.

El 18 de mayo de 1669 Luis XIV dictó nuevas cartas patentes dirigidas al Gran Maestre, priores, comendadores, hermanos, caballeros y oficiales de la orden, confirmando los privilegios otorgados, resaltando el contenido de varias bulas y actas favorables a las ordenes unidas. Cuatro años después, en un edicto del Gran Consejo de 27 de febrero de 1672, se confirmó el derecho de los caballeros de las ordenes unidas a titularse Messire y Chevalier.
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MensajeTema: Re: Ordenes militares   Sáb Nov 22, 2008 1:50 am

LAS ENCOMIENDAS HEREDITARIAS

Se fundaron seis encomiendas graduales y perpetuas inicialmente, de las que una desapareció tras la renuncia de su fundador. La creación de éstas ha sido esgrimida por los proponentes de la moderna San Lázaro como argumento para justificar la continuidad de la orden, tras el fallecimiento de los últimos caballeros nombrados antes de 1789. Se dice que las primeras dos, la Motte Des Courtils y Saint Francois de Bailleul, aún existen. No obstante según la reforma de junio de 1757 hecha por Luis XV, estas así llamadas encomiendas hereditarias fueron suprimidas a perpetuidad. Las intenciones reales demostraron que nunca nadie podía aspirar a la cruz de las ordenes unidas salvo que sus servicios a la corona mereciesen ese premio. Ningún descendiente por línea de varón de los titulares de aquellas encomiendas será nunca recibido en la orden.

La última gran reforma real fue instituida por iniciativa del Conde de Provenza (hermano menor del Duque de Berry, entonces Delfín) nombrado Gran Maestre en 1773. Su propósito era engrandecer la Orden, elevar su categoría nobiliaria, establecer su condecoración como distinción militar y facilitar el ingreso continuado a los candidatos idóneos. El primer artículo de su edicto de 3 de diciembre de 1778 estableció un número cerrado de cien caballeros profesos, incluyendo los ocho comendadores eclesiásticos escogidos entre los miembros de la antigua nobleza del reino. Por el artículo dos, nadie que no hubiese servido en el Ejército como Capitán, o en la Armada como Alférez, podría ser recibido en la orden mientras que aquellos que hubiesen servido a la Corona como enviados en una corte extranjera disfrutarían de los mismos privilegios que aquellos que hubiesen servido con el rango de coronel.



LA EXTINCIÓN DE LA ORDEN

Las Ordenes unidas fueron abolidas por un edicto de la Asamblea Nacional de 30 de julio de 1791, promulgado en nombre del rey de Francia y firmado por el Ministro de Justicia. Después, nadie ha sido recibido en la orden según el ceremonial tradicional. Algunos nombramientos se realizaron por el Gran Maestre en el exilio, pero las pruebas no se estudiaron y no exigió prueba de catolicismo como era obligatorio tras las reformas de 1753 y 1778. según algunos historiadores la cruz se concedió a nobles rusos ortodoxos e incluso a un sueco luterano, pero no existen documentos contemporáneos y tales concesiones lo son en contra de la bula papal fundacional, por lo que no pueden ser tenidas por legales ni aunque apareciera documentación importante al respecto. El elenco publicado tras la restauración revela estas supuestas nominaciones, no obstante, aquellas editadas en el Almanach Royal solo refleja a los caballeros recibidos antes de la revolución, y en las ediciones de los años veinte del siglo XIX, el nombre de un oficial, el Barón Dreisen, aparentemente admitido en la residencia del Gran Maestre en el exilio, como Caballero de Honor, un rango desconocido y no incluido en los estatutos.

La situación de la orden entre 1791 y 1815 es incierta. No existe para la ley francesa, pero continua según la ley canónica. El Conde de Provenza se convirtió en rey con el nombre de Luis XVIII, tras la muerte de su sobrino en prisión el 8 de junio de 1795. Entre esa fecha y la restauración realizó muchos nombramientos del Santo Espíritu y San Miguel así como de la Orden de San Luis. Todas ellas se encuentran recogidas en el Almarach Royal con su fecha de concesión. Es por lo que se antoja incomprensible que no se encuentren recogidas las que el rey hizo en el exilio referente a las Ordenes unidas de Monte Carmelo y San Lázaro.

Cinco individuos aparecen en el Almarach Royal de 1816 con las letras "M" y "L" entrelazadas, lo que significa la posible pertenencia a las Ordenes Unidas; ninguno de ellos aparecen en los elencos anteriores a 1789 ni en el de las Ordenes Unidas publicado en el Almarach Royal. Posteriormente aparecieron algunos nombres de nuevo sin referencia anterior, sin explicación del por qué el símbolo "M L" fue añadido primeramente, y suprimido en ediciones posteriores. En un caso, un Mariscal de Campo suizo, aparece con el anagrama "M L", pero parece que fue recibido en la Orden en 1788 aunque no apareció su nombre entonces, lo que ha sido utilizado por los seguidores de la Orden moderna como evidencia de la existencia de admisiones posteriores a 1814.

Estos partidarios de la supervivencia de la Orden han publicado listas de nobles franceses presuntamente admitidos en la misma después de 1788. en algunos casos, el uso del símbolo M L, podía ayudar a mantener la presunción, pero en la mayoría de los casos no hay prueba que justifique la aparición de esos nombres, seleccionados arbitrariamente según aparecían anotados en publicaciones muy posteriores. La evidencia documental es muy limitada, una vez citada por los protectores de la fundación moderna (sin publicar , no obstante), para apoyar la existencia de caballeros recibidos después de 1788, pero no existe ni un solo diploma ni elencos en los archivos de la Orden, hoy depositados en los Archivos Nacionales de Francia, relativos a ese pormenor. Es mas la ausencia completa de cualquier documentación contemporánea, tal como diplomas o cartas comunicando las nominaciones (de los que hay numerosos ejemplos antes de 1788), o retratos o fotografías del siglo XIX, de aquellos individuos llevando la Cruz de San Lázaro o cualquier mención en la correspondencia contemporánea de tales nombramientos o admisiones, es asombrosa.

Charles-Francois lee Prevost de Basserode, nacido en 1774, fue autorizado a llevar las condecoraciones de las Ordenes Unidas por una carta escrita en nombre del Duque de Gramont, fechada el 6 de julio de 1814, basándose en que había sido nombrado por el rey en el exilio; y un tal M. de la Brousse, Capitán de la Escuela Militar de la Fleche, fue autorizado mediante carta fechada el 12 de agosto de 1814, del Marqués de Dreux-Breze, Gran Maestro de Ceremonias de Francia, a llevar las condecoraciones; este caballero aparece en el Almarach Royal en varias ediciones desde 1817 con el símbolo "M L". El caballero Pastou de Boussas, mediante carta fechada el 14 de agosto de 1826, manifiesta que ha sido admitido (es decir nominado, pero no recibido) en 1791 en Coblenza, pero las autoridades no hicieron nada para regular su situación. Existen pues solo dos casos de 1814 citados, es por lo que casi podemos asegurar que no se efectuaron mas nombramientos tras la Segunda Restauración en 1815, cuando Luis XVIII abandonó el cargo de Gran Maestre, que permaneció vacante, mientras retuvo el título de Protector. La concesión de la Orden hubiera supuesto un conflicto con los mandatos de la Carta Constitucional de 1814, que rezaba: los franceses son iguales ante la ley…, y ninguna de aquellas instituciones limitadas exclusivamente a la nobleza sobrevivió a la Restauración.

Las Ordenes Unidas continuaron apareciendo en el Almarach Royal como Real, Militar, y Hospitalaria Orden San Lázaro de Jerusalén y de Nuestra Señora del Monte Carmelo (a veces omitiendo de Jerusalén). Este nombre no era correcto, aunque si preferido por sus miembros desde que se advirtieron los nombres en los actos oficiales del Gran Maestre, tal y como aparecen en las cartas patentes de Enrique IV y en los edictos sucesivos de la Corona de Francia y de los Grandes Maestres de la Orden desde 1608 hasta 1788. Cuando los miembros de la Orden aparecen en cualquier otro capítulo del Almarach Royal, el símbolo de pertenencia era frecuentemente omitido, mientras que si aparecía en el texto relativo a individuos que no estaban en el elenco de la Orden. Las ediciones posteriores corregían y hacían desaparecer el símbolo al tratar de las personas que si eran caballeros con anterioridad a 1788, como si hubiera sido un simple error tipográfico.

Los oficiales de la Casa Real eran muy minuciosos en beneficio del Rey cuando respondían a solicitudes de ingreso en las Ordenes Unidas. Una serie de solicitudes del periodo 1815-1820 obtuvieron una respuesta inicial que expresaba que el Rey no ha hecho publicas sus intenciones relativas a las dos Ordenes (9 de abril de 1816), o que el Rey ha propuesto todas las nominaciones (27 de mayo de 1817), o bien como la dirigida al caballero de la Orden Charles de Valory (recibido en 1767) que deseaba ser ascendido a Comendador, que el Rey no ha manifestado hasta ahora la intención de hacer ninguna nominación o ascenso dentro de esta Orden. En 1822, cuando una solicitud fue dirigida al Ministro del Rey, este consultó al Canciller de la Legión de Honor, quien respondió que ese asunto no era de su competencia. Una nota del Ministro del Rey, de 31 de octubre de 1822, establecía que S.M., desde que volvió a sus estados no manifestó nada acerca de esta Orden. Al año siguiente ya se vislumbraba una política clara al respecto; el Ministro manifestó el 31 de agosto de 1823 que la Orden , a la que un postulante deseaba pertenecer (refiriéndose a la que nos interesa) ya no se concederá nunca mas.

Los defensores de la Fundación de la Moderna San Lázaro han afirmado que después de 1815 las Ordenes de Nuestra Señora del Monte Carmelo y San Lázaro, fueron separadas, extinguiéndose la de Monte Carmelo y manteniéndose la de San Lázaro. No existe edicto que demuestre esa afirmación, ni nadie que pueda demostrar que al menos treinta caballeros fueron admitidos en San Lázaro solamente entre 1815 y 1830. A pesar de las repetidas negativas de la Corona a las solicitudes de admisión, a pesar de no poder probar que las solicitudes de esos treinta caballeros fueron contestadas afirmativamente, a pesar del hecho de que ninguno de los mismos aparecen en el Almarach Royal y de la ausencia completa de cualquier documento oficial de tales admisiones en los archivos estatales de Francia.

El día 5 de mayo de 1824, el Gran Canciller de la Legión de Honor publicó un manifiesto sobre las Órdenes que podían ser ostentadas en Francia, expresando cuales debían ser suprimidas, incluyendo una lista de presuntas Ordenes. De las Ordenes reales francesas, todas fueron incluidas con un breve párrafo indicando el departamento gubernamental que las regía. Las Ordenes de San Lázaro de Jerusalén y Nuestra Señora del Monte Carmelo, unidas, eran las últimas, con el comentario siguiente: "esta última no se ha concedido desde 1788 y está destinada a su extinción". La pretensión de que esta nota solo se refiere a la de Nuestra Señora del Monte Carmelo solo tendría sentido si se ignorase el hecho de que cada Orden Real tiene su propio párrafo, pero las de San Lázaro y Nuestra Señora del Monte Carmelo estaban incluidas como una sola institución en el mismo párrafo. Luis XVIII, que había sido hasta 1814 Gran Maestre de la Orden, murió en 1824; sucediéndole su hermano, el Conde de Artois, como Carlos X, quien asumió el título de Protector de la Orden. Posteriormente el gobierno de Luis Felipe prohibió lucir la cruz mediante un acta fechada en 10 de febrero de 1831.

En 1856 murió el último de los caballeros admitidos y recibidos antes de la Revolución, Antoine-François de Charry des Gouttes, Marqués de Gouttes. Según el Código Canónico, una Orden se declara extinguida cien años después de la desaparición de su último miembro; cualquier posibilidad para revitalizar la Orden de Nuestra Señora del Monte Carmelo y de San Lázaro -sean unidas o separadas- desapareció el 31 de diciembre de 1956.
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