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 La vida cotidiana en la edad media: Casas y comidas

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Rais



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MensajeTema: La vida cotidiana en la edad media: Casas y comidas   Miér Ene 28, 2009 9:42 pm

CASAS Y COMIDAS:


El vino y el pan serán los elementos fundamentales en la dieta medieval.
En aquellas zonas donde el vino no era muy empleado sería la cerveza la bebida más consumida. De esta manera podemos establecer una clara separación geográfica: en las zonas al norte de los Alpes e Inglaterra bebían más cerveza mientras que en las zonas mediterráneas se tomaba más vino.
Aquellos alimentos que acompañaban al pan se denominaban "companagium". Carne, hortalizas, pescado, legumbres, verduras y frutas también formaban parte de la dieta medieval dependiendo de las posibilidades económicas del consumidor.

Uno de los inconvenientes más importantes para que estos productos no estuvieran en una mesa eran las posibilidades de aprovisionamiento de cada comarca.
Debemos considerar que los productos locales formaban la dieta base en el mundo rural mientras que en las ciudades apreciamos una mayor variación a medida que se desarrollan los mercados urbanos.
La carne más empleada era el cerdo -posiblemente porqué el Islam prohíbe su consumo y no dejaba de ser una forma de manifestar las creencias católicas en países como España, al tiempo que se trata de un animal de gran aprovechamiento- aunque también encontramos vacas y ovejas.

La caza y las aves de corral suponían un importante aporte cárnico a la dieta.
Las clases populares no consumían mucha carne, siendo su dieta más abundante en despojos como hígados, patas, orejas, tripas, tocino, etc.
En los periodos de abstinencia la carne era sustituida por el pescado, tanto de mar como de agua dulce. Diversas especies de pescados formaban parte de la dieta, presentándose tanto fresco como salazón o ahumado. Dependiendo de la cercanía a las zonas de pesca la presentación del pescado variaba. Judías, lentejas, habas, nabos, guisantes, lechugas, coles, rábanos, ajos y calabazas constituían la mayor parte de los ingredientes vegetales de la dieta mientras que las frutas más consumidas serían manzanas, cerezas, fresas, peras y ciruelas. Los huevos también serían una importante aportación a la dieta. Las grasas vegetales servirían para freír en las zonas más septentrionales mientras que en el Mediterráneo serían los aceites vegetales más consumidos.

Las especias procedentes de Oriente eran muy empleadas, evidentemente en función del poder económico del consumidor debido a su carestía. Azafrán, pimienta o canela aportaban un toque exótico a los platos y mostraban las fuertes diferencias sociales existentes en el Medievo.
Las carnes debidamente especiadas formaban parte casi íntegra de la dieta aristocrática mientras que los muchos monjes no consumían carne, apostando por los vegetales.
Buena parte del éxito que cosecharon las especias estaría en sus presuntas virtudes afrodisíacas. Como es lógico pensar los festines y banquetes de la nobleza traerían consigo todo tipo de enfermedades asociadas a los abusos culinarios: hipertensión, obesidad, gota, etc.
El pan sería la base alimenticia de las clases populares, pudiendo constituir el 70 % de la ración alimentaria del día.
Bien es cierto que en numerosas ocasiones los campesinos no comían pan propiamente dicho sino un amasijo de cereales -especialmente mijo y avena- que eran cocidos en una olla con agua -o leche- y sal. El verdadero pan surgió cuando se utilizó un ingrediente alternativo de la levadura.

Escudillas, cucharas y cuchillos serían el menaje utilizado en las mesas medievales en las que apenas aparecen platos, tenedores o manteles. La costumbre de lavarse las manos antes de sentarse a la mesa estaba muy extendida.

No se introducen productos nuevos, sino que alguno de ellos se hizo más popular y otros se integran masivamente como símbolo de estatus social o manifestación religiosa. Al final de la Edad Media se sigue manteniendo la división geográfica entre la cocina del norte donde predomina el uso de la grasa animal y la del sur, mediterránea, que emplea el aceite de oliva; pero también se puede distinguir una cocina aristocrática, en la que se produce una mayor variedad de productos, de técnicas de preparación y de complejidad de esta elaboración, con intervención de especias, protagonismo de asados de volatería y de guisos de pescado, todo con adornos y aderezos de salsas y sofritos, así como una notable intervención de la confitería.

La predilección por los sabores aportados por las especias se presenta de manera distinta en los países de Europa. En Francia es el jengibre la más usada, seguida de la canela, el azafrán, la pimienta y el clavo.
En Alemania, se emplea sólo la pimienta y el azafrán y en menor medida el jengibre
Los ingleses son los más particulares, pues prefieren la cubeba, el macís, la galanga y la flor de canela, mientras los italianos fueron los primeros en utilizar la nuez moscada.

Frente a esta cocina muy refinada, cara y con fuertes variedades regionales, encontramos una cocina popular, menos cambiante, más unida a las necesidades y a la producción del entorno, con predominio de guisados en olla, donde la carne debía cocer largo rato porque los animales eran viejos y, por tanto, más dura, se acompañaba de verduras y legumbres y se completaba con elevadas cantidades de pan.

Tanto en las regiones donde ya había una enorme tradición, como en otras, se generaliza la elaboración de morcillas con la sangre del cerdo, con piñones, pasas y azúcar, o las tortas de harina de mijo o de castañas también con la sangre del animal, pudiendo entenderlo como un intento de demostrar su raíz cristiana y alejar cualquier sospecha de judaísmo.
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Rais



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MensajeTema: La vida cotidiana en la edad media: Casas y comidas (CONTINUACION)   Miér Ene 28, 2009 8:57 pm

LOS HOGARES Y LA ALIMENTACIÓN:


Según los datos arqueológicos las casas altomedievales eran muy simples, por regla general.
Su tamaño era reducido y estaban construidas en madera, adobe y piedras, utilizando paja para el techo. Las cabañas de los campesinos solían medir entre 2 y 6 metros de largo por dos de ancho, horadando el piso para crear un ambiente más cálido.
En su interior habitaban la familia y los animales, sirviendo estos de "calefacción".
Las casas podían tener una cerca alrededor donde se ubicaría el huerto, uno de los espacios más queridos en la época. Allí se cultivaban las hortalizas, las legumbres y las pocas frutas que constituían parte de la alimentación de los campesinos El mobiliario de las casas era muy escaso. Algunas ollas de cerámica, platos y marmitas, una mesa y taburetes para comer a su alrededor ya que los germanos abandonaron la costumbre romana de comer acostados y apoyándose sobre un codo. Al ubicarse alrededor de la mesa se emplearon cuchillos y cucharas, aunque serían las manos la pieza más utilizada para comer.
La comida más fuerte era la de la tarde, rompiéndose el tópico que en la época medieval se pasaba habitualmente hambre.

Al principio de la comida se servía la sopa, invento franco consistente en caldo de carne con pan.
Después se comen las carnes, tanto en salsa como a la parrilla, acompañadas de verdura -coles, nabos, rábanos, aliñados con especias, ajo y cebolla, considerando que las especias favorecían la digestión-.
Era habitual que los platos se aliñaran con garum, condimento de origen romano elaborado a partir de la maceración de intestinos de caballa y esturión en sal. El vino y la cerveza regaban estas pantagruélicas comidas habituales en la nobleza. Como no todos los platos eran devorados, las numerosas sobras caían en manos de los esclavos y sirvientes que daban debida cuenta de ellas.

Son frecuentes los testimonios que aconsejan abandonar esta dieta para sustituirla por "raíces, legumbres secas y gachas con una pequeña galleta, a fin de que el vientre no esté pesado y asfixiado el espíritu" como recomienda san Columbano a sus monjes. Un monje nos cuenta que "no probaba ni siquiera el pan y sólo bebía cada tres días una copa de tisana" mientras que un rico bretón llamado Winnoch se jactaba de comer sólo hierbas crudas. Pero estos casos no eran lo habitual ya que Fortunato manifiesta que sale de las comidas "con el vientre inflado como un balón" mientras que Gregorio de Tours monta en cólera cuando hace referencia a dos obispos que pasan todo el día comiendo, "se volcaban sobre la mesa para cenar hasta la salida del sol", durmiendo hasta el atardecer.

Las dietas de los monjes eran abundantes. En un día un monje solía consumir 1700 gramos de pan, litro y medio de vino o cerveza, unos 80 gramos de queso y un puré de lentejas de unos 230 gramos.
Las monjas se contentan con 1400 gramos de pan y 130 gramos de puré, añadiéndose el queso y el vino.
Los laicos suelen engullir kilo y medio de pan, 100 gramos de carne, 200 gramos de puré de legumbres secas y 100 de queso, regado también con litro y medio de vino o cerveza.

Las raciones alimentarias rondarían las 6.000 calorías ya que se consideraban que sólo son nutritivos los platos pesados, convirtiéndose el pan en el alimento fundamental de la dieta.
En algunos casos, cuando no había platos, los alimentos se tomaban sobre el pan. De estos datos podemos advertir que la obesidad estaría a la orden del día, por lo menos entre los estamentos noble y clerical, si bien los campesinos también hacían comidas fuertes cuyas calorías quemaban en su duro quehacer diario.

Las fiestas eran iguales a exceso en la época altomedieval.
Las raciones alimenticias de monjes y clérigos aumentaban en un tercio, alcanzando las 9.000 calorías gracias a doblar la ración diaria de potajes, sopas o pures y recibir medio litro más de vino junto a media docena de huevos y un par de aves.
Los canónigos de Mans recibían en determinadas fiestas un kilo de carne con medio litro de vino aromatizado con hinojo o salvia.
Si advertimos que el calendario cristiano contaba con unos sesenta días festivos al año -más las festividades locales- podemos imaginar el peso alcanzado por algunos monjes.

En época de Cuaresma la carne se sustituye por pescados: lenguados, arenques, congrio o anguilas.
Estas pesadas comidas requerían de largas digestiones "acompañadas de siestas, eructos y flatulencias expresadas de la manera más sonora posible, porque tal cosa se consideraba como prueba de buena salud y de reconocimiento al anfritión" en palabras de Michel Rouche. Buena parte de la culpa de estas comilonas está en la mentalidad de la época al asociar la salud, las victorias militares o la progenie con las plegarias y los banquetes que se prolongaban durante dos o tres días.

En un mundo plagado de violencias como era el altomedieval se impuso obligatoriamente la hospitalidad, tanto en casas como en monasterios.
El viajero o peregrino podía refugiarse del cansancio o de los bandidos acogiéndose a la hospitalidad brindada. "Quienquiera que rehuse al huésped recién llegado a un techo o un hogar pagará tres sueldos de multa" según aparece en la ley burgundia. Aunque los viajes y traslados no fueran muy numerosos, el viajero podía moverse con la tranquilidad de que él y su montura recibirían un trato respetuoso allí donde solicitara hospitalidad. Esta es la razón de la creación de hospederías donde se pueden alojar los peregrinos, en un momento donde las peregrinaciones empiezan a tomar forma.
De esta manera se intenta evitar que los viajeros no tengan que prostituirse para poder llegar a su destino, como ocurrió a unos compañeros anglosajones de san Bonifacio.
Esta práctica debía ser corriente por lo que la Iglesia prohibió a las mujeres la peregrinación.
En Corbie se instituyó una posada para doce viajeros mientras que en Saint-Germain-des-Pres se contaron 140 huéspedes en un solo día durante el año 829.
Carlomagno animó a los obispos a instituir hospederías para pobres y ricos, diferenciándose también a los viajeros por su condición social.
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Ximeno Marco de Celaya



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MensajeTema: Re: La vida cotidiana en la edad media: Casas y comidas   Jue Ene 29, 2009 6:42 pm

Interesantisimos estos ultimos post que estais iniciando.

_________________

"El soldado que reviste su cuerpo con la armadura de hierro y su espíritu
con la coraza de la fe, ése es el verdadero valiente y puede luchar
seguro en todo trance.
(Elogio de la nueva milicia templaria, 1130-1136, San Bernardo de Claraval) "
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Rais



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MensajeTema: La vida cotidiana en la edad media: Casas y comidas (CONTINUACION)   Vie Ene 30, 2009 9:47 pm

VESTIDO Y ASEO:


Los germanos solían utilizar amplios vestidos forrados que se ceñían ligeramente al cuerpo gracias a fíbulas o cinturones. Una camisa de lino hasta las rodillas sobre la que se ponía una túnica, pantalones con polainas y botas o zuecos, dependiendo de la condición social, sería la indumentaria masculina mientras que las mujeres nobles llevaban sobre la túnica una especie de bata abierta por delante y recogida con una cadenita que permitía caminar.
Si eran campesinas se vestían sólo con la túnica.
Los días de frío se utiliza un chaleco de piel y un manto de lana.

Los hombres germanos solían llevar el cabello largo y la frente, la barba y la nuca despejadas mientras que los romanos se lo cortan sobre la nuca.
La longitud del cabello obedece a un claro simbolismo ya que indica fuerza, bravura y virilidad. Por eso los esclavos y los clérigos tienen la obligación de estar tonsurados, quedando sólo en su cabeza una corona de cabello o una banda que va de oreja a oreja, moda habitual entre los monjes irlandeses. No en balde, cortar el cabello a una joven o a un muchacho estaba castigado 45 sueldos.

El desnudo sólo se permitía en dos casos, al lavarse o al ir a dormir.

Hasta el siglo VIII el bautismo se había realizado, tanto a hombres como mujeres, por inmersión en una piscina adosada a la catedral. La ceremonia se celebraba las noches del sábado santo y los neonatos en la religión recibían el bautismo desnudos.
La desnudez bautismal tenía un simbolismo que desapareció en época carolingia al sustituirse el bautismo por inmersión, aplicando al cuerpo desnudo exclusivamente carga sexual. Esta es la razón por la que se empezó a vestir el cuerpo de Cristo cuando se le representaba en la Crucifixión.
San Benito aconsejaba a sus monjes acostarse vestidos. La mujer y el hombre sólo podían mostrarse desnudos en el lecho donde tendrá lugar la procreación, aportando al tálamo un cierto aire de sacralidad. Incluso la ley regulaba los contactos ya que si un hombre libre tocaba la mano de una mujer debía de pagar 15 sueldos que aumentaban a 30 si se trataba del brazo hasta el codo, 35 sueldos por tocar encima del codo y 45 si eran los senos la zona tocada.
La razón de estos castigos estaría justificada por las ceremonias paganas en las que las mujeres se desnudaban para atraer la lluvia o provocar la fecundidad de la tierra. De esta manera tocar a la mujer supondría un atentado contra la generación de la vida.

El aseo personal solía hacerse en los lechos de los ríos o en las piscinas de aguas termales. Los príncipes carolingios se bañaban y cambiaban sus ropas los sábados.
Nos han quedado restos de utensilios de cuidado personal como tijeras, pinzas depilatorias o peines, especialmente para las damas que mesaban sus cabellos y los "esculpían" con ayuda de largas horquillas.
Encontramos numerosas joyas que servían para adornar vestidos y capas, considerándose la orfebrería germánica como una de las más atractivas de la historia. Nos han quedado sortijas, anillos, pendientes, horquillas, broches, placas-hebillas, joyas que exclusivamente podían utilizar las mujeres como se ha podido constatar en los yacimientos arqueológicos. Estas joyas nos dan fe de la existencia de grandes fortunas en la Alta Edad Media.
Tenemos el ejemplo de un general merovingio llamado Mummolus, quien a su muerte dejó 250 talentos de plata y 30 de oro lo que suponían 6250 kilos de plata y 750 de oro, fortuna entre la que destaca una fuente de 56 kilos.
Un esclavo culto llamado Andarchius valoró su fortuna en 16.000 sueldos de oro -unos 68 kilos- para convencer a una noble dama de que podía casarse con su hija.
El obispo Didier de Auxerre legó a su iglesia en el año 621 aproximadamente 140 kilos de orfebrería litúrgica.
Son algunas muestras de la pasión por el oro y la plata desencadenada en estos tiempos.

_________________
Si se puede imaginar, se puede hacer...
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thoser



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MensajeTema: Re: La vida cotidiana en la edad media: Casas y comidas   Dom Mayo 10, 2009 3:18 pm

USOS Y COSTUMBRES EN LA MESA

La gastronomía de la Edad Media dependía de forma importante de la zona geográfica y de la clase social.

Lo primero es que en la Edad Media únicamente se hacían dos comidas al día, en lugar de las tres que hacemos hoy en día, ya que se prescindía de desayuno (que se consideraba comida de niños y enfermos). La primera comida del día se hacía en torno a mediodía y era la más fuerte. La segunda, más ligera, se hacía a media tarde, antes del anochecer. Las cenas intempestivas (banquetes opíparos en general) estaban consideradas inmorales, ya que solían estar en el contexto de costumbres licenciosas y vicios. La comida se servía en escudillas o sobre hogazas de pan y se comía con las manos, en los banquetes cada cierto tiempo se pasaban palanganas entre los comensales para "desengrasarse" las manos y la boca. El tenedor, utilizado por melindrosas damas que se negaban a manchar sus dedos, se consideraba un "instrumento demoníaco". Las copas con bebida pasaban de mano en mano y de boca en boca sin ningún escrúpulo.

La base de la alimentación medieval eran las carnes y los cereales. En las clases sociales altas, no faltaba la carne de caza (por eso la gota era una enfermedad tan frecuente en los grandes señores amantes de la carne roja), además de cisnes, faisanes, perdices o las codornices. Las clases más humildes solían tener como animales domésticos gallinas, cerdos u ovejas, también para el consumo de su carne. Las terneras, los bueyes y las vacas solamente se usaban como alimento cuando enfermaban y no podían servir como animales de carga.

Los cereales se utilizaban sobre todo en forma de pan, blanco a base de trigo para las clases altas, y oscuro a base de cebada o centeno para las clases más humildes. El panadero de los pueblos era uno de los artesanos más valorados por la población. El "pan de los pobres" eran las gachas, comida típicamente medieval.

El arroz, las verduras y el pescado únicamente eran utilizados en países productores (mediterráneos, costeros...). Y la leche se consideraba alimento de niños, ancianos o enfermos, los adultos prácticamente no la probaban.

En cuanto a las bebidas, el agua era mirada con cautela o sospecha ya que en la mayoría de los casos la limpieza (ya sabéis, insípida, inodora e incolora) era más que dudosa. Así que para las comidas se preferían las bebidas como la cerveza (en centroeuropa), el vino (en los países mediterráneos), la hidromiel y la sidra de manzana.

También la religión influía en la dieta. En la Cuaresma, los cristianos se abstenían de comer carne, era entonces cuando las verduras y el pescado (salado, ahumado... para favorecer su conservación) tomaban el liderazgo. Los musulmanes tenían prohibido el consumo de alcohol y de carne de cerdo, de manera que su dieta se basaba en cordero, pollo y cereales, y como bebida el fuerte y caliente té a la menta o bebidas a base de flores. En el mes de Ramadán, la comida y la bebida se prohiben entre la salida y la puesta de sol.
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